Estamos de enhorabuena. Hoy se hace eco religiondigital del nombramiento de la primera mujer en el Consejo Episcopal de Tarragona. Rosalía Gras ejercerá como secretaria general y canciller. No voy a decir que me parezca una medida acertada porque soy de las que opina que las cuotas paritarias pertenecen a un Ministerio que sobra. Estoy más cerca de Rosa Montero quien hoy mismo habla sobre el poder y la mujer.
El talento debe ser valorado con independencia de la condición sexual, religiosa, o política. Los prejuicios que llevan a cabo determinados nombramientos, segregando a unos a favor de otros, no dejan de ser los “enchufados” que siempre han existido. Pero en cuestiones de cargo, lo mejor es dar la alternativa y que quien entra apechugue con la faena. Luego el tiempo pondrá a cada cuál en su lugar.
Rosalía Gras tiene ahora la oportunidad de dar un toque femenino en las alturas. Un toque que no sea de ecónomo de la diócesis o bagatelas propias de “chupatintas”. Me parece que si la eligen es porque tendrá méritos suficientes para dar la talla. Y tal vez se abra un abanico en la curia que hasta ahora pertenecía exclusivamente a las religiosas al servicio del obispo. También pudiera ser que existan otras mujeres en los Consejos Episcopales y yo lo desconozca. En cuyo caso estaríamos doblemente de enhorabuena.
¡Qué quieren que les diga!. En una Iglesia donde la mujer siempre está tutelada por un varón algo debe cambiar porque no están los tiempos como para ir cerrando filas ensimismados en un autismo suicida. Las jóvenes de hoy tienen sobrada formación y conocimiento para acceder a cargos de la Iglesia. Así que es de alabar la decisión del nombramiento de Rosalía Gras, a ella le toca ahora responder con su trabajo.
Le deseo lo mejor, pero vuelvo a remarcar que la estructura de la Iglesia es opresoramente machista y hace falta un aire nuevo. Eso no quiere decir que se entre en el terreo de la ideología de género ni pamplinas similares. Es sencillamente que el mundo ha dado un vuelco y no se puede seguir con esquemas trasnochados. Esto no quiere decir que se cambien los dogmas ni la doctrina de la Iglesia, pero sí que en las formas y en su estructura se debe dar paso a la mujer.
Ya sé que vendrán a decirme que lo importante es el servicio. Pues oigan bajen ustedes a servir y dejen que otros sirvan desde arriba, codo a codo con quienes toman decisiones que a todos nos afectan. No voy a reivindicar un papel que es evidente, los laicos son el futuro de la Iglesia. Cada día disminuye el número de consagrados y presbíteros, al menos en el viejo Continente, de modo que las cifras cantan. El relevo es imperioso, hay que preparar a los laicos para trabajar al servicio de la Iglesia.
En estas cosas no vale improvisar. Pero tampoco es conveniente abusar. No vayan buscando “mirlos blancos”. No siempre se puede tirar mano del voluntariado porque la vida te hipoteca las horas y gente disponible cada vez resulta más difícil de encontrar. De manera que vale la pena pensar en el futuro y que cunda el ejemplo. El portavoz de la Santa Sede fue durante años un laico que supo gestionar su cargo con soltura. La Conferencia Episcopal ganaría si tuviera otra imagen. No sé si sus estatutos permiten laicos ni mucho menos mujeres. Pero no me negarán que una mujer como portavoz daría un vuelco que sería favorable a toda la Iglesia. Y ahora vendrá algún graciosillo a decirme que me propone para el cargo. Lo siento, monseñores, no estoy por la labor

Creo que a lo mejor para nosotros es una novedad pero es que quizás desconocemos más casos, porque de monjas y prioras hay bastantes todavía y puede que alguna la hayan promocionado en cualquier curia de España, solo que no ha sido noticia.