Los sociólogos son una respetable comunidad de analistas; al parecer se han reunido unos cuantos en Compostela, para debatir los desafíos de las religiones en la sociedad contemporánea. Lo que preocupa es que se pongan a realizar un congreso para hablar sobre el uso partidista de las religiones. Y me molesta profundamente lo que subyace en el fondo, una clara embestida a la Iglesia católica, mientras se difumina la infamia de ciertos credos ajenos a nuestra tradición. En definitiva se trata, una vez más, de dar la espalda a Dios; y en especial de perseguir cualquier atisbo de razonamiento que esté influenciado por la fe. Pero todo eso con mucho diálogo, faltaría más.De esa manera los legisladores se convierten en dueños absolutos de la conciencia de los ciudadanos. Y a este objetivo se prestan con inusitada devoción un gran colectivo de intelectuales que combaten por activa y por pasiva la fe católica y cristiana. Cada día están más cerca de convertir el gobierno de los países en un coto cerrado de influencias que quedan al margen de la dignidad del ser humano. Hablar de los derechos de la mujer, es abonar el campo para utilizar como ariete en otro terreno la sensibilidad feminista.
Vuelvo a repetir, una vez más, que la fe nos libera de nuestras propias cadenas. Esas que hoy se quieren anular vendiéndonos derechos infames como productos de liberación, pero que esconden un yugo draconiano. Y la única oposición que se está estableciendo contra la sociedad actual, es la voz de las conciencias católicas. Los únicos que tienen una postura crítica a legislaciones que afectan a la dignidad del ser humano. Mientras tanto se fomenta el pensamiento engañoso de que se nos quiere imponer una moral universal desde la fe.
No me cansaré de repetir que la sociedad actual es esclava de la imagen. Nos dominan persuasivamente y nos hacen ver un mundo que en nada se parece a la realidad. Cuando la familia queda desprotegida, toda la sociedad paga las consecuencias de la infamia. Ese revoltijo de parejas de hecho con hijos de dos o más individuos, no puede enseñar ningún código ético. Porque viven al albur de su comodidad. Sin espíritu de sacrificio ni deseo de crecer juntos como personas. Fomentar la promiscuidad lleva a reducir al otro a un instrumento de uso.
Cuando una pareja se rompe, se destroza algo sagrado, el santuario del hogar. No es que esté en contra del deseo que todo individuo tienen a rehacer la vida. Estoy en contra de que por encima de los egoísmos propios se sacrifiquen a los hijos, obligados a sufrir la inmadurez de sus progenitores. Y todo esto lleva aires de seguir promoviéndose. ¿No les extraña que no se fomente desde el Estado consultorios familiares? ¿Resolución de conflictos de parejas? Todo lo necesario para fomentar la estabilidad de la familia y la unión de sus individuos, es sacrificado con leyes como el divorcio exprés, para evitar el trauma de un proceso largo y doloroso.
¿Y por qué no hablamos de un proceso de maduración, antes que convertir al otro en un extraño que fue la madre o el padre de mis hijos? En definitiva, nos venden una sociedad sin responsabilidad y una educación permisiva que crea monstruos sin conciencia y dispuestos a sacrificar a cualquiera para satisfacer sus pasiones. No hace falta que hable de los recientes casos que tanto han convulsionado a la sociedad. Ni siquiera que enumere la larga lista de víctimas de la violencia de género.
Pues bien, me huelo que este congreso es uno más para conseguir que ese pluralismo que se defiende desde las tribunas, quede reducido a la mínima expresión. Será el Estado quien decidirá por nosotros y de eso se deduce que bajo el paraguas de la libertad se cuece un Estado totalitario muy difícil de combatir. Porque la partidocracia en teoría nos permite elegir a nuestros representantes, aunque luego ellos legislen de espaldas al pueblo. De esta manera leyes que no entraban en los programas de un partido, salen de la manga para utilizarse como sombras chinescas que diluyen la verdadera realidad.
Mientras tanto la propaganda laicista sigue abonando el campo de consignas contrarias a la religión. Y la fe queda reducida a una ideología que se opone a los intereses de determinados grupos. Me gustaría no denunciar estos hechos y hablar más de la fe como el amor de Dios que se propone al hombre para su salvación. Pero eso lo dejo para otro día