Estoy encantada con la noticia. Tenemos un ministro que antes ha sido fraile y además no parece ir de resentido por la vida. Lleva el apellido Gabilondo, que es todo un icono de la Transición y de un tipo de hacer periodismo que marcó generaciones. Es listo y conoce la Educación desde dentro. Es casi para no creérselo después de tantos ministros de quita y pon que destrozaron la educación en España. No tiene carnet del PSOE ni falta que le hace. Siempre hubo gente designada a dedo que no militaba en el puño y la rosa, por lo que tampoco tenía obligación de apoyar todas las iniciativas del partido.
Veo un tenue rayo de esperanza en el horizonte. Si le dejan, puede cambiar el desaguisado por algo de más altura que pasar con asignaturas suspendidas y aprobar por consigna del gobierno. Tal vez, y repito, tal vez se consiga que ahora el esfuerzo vuelva a premiarse, que la educación especial siga dando sus frutos en una enseñanza comprensiva, pero que no todo sea ir de rebajas curso tras curso.
Felicito desde aquí a Ángel Gabilondo, primer ministro de Educación que conoce el suelo que pisa. Abierto y plural, próximo a la política del gobierno, pero con independencia de criterio. He seguido sus entrevistas y declaraciones y aunque yo comparta la idea de una educación comunitaria que abre puertas a todos los estudiantes para movilizarse de un país a otro, también pienso que las bases del entramado están muy dejadas de la mano.
El futuro de la educación se cuece en casa y en las escuelas, al alimón. Si hay apoyos en la base, los cimientos se montan con mucho menos esfuerzo y con mayores garantías. Si lo que se busca es el aplauso fácil sin importar nada la calidad del Sistema Educativo, viene un pequeño temblor y se cae la casa al suelo. Y es que hay que construir con materiales de calidad y no sólo para la galería.
Por cierto me dicen que su hermano Iñaki se ha vuelto un peón del aparato PRISA. No termino de creerlo. Yo siempre le admiré su honestidad, también es verdad que no sigo su programa de radio. Pero cuando un comunicador llega a la gente, hay que darle un voto de confianza. Iñaki si quisiera podría hacer cualquier programa de altura, de esos atemporales como Informe Semanal o aquellos debates de Jesús Hermida. ¿Se acuerdan?.
En Ángel Gabilondo tenemos mucha explicación de cómo funcionó la Transición española dentro de las órdenes religiosas. Diáspora para unos que como Lugo en Paraguay empiezan a sacar hijos de la chistera y compromiso de otros por construir un país más justo y humano. Creo que sin mojarnos porque es muy pronto, podemos esperar que el ministro recién nombrado pertenezca al segundo grupo. Por lo pronto tiene una sólida carrera en la Administración y eso ya es un aval.
Y si me apuran, el segundo aval es que siga siendo creyente, aunque algunos esto les fastidie. Yo confío en las personas que saben encomendarse todos los días a Dios. Por muchas meteduras de pata que tengan, siempre acaban por reconocer sus errores y si es preciso apechugan con las consecuencias. Eso es poco frecuente en la actualidad donde los tratos ya no se dan con un apretón de mano, sino con papel timbrado y acta notarial, por lo que pueda ser.
Lo dicho, felicidades Ministro. No le ha tocado una perita dulce sino un hueso duro de roer. A ver como remata la faena porque el Miura es bravo. Llegar a un consenso con Educación para la Ciudadanía ya sería todo un éxito.

Que lo que expresas tan bien sea de verdad.Y no, no me pega Iñaki como peón de nada ni de nadie. Tal vez sólo sean bulos, seguro que sí.Buenas noches
He visto algo sobre el nuevo ministro, y desde luego parece una persona, -desde luego con un auténtico carrerón-, válida, mejor óptima, para el cargo que se le ha confiado.¡Que lo haga o le dejen hacerlo bien!
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