Menudo barullo ha producido la declaración de Rino Fisichella, Presidente de la Pontificia Academia por la Vida. Ya me gustaría tener acceso directo a sus palabras, para dejar de sospechar una manipulación en la noticia. De entrada su opinión es mucho más respetable que la mía, sencillamente yo no tengo que defender públicamente la doctrina que emana de la Pontificia Academia por la Vida. Me sumo a las dudas y perplejidades de cualquier cristiana de a pie. Busco, indago y pregunto a quienes más saben. Pero ya con la mosca detrás de la oreja, tras ver y comprobar lo que es una guerra mediática.En eso estamos. La ONU y sus organismos afines luchan por asimilar como derecho el aborto y otras lindezas que chocan frontalmente con el respeto a la vida y la dignidad de la familia humana. Es una lucha sin cuartel donde las feministas radicales hincan el diente a cualquier tema como el de la niña de nueve años violada y embarazada por su padrastro. Junto a ellas se esconden intereses económicos de sobra conocidos. ¿Quieren que hablemos del negocio de las multinacionales de la muerte?.
Rino Fisichella está a favor de no excomulgar. Y tiene razón, demasiadas veces otros utilizaron los anatemas para confundir al personal. A la postre sus excomuniones sólo provocaron dolor y poco más. Basta con remarcar lo que es la doctrina de la Iglesia, defender el derecho a la vida desde su origen hasta su ocaso. Que hay cuestiones morales tan fuertes que son objeto de la bioética, todos lo sabemos. Las palabras apropiadas son las de siempre: “Misericordia quiero y no sacrificios”. Por eso hay que estar contra el derecho al aborto. Una puede entender la “despenalización”, ahí mismo en esa palabra entrecomillada se encuentra el meollo del asunto. La muerte de otro ser es un delito. Punto pelota. Que haya supuestos difíciles, nadie lo duda. Que sólo Dios juzga, también.
Mientras tanto, lo que no podrán negar los anticlericales de turno es que la Iglesia tiene el derecho y el deber de orientar a los fieles. La conciencia es una cosa privada, pero la moral es pública. Por eso los comités de bioética entran en liza y lo hacen con extraordinario furor. Miembros destacadísimos de la ciencia están contra la nueva Ley del aborto, que facilitaría a una niña de dieciséis años tomar una decisión tan trágica y de consecuencias lamentables. La noticia la pueden leer en los medios de hoy.
El bebé con taras puede ser eliminado. Es una solución de selección de especie que ningún cristiano puede defender. Pero paradójicamente los gobiernos promueven iniciativas para proteger a los disminuidos psíquicos, mientras abren la puerta para su extinción. La naturaleza que sigue su curso con mayor sabiduría que la de los hombres, siempre seguirá sorprendiéndonos con casos extremos. Pero el nacimiento a la carta ya está en vigor para los más dotados económicamente.
Por otra parte se pretende una educación sexual que hasta la fecha no ha disminuido los embarazos en menores. Más bien ha servido como promoción del hedonismo “responsable o irresponsable” pongan ustedes aquello más gusten. Lo que está claro es que no se puede debatir sobre casos extremos. Esos corresponden a las personas implicadas con las cuáles hay que tener al menos la consideración que su difícil situación merece, sin convertirlo en producto estrella de ningún programa de cotilleo. O portada de los medios.
Aunque pensando con más rigor, tal vez sea saludable que estos temas produzcan un debate serio en la sociedad. Son tan importantes y trascendentales que las generaciones futuras nos juzgarán por aquellas decisiones que hoy tomamos a la ligera
Los seres humanos los engendra la Naturaleza o más bien Dios, no los engendran los humanos con sus órganos genitales y en todo caso los humanos son colaboradores de la Naturaleza. Así como toda criatura humana que haya sido engendrada por una violación es un hijo de Dios, tambien los que han sido engendrados artificialmente con artimañas dentro del frio y diabólico laboratorio, tambien son hijos de Dios sin distinción. Existe un cierto temor a tener un niño fruto de una violación, y es comprensible por el hecho de que no es un hijo deseado, pero los hijos no nos corresponden a nosotros como una propiedad, los hijos son para la vida natural y eterna, son para dar gloria al Creador, y para más “inri” para seguir a Cristo al Calvario si conviene.
http://elblogdelpadrecarlos.blogspot.com/2009/03/traduccion-del-editorial-de.html
Hace falta, mucha falta, que la Iglesia explique bien el sentido de las excomuniones. Si vemos el efecto que produce en la comunidad de corinto la excomunión a uno que pecaba de forma pública, se entenderá que la medida no busca el castigo porque sí, sino la rehabilitación final del pecador.Dicho eso, las palabras de Fisichella son más peligrosas de lo que parece debido a la impresión que da de justiciar el aborto en el caso de la niña de Brasil.Respecto a la campaña de la CEE, es obvio que ha resultado todo un acierto. Tanto en la forma, aunque muchos se lleven las manos a la cabeza, como en el fondo.Luis Fernando