
Celebramos la Jornada Por la Vida, muchos lo harán rezando mañana por cada ser desgajado del vientre de su madre. Miles de víctimas inocentes que nadie supo proteger. Tal vez nos juzguen en el futuro con la misma actitud de asombro con la que hoy no entendemos situaciones del pasado. Guerras o injusticias que sucedieron en la Edad Media o en otra época. De la misma manera que nos parece increíble el Holocausto y acaecía mientras mucha gente vivía su vida con tranquilidad, puede que a nosotros nos recriminen nuestra insensibilidad ante un genocidio que es un fracaso de toda la sociedad.
Porque el aborto es un fracaso. Es la jovencita que no quiere asumir responsabilidades; la pareja que tienen una hipoteca y no quiere pasar apuros económicos con una boca más que alimentar; la madre que prefiere un bebé sano a otro con dificultades que le supondrá una carga para toda su vida. Todos ellos deciden que el aborto es un derecho al que optan por conveniencia. Esa es la mentalidad del fracaso social. Del país que no facilita lugares donde asistir a las jóvenes embarazadas en apuro. Subsidios para padres que deseen formar una familia. Ayudas y protecciones a todos los disminuidos psíquicos que no tienen culpa de ser así, porque igual nos podría haber jugado a nosotros una mala pasada la naturaleza.
En realidad tenemos que pensar en ayudar a quien más lo necesita y si eso no entra dentro de los planes de un gobierno, es que algo falla en la sociedad. Algunos quieren noticias positivas y solidarias de esas que se dan en todas las ciudades de la mano de gente de bien. Pues sí, existen y cada día más. Son quienes crean redes de asistencia para facilitar el embarazo en las madres, en definitiva para evitar el aborto.
En realidad tenemos que pensar en ayudar a quien más lo necesita y si eso no entra dentro de los planes de un gobierno, es que algo falla en la sociedad. Algunos quieren noticias positivas y solidarias de esas que se dan en todas las ciudades de la mano de gente de bien. Pues sí, existen y cada día más. Son quienes crean redes de asistencia para facilitar el embarazo en las madres, en definitiva para evitar el aborto.
A todos ellos les gustaría que en las clínicas abortivas escucharan palpitar el corazón que va a ser destrozado minutos después. Ese latido suave de la vida, ese pálpito o chispa que nos dice que debemos proteger al ser más débil, al indefenso ser que espera una oportunidad para nacer. Y no me quiero meter en honduras sobre la biología o la bioética. El sólo hecho de pensar que una chispa de Dios se apaga irremediablemente en cada aborto, me pone los pelos de punta. Eso es exactamente lo que debemos pensar cada cristiano y cada hombre o mujer de bien. Defender la vida y respetarla en cualquier caso.
Por eso hay muchas redes y asociaciones dispuestas a defender a las madres que abandonadas se ven abocadas a la solución fácil del aborto. Veía Informe Semanal este sábado y allí jóvenes de dieciséis y diecisiete años, hablaban de su aborto, como una cuestión de madurez: no estaba preparada, no tenía nada que ofrecerle. Y la pregunta inmediata era: ¿Y por eso le ofreciste la muerte?. Tal vez en una sociedad pro-vida ese niño sería un hijo adoptado y llegaría a formar una familia, o incluso a ser un médico que salva niños en riesgo. Porque al saber que fue adoptado pensaría que su madre no lo mató, no buscó la solución fácil.
Siento que la despenalización del aborto se hizo en función de unos supuestos que la Iglesia nunca ha contemplado. Y pese a ello tal vez entienda que la píldora del día después no es un aborto, que la violación no puede imponer a un ser en tu interior, que se debe elegir en peligro de muerte optando por una u otra vida. Soy mujer y no quiero para otras lo que no quisiera para mí. En esos supuestos límites y con muchos controles y cautelas tal vez entendería una decisión tan drástica y se justifique la despenalización. Pero no me cabe duda que si se instalan clínicas abortivas como setas y se rellenan papeles que son simples trámites. La sociedad no defiende al ser más débil. Y como seres humanos fracasamos. Es la ley de la selva, muerte al más débil, gana no el mejor sino el más fuerte. ¡Lástima de progreso!.
La trampa que esconde el aborto es que la sociedad ha fracasado. No es la mujer la que aborta es nuestro sistema social, inhumano y genocida. La mujer abortista es también una víctima de esta sociedad insensible y grotesca que considera un aborto como una operación de nariz, pura rutina en clínicas de hoy me lo quito y mañana ya estoy limpia. La falta de escrúpulos e insensibilidad está llegando en muchos casos a la misma mirada que tenían los carceleros nazis, puro trámite, sin identidad, sin registro, carne de cañón. ¡Que Dios nos perdone!. Por eso os pido que dejéis hoy una oración por la vida.
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Apreciada amiga Carmen:He recibido hoy un premio blogger (SYMBELMINE) el cual tengo a mi vez que entregar a 7 u 8 blogs y he pensado en tí como receptora del mismo.Pasa por mi blog http://elblogdelpadrecarlos.blogspot.com SaludosPadre Carlos Ares