Seguimos haciendo el ridículo a la misma altura que Bélgica. Algo bueno hay ya somos tan europeos como el parlamento belga, y estamos dispuestos a reprobar la actitud del Papa con los preservativos. Hay dogmas que son de fe, pero otros son de imposición laica. Y la cuestión del aborto, la homosexualidad, el divorcio, la eutanasia, la manipulación de embriones, el uso de los preservativos y de la pastilla del día después. Todo ese entramado de ingeniería social, salpica ahora tanto a izquierda como a derecha.Ya no hay un proyecto ideológico, más allá de trastocar los pilares de la familia y la sociedad. Al dios Mamón se han rendido hasta los comunistas chinos. El mercado es el mercado y la crisis, como bien señala el arzobispo de Madrid, monseñor Rouco, es una crisis de honestidad y de principios. Luego están las cuestiones secundarias que entran en juego cuando se acercan las elecciones.
Parece que el país lo gobiernan las encuestas demoscópicas. Según como dictaminen la intención de voto, se improvisa la actuación. De ahí que si editasen en folletos el proyecto político y lo guardásemos como un testamento vital, alcanzaríamos a ver la magnitud del mangoneo general que se llevan todos los partidos. Colgaríamos en la web su propuesta de proyecto para señalar todo lo que han incumplido.
El caso es que el PP fue perdiendo su raíz de derecha hasta buscar ese centro derecha donde parece navegar la mayoría, es lo mismo que busca el PSOE con su centro izquierda. Hay una inmensidad de votantes con la ideología descafeinada, no son de aquí ni son de allá, como reza la canción popular. Y son mayoría en el país, son quienes deciden y eso lo saben los dos partidos mayoritarios. Por eso se lanzan al degüello cuando se aproximan las elecciones.
Las diputadas del PP siguiendo una consigna democrática de dudoso gusto, han dejado entrar una iniciativa del grupo radical de izquierdas, para reprobar de manera parlamentaria las declaraciones del Papa sobre el uso del preservativo. Esto señores, no es otra cosa que la estupidez subida de tono. Cualquiera con dos dedos de frente se da cuenta de la manipulación intencionada de los medios, para reducir el catolicismo a una secta integrista.
Las diputadas del PP siguiendo una consigna democrática de dudoso gusto, han dejado entrar una iniciativa del grupo radical de izquierdas, para reprobar de manera parlamentaria las declaraciones del Papa sobre el uso del preservativo. Esto señores, no es otra cosa que la estupidez subida de tono. Cualquiera con dos dedos de frente se da cuenta de la manipulación intencionada de los medios, para reducir el catolicismo a una secta integrista.
El juego es evidente para muchos, especialmente para los católicos que ya no creemos en una izquierda de progreso. Católicos que estamos de vuelta, después de ver como han actuado los alevines progresistas. Ideología feminista radical que busca convertir en derecho un asesinato, bien sea con el aborto o con la eutanasia. Ideología que subyace en Europa y sus democracias alicaídas. Por eso el Parlamento belga reprobó las declaraciones de Benedicto XVI, porque ellos ya han claudicado en todos los terrenos abonados por los extremistas laicistas.
La cuestión es dónde se sitúa la mayoría católica de este país, que lamentablemente es una minoría practicante y coherente. Por ello no debemos asombrarnos de estar fuera de juego en los partidos mayoritarios. Y es que la trasformación social es un hecho. A fuerza de consignas el relativismo ha prendido mella en el inconsciente colectivo. Hoy hablar de conciencia es pedir peras al olmo.
Las diputadas del PP siguen esas consignas aunque se consideren católicas. Y a ellas le siguen la inmensa mayoría. Será necesario seguir clamando desde las azoteas para que algo se remueva en su interior.
Pues cabe recordar al mismísimo Rey de España que en el caso del aborto dijo que era el rey de España y no el de Bélgica, refiriéndose a Balduino que renunció a un día cuando aprobaron la ley abortista. Ahora los diputados pretenden ser belgas en el pecado cuando podría haberlo sido el Rey en el “contra-pecado”. Curiosa coincidencia.