Entramos de lleno en la Semana Santa. Algunos esperaremos al miércoles para iniciar un puente festivo. Hoy por lo pronto seguiré las noticias que llaman mi atención. La crisis que salpica a vecinos y amigos y un horizonte de esperanza que se abre pese a las dificultades que atravesamos. Creo que hay que apostar por ese horizonte desde donde surge una nueva concepción de solidaridad y cooperación.
Estos últimos años el abanico de ONG creadas ha sido imparable. Del mismo modo surgían como setas las Fundaciones más variopintas que podamos describir. Pues bien, es momento de replantearse la identidad de estas Sociedades. Porque no puede ser que suplan a la responsabilidad social que debe implicar a los Gobiernos. Intentaré explicar el tema. Tras la caída del muro de Berlín se produjo un cambio de paradigma que duró hasta los acontecimientos del 11-S.
Ahora estamos en un mundo globalizado con economías emergentes y países desolados en hambrunas. Todo eso puede solucionarse con referentes éticos claros. La posibilidad de actuar de un lado al otro del planeta proporciona muchas ventajas. Hoy podemos dar a luz un suceso acaecido en cualquier pequeño rincón y despertar las conciencias del ciudadano medio. En esa línea colaborar con los medios de comunicación es casi una apuesta solidaria. Gracias a esas personas que viven ayudando a los demás conocemos la hipocresía del G-20.
La cuestión que tratan los poderosos de turno es vendida como un encuentro responsable entre potencias que buscan una salida a la crisis. Lo que no nos descubren es por qué entramos en esa crisis y por qué afecta a los más vulnerables. Lo ético sería que cada Gobierno practicara una política de austeridad y control de sus cargos públicos, para que éstos fueran referente moral frente a la ambición de los corruptos que aprovechan cualquier coyuntura para beneficiarse una porción del pastel.
En este sentido hablaba en el post anterior sobre la congelación de los salarios de diputados y miembros de los consejos de administración de las grandes corporaciones. Es poco serio reducir plantillas que abocan a las colas del INEM a miles de personas, mientras siguen impasibles en sus poltronas cobrando salarios que se acercan al presupuesto de algún país mísero de África.
Pero no hace falta cargar tintas en la Administración o en las corporaciones financieras. El mundo del deporte está lleno de contratos blindados que ofenden la dignidad de miles de personas. ¿Es posible que un jugador gane más que un presidente de gobierno?. ¿Tiene la misma responsabilidad?. Estas incoherencias nos hacen palidecer y enervan a cualquier persona con un mínimo de sentido de la justicia social. Yo no tengo recetas mágicas para evitar la corrupción. No es ese mi cometido.
Sin embargo, como cristiana vuelvo a hacer hincapié que somos los creyentes quienes más arrimamos el hombro hacia los desheredados de la tierra. Hoy en día los primeros en levantar la voz no son los sindicatos, vendidos a las subvenciones seguras y fijas de los gobiernos de turno. Los que siguen levantando la voz para avergonzar a los poderosos de este mundo, somos quienes estamos convencidos de que la doctrina social de la Iglesia puesta en marcha por diferentes países haría un mundo más justo y habitable.
Permitir que la corrupción y los grandes beneficios sigan campando por sus anchas, generará un cultivo de descontento sordo y apagado que puede explotar en cualquier momento sin que sepamos prever sus consecuencias. Hay voces muy serias que apuntan soluciones, las cuestión es si los gobiernos son libres y soberanos o están vendidos a las grandes corporaciones que los tienen atados de manos. Seguiremos hablando sobre el tema.
