No es mi intención cuestionar la autoridad de Benedicto XVI, para mí la tiene de sobra ganada. Pero no está tan claro que tenga buenos asesores, al menos los patinazos que ha dado hasta la fecha son buena muestra de ello. Ahora explica en una carta lo que debió explicarse en su momento. Nada más aprobarse el Motu Proprio entendimos que se tendía una mano a los lefebvrianos. Era un paso hacia la reconciliación que hacía más fácil la vuelta a la Iglesia de Roma de quienes se habían separado por cuestiones litúrgicas que no viene al caso comentar.
Lo cierto es que se siguieron dando pasos de acercamiento, conversaciones, al parecer incluso los mismos obispos rebeldes pidieron misericordia. Pues el Papa, misericordioso como padre les tendió la mano revocando su excomunión. ¿Y cómo respondieron los obispos rebeldes, regresaron a los brazos amorosos del padre como el hijo pródigo?. No, sencillamente aprovecharon la marea mediática para labrar su tierra. “Queremos que Roma se mueva hacia nosotros. No aceptamos el Vaticano II”. Eso los más bravos. Otros más astutos “nadan y guardan la ropa”. “Seguiremos las conversaciones y el diálogo con la Santa Sede. Hay mucho de que hablar”. Sí, seguro.
Me sorprende la ingenuidad del Santo Padre. Ha caído en manos de nostálgicos. Y se pusieron todos a cantarle las bondades de su gesto, sin sospechar que las piezas seguían en el tablero. No es cuestión de un obispo díscolo que hace declaraciones inoportunas. ¡Qué va!. Es evidente la intención del Santo Padre y le han mordido la mano. Que esté dolido con la aparente falta de comprensión de algunos obispos y no se muestre bravo con otros, pone en evidencia sus pasos pastorales. La unidad de la Iglesia es un bien precioso, pero ha sido él mismo quien ha puesto en juego su autoridad.
Ahora ya no se guarda sigilo porque las noticias corren todo el mundo en cuestión de segundos. Eso lo reconoce en su carta. Internet les ha desbordado. Pues a ver si aprenden. De momento quienes cantaron glorias y aleluya con la revocación de la excomunión a los lefebvrianos tendrán al menos la dignidad de reconocer que éstos han jugado muy sucio y sin importarles como dejaban al Vaticano. En realidad, han buscado más la notoriedad que otra cosa, hablando pestes de lo que fue el Concilio.
En definitiva el Papa ha tenido que explicarse para ver si paraba la movida. La pelota está en el tejado de quienes desobedecieron a Roma y por ahora no se conoce ningún trasvase de fieles de la fraternidad hacia los brazos de la Iglesia católica, que justifique todo lo que hemos vivido. Más bien sigue existiendo un grupúsculo que se autodenomina católico y juega al mus con la Santa Sede. ¡Bonito panorama!.
Por lo demás una carta magistral, muy elaborada. La cuestión es que los asesores que tiene Benedicto no hilan lo fino que debieran hilar. Por otra parte quienes obedecen a Roma pero abominan del Concilio tienen ahora claro que esto no es una vuelta de tuerca. La fe no se mide por las estadísticas. Hacer balance del número de cristianos por los registros de bautismo es vivir el sueño de la Bella durmiente. Contar el número de seminaristas y deducir del incremento o la ausencia si va errado de juicio su obispo es una insensatez.
Lo que debemos hacer es fomentar la participación en la vida social de los católicos. Salir a la luz como lámparas encendidas. Testimoniar que nuestro modo de vida tiene unos valores y principios que son irrenunciables.

Ha quedado claro que el Papa ha quitado la excomunión a las personas implicadas pero no ha quitado la excomunión al “movimiento” emprendido por tales personas. Ahora se encontrarán que si quieren continuar con su movimiento se verán bloqueados por el Derecho Canónico. Así debería ser y espero que funcione.