La sección religiosa de La Vanguardia no es precisamente la que más visito. Pero sé que su titular Oriol Domingo, tiene ganado a pulso el respeto a su pluma. Hoy se posiciona en apoyo a la libertad de conciencia en la Iglesia, y toma como referente “el caso Masiá”. La verdad es que en pocas palabras se puede ser puede ser muy hábil y “arrimar el ascua a tu sardina”. Dice que Juan Masiá ha optado por el silencio debido a presiones de la jerarquía.Postula una idea interesante a la que se acogen no pocos fieles de la Iglesia. Si ésta aboga por la libertad de conciencia frente a leyes injustas, también debe respetar esa misma libertad para sus fieles. La cuestión es que una cosa son las leyes terrenas y otra las verdades de la fe depositadas en custodia en la Iglesia.
Sucede que los más letrados e inteligentes conocen los bamboleos en el depósito de la fe a través de los siglos, y saben que son una mancha de aceite en el océano que no se limpia nada más que con la intervención de empresas especializadas. Ya podemos ir todos con nuestros remedios caseros que a parte de la buena voluntad, esa mancha no podríamos quitarla. Pues bien, las manchas de la Iglesia tienen especialistas de fondo para limpiarlas y el tiempo siempre juega a su favor.
No se puede pedir libertad de conciencia a quien libremente la ha sometido a Cristo y a la Iglesia. Se puede discrepar con educación y seguir defendiendo “en la frontera aquello que se desea”, que no afecte a lo sustancial. Masiá, precisamente ha discrepado siempre justificando su postura en que él trata de temas que no son dogma de fe; me refiero a la bioética. Personalmente, creo que juega “a la contra” y, me parece que está en su derecho a expresarse, pero su palabra no es la de la Iglesia, sino la propia expresión personal de lo que él entiende que debiera ser modificado dentro de esta Institución.
Lo que le quiero decir al Sr. Oriol es que el padre Masiá sigue escribiendo y asistiendo a conferencias, muestra inequívoca de la pluralidad del sistema. Su manga ancha en muchos sentidos nos lo evidencian día a día muchos laicos comprometidos en los medios de comunicación que, venga o no a cuento, escudriñan Internet para denunciar la laxitud de los obispos frente a religiosos y religiosas.
De ello se deduce que la pluralidad es una realidad evidente en la Iglesia y la libertad de conciencia un derecho que choca exclusivamente con el Credo. Son aquellos quienes están en la frontera quienes más nos educan en lo que es o no opinable dentro de la misma Iglesia. Llevan años de lucha y acusan la fatiga del combate. Si ahora nos dice que el término “obediencia” está fuera del Evangelio tendremos que responder que son unos un mentirosos compulsivos. El primero que apela a la obediencia es Jesucristo: “He venido a cumplir la voluntad del Padre”. De la misma manera en otras ocasiones repetirá “No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas, sino a dar cumplimiento”. Mateo 5-17.
Lo que si comparto con el Sr. Oriol es el gusto por la libertad, aunque entienda que nos debemos someter a unas determinadas reglas para que esto no sea “una merienda de negros”. Dicho esto en carácter figurado y jocoso, sin ningún matiz peyorativo. Que el Sr. Oriol afirme que Jesús respetaría la libertad de conciencia del Padre Masiá, cuando el propio Jesús se sometió en obediencia a las leyes religiosas y romanas de su tiempo, ya es rizar el rizo. Jesús respeta la libertad de todos y el padre Masiá también debe respetar a las autoridades a las que está sometido.
No hagan del padre Masiá motivo para socavar la autoridad de la Iglesia en materia de fe y moral. El tiene unos votos que cumplir entre ellos los de la obediencia. Cierto que el tema se presta a la manipulación de personas autoritarias. Pero incitar a la transgresión religiosa y dar la espalda a Dios no es el mejor modo de defender la libertad de conciencia