Hoy es un día especial, no sólo porque Benedicto XVI cumpla cuatro años en la silla de Pedro, sino también porque la movida que ha producido su Pontificado lleva mar de fondo. En principio celebramos la Divina Misericordia, que ella siga amparando al Papa, como lo hizo con Juan Pablo II quien instituyó esta fiesta.
El difamador oficial de la Sede de Pedro, Juan José Tamayo, desde su cátedra de las religiones en la Universidad Carlos III, sigue insistiendo en escribir panfletos publicados en El País. Desde su atalaya, va socavando los pilares del Vaticano cuyos cimientos le gustaría ver tambalearse. Ya sabemos que hay libertad de expresión, pero es muy arriesgado difamar sin que nadie se haga eco de las mentiras publicadas y explicitadas con fines espurios.
Ayer difamó gratuitamente a Benedicto XVI al que acusó de integrista. Y deberíamos matizar bien en qué consiste para Tamayo ser integrista. Una etiqueta que sitúa claramente la frontera entre él y los del otro lado. Decir que Benedicto XVI no tiene experiencia en los entresijos de la Curia, es bastante deleznable además de falso, puesto que todos sabemos que fue la mano derecha de Juan Pablo II durante todo su Pontificado. Yo no voy a decir que me gusta todo lo que ha hecho hasta ahora. En algunas cosas puedo discrepar, pero no sería justo juzgar a un Pontífice por sus actuaciones en tan poco tiempo.
Sí es cierto que estuvo junto a Juan Pablo II y que frenó los aires del Concilio, pero poner coto al desmadre general, no tiene nada que ver con lo que insinúa el director de la cátedra de las religiones, cuya poltrona todos sabemos bien a quien se la debe. Decir que Benedicto XVI ha mantenido posturas ofensivas en los términos expuestos en su panfleto es mentir a propósito. Lo bueno de Benedicto XVI es que no mide sus respuestas en tiempos mundanos. No es un político, afortunadamente, no se guía por el sentido de la oportunidad diplomática.
Examinemos las acusaciones de Tamayo.“Las comunidades indígenas latinoamericanas -el 10 % de la población- se sintieron instrumentalizadas y heridas en su dignidad durante el viaje de Benedicto XVI a Aparecida (Brasil) en 2007 para inaugurar la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, cuando afirmó que la vuelta a las religiones precolombinas no era un progreso, sino un retroceso y una involución hacia el pasado”. El respeto a las culturas precolombinas, nada tiene que ver con proclamar la fe con firmeza. Y quien se ofenda que se limpie sus heridas.
“Ha provocado la indignación de los judíos -13 millones-, al readmitir en la “comunión eclesial” sin ningún tipo de arrepentimiento al obispo Richard Williamson, de la Hermandad Sacerdotal de San Pío X, que niega el Holocausto”. Yo diría que se aprovecharon de su intento de cerrar un cisma. Todavía están las piezas en el tablero en un enroque que huele a cuerno quemado a Tamayo y CIA. Ya dije que a mí no me gustó ese perdón de mano tendida con quien está chuleando al Concilio Vaticano II y siguió en sus trece pese a la excomunión, pero ese es mi criterio sin tener todos los datos que supongo en manos de Benedicto XVI.
“Los musulmanes -1.300 millones- se sintieron profunda y gravemente ofendidos en el discurso de Ratisbona, en septiembre de 2006, en el que afirmó que Mahoma no trajo más que males al mundo, ya que impuso la fe con la espada y proclamó la guerra santa, al tiempo que vinculó al Dios del Islam con la violencia y la irracionalidad”. Aquí volvieron a jugar a la contra. ¿Quién se atreve a cantar las cuarenta al Islam sin miedo?. Creo que el único que lo ha hecho con autoridad ha sido Benedicto XVI y deberíamos agradecer ese gesto que quedó perfectamente aclarado.
Luego habla del tema de los preservativos, olvidando la dimensión fundamental de su comentario que ya se ha explicado por activa y por pasiva. Es de nuevo una acusación falsa que sigue el juego de las grandes multinacionales. Y no voy a seguir comentando las rastreras acusaciones que tienen como meta el desprestigio de la estructura piramidal del Vaticano. Lo malo de Tamayo es que vive de ese entuerto de marear al personal. Y lo penoso es que hay que seguir desenmascarándolo para que no siga cautivando incautos.

Te he leido. No sé de momento si quiero añadir algo a lo tuyo, de modo que volveré por aquí si decido hacerlo.
Las religiones precolombinas americanas usaban el sacrificio de seres humanos, solo faltaría que retornar a éllas fuera un progreso.