Tenemos pandemia a la vista. El virus impredecible de la gripe porcina que afecta a México y EEUU nos recuerda los primeros años de otro virus el VHI. No sé si su alcance y gravedad revestirá las mismas consecuencias que el SIDA, pero lo que si parece es que la OMS se encuentra preocupada y las alarmas se han desatado. Vivimos en una aldea global donde el flujo migratorio es elevado, hoy un virus puede cruzar en cuestión de horas todo un océano. Así que está bien tomar medidas preventivas y armarse de paciencia, porque al parecer estos peligros de pandemias serán cada vez más frecuentes, fruto de la ingeniería biológica que muta de animales a personas.
Esta visto que el ser humano es tan frágil como cualquier especie. Puestos a imaginar tipo ciencia-ficción cabría preguntarse si las mezclas raciales mejorarán el componente genético del ser humano, o por el contrario seremos más vulnerables a cualquier tipo de agresión vírica. Lo cierto es que cuando más nos aproximamos a conocer el mapa genético y experimentar sin límites con embriones, humanos y de animales, el futuro no descarta que la propia especie humana pueda caer fruto de una pandemia mundial.
Tenemos el caso de los dinosaurios y de otras especies que se extinguieron. Y no es tan descabellado pensar en lo que puede producir el cambio climático. Fruto de esas cavilaciones se creó un banco de alimentos en la Antártida para proteger las semillas de las que dependen la subsistencia de las personas. Algo que sin embargo no han evitado el hambre en grandes extensiones de terreno, aunque se dice que tenemos recursos suficientes para alimentar a todo el planeta. Eso nos pone frente a una terrible perspectiva, quien controle los bancos de alimentos, dispondrá de un poder extraordinario. Y ya sabemos que en esa materia el ser humano ha sido recurrente durante toda su existencia.
Existen otras realidades también lamentables y preocupantes como son las multinacionales farmacéuticas que imposibilitan el uso de genéricos en zonas del tercer mundo. También es una lucha por el poder, donde las patentes sacan uñas para no perder beneficios imposibilitando la curación de millones de seres que no tienen una economía saneada para hacer frente al gasto de los medicamentos. Creándose un verdadero mercado negro al que se ven obligados a acudir los más necesitados.
Pues bien, pese a todo, no hay que perder la esperanza. El ser humano puede sacar lo mejor de sí mismo en situaciones de conflicto. La solidaridad es hoy moneda corriente en todo occidente. Gracias a unos, otros palian sus necesidades, también los hay que se apuntan a beneficiarse manteniendo como negocio aquello que se considera una obra de misericordia. Vestir al desnudo, dar de comer al hambriento, dar posada al peregrino, y sobre todo dar en justicia lo que corresponde a esa parte del mundo que es esquilmada por la otra parte, es una de las actividades frecuentes de la Iglesia, bien sea a través de Cáritas Internacional o de los religiosos de diferentes congregaciones.
Afortunadamente, nadie puede controlar todas las variables, para controlar el mundo. Y lo que resulta evidente es que hay suficientes motivos para seguir confiando en el ser humano por muy mezquinos que nos resulten algunos de sus representantes. Y en ese sentido el cristianismo sigue teniendo mucho que decir a los demás. Hoy como hace dos mil años, se nos pide que demos de comer a los pobres con sólo cinco panes y dos peces. Y de la generosidad de unos se consigue alimentar a la multitud.
En el mismo sentido funciona la investigación para solucionar pandemias mundiales, la gripe aviar fue no hace mucho detonante de otra alarma, ahora lo es la gripe porcina, esperemos que las autoridades sanitarias pongan en común sus investigaciones para hacer frente al peligro que nos acecha. Una cosa sabemos, la muerte no tiene la última palabra. Así lo celebramos en la Pascua.

Endeluego que sí, estoy contigo. Hay motivos para la esperanza, no todo es negro, que aunque Job se quejaba amargamente, también después recapacitó y expresó que sí, que a pesar de todo vivir merece la pena, que Abba es para la vida, que de ninguna manera consentirá que la muerte la destruya.He recordado a Rut, y su vital compromiso con su suegra Noemí.Y he recordado a Jesús, que nació y vivió para ser testigo de la Verdad.Hoy es Pascua, y sigue siendo Florida. Claro que hay vida, y donde hay vida, hay esperanza.
Pues algún dia me tienen que enviar un libro de México, y yo que acostumbro a olerlos para gustar el agradable olor del papel nuevo. Miraré de estar prevenido por si acaso, no usar mi nariz y ventilar bien el libro cuando abra el paquete no sea que contenga partículas de aire contaminadas. Ya veremos como acaba este apocalipsis de la “peste”.