La marea roja ha inundado las calles de nuestras ciudades y algunos se han prestado al juego de siempre. La cuatro emitía sin tapujos en el informativo del medio día la consigna de que los obispos habían fomentado la manifestación. Afortunadamente éstos han sabido separar lo que fue la Jornada Por la Vida, bastante polémica por su campaña con lince incluido, de la manifestación de este domingo. Si esta convocatoria prospera se convertirá en un movimiento ciudadano con equivalencia a otros que en otras épocas lucharon por los derechos civiles y sociales. Hay que seguir insistiendo que el aborto es un fracaso social y el progreso consiste en proteger los derechos de los más indefensos.
Llama la atención que algunos medios de progresía eclesial silencien o manipulen estas convocatorias. Está visto que existe miedo a ir de la mano junto a organizaciones que algunos califican de extremistas. Por lo visto la moda relativista de diálogo y aceptación de cualquier monstruosidad ha calado anestesiando la conciencia. No seré yo quien juzgue la situación crítica de una mujer embarazada y sin recursos. Pero dejando al margen la casuística, cabe movilizarse con la misma pasión que lo hacemos contra la guerra o el terrorismo.
No caigamos en farisaísmos, ninguna mujer debe ser más culpable que el varón dispuesto a darle la espalda cuando más lo necesita. Esa responsabilidad compartida ya está al alcance de la ciencia. De modo que si es posible legislar contra la violencia de género, también es posible exigir responsabilidades al varón que trasmite a la mujer la consecuencia que debe ser compartida por ambos. El feminismo debe consistir en feminizar la sociedad, con valores de ternura y protección que son propios de nuestro género. No en masculinizar a la mujer haciéndola irresponsable de sus actos, hasta llegar a deshacerse del fruto de su vientre.
Que esta manifestación sirva de modelo para otras del mismo significado y con el mismo carácter pacífico y cívico. Exigiendo legislar a favor de la vida, con todos los matices que sean precisos pero sin consentir abrir las puertas a lo que ya ha sido denominado el bochornoso genocidio del siglo XX y lo que va del XXI. Libertad para la mujer, educación sexual para generar vida con responsabilidad, desde luego, pero también entrañas de misericordia frente al ser más desvalido.
Volvemos ahora la mirada hacia actos del pasado que no logramos entender, por ejemplo la esclavitud. Que sin embargo sigue en vigor en la actualidad aunque con rostros diferentes. Todo eso ha supuesto movimientos cívicos hasta conseguir la igualdad de derechos de los negros en sociedades racistas. Y hoy no entendemos qué les sucedía a nuestros antepasados. Pues es probable que también juzguen el silencio cómplice de miles de personas ante el crimen del aborto. Que sepamos estar del lado que estaría el mismo Jesucristo, a favor de los más pobres y desvalidos.
