Bueno pues ya está, la anunciada reforma litúrgica se cuela como serpiente de verano. Y para que no haya dudas en la polémica nos ponen la foto del Cardenal Cañizares con ornamentos del año mari castaña, muy bonitos para un museo y poco prácticos para la vida diaria. Ofician como sumos sacerdotes del templo, con revestimientos de hilo dorado; pena penita pena. Les van a poner de “chupa de dómine”.
Hay que explicar que una reforma litúrgica no es motivo de espanto, si lo que se pretende es concienciar a la gente del carácter sagrado de la Eucaristía y del Sagrario, incluso se puede entender que a la hora de la Consagración se vuelva la espalda al pueblo y se mire hacia oriente. Más extraño es introducir de nuevo el latín, algo absurdo a la mentalidad actual. Pero no así recuperarlo en cánticos. Parece que no se hizo uso de las normas del Concilio Vaticano II respecto a la liturgia. Y cabe preguntarse por qué esa desidia general.
Yo apuesto por seguir tal cual. No me gustan las casullas y parafernalias que revisten de pompa un acto sagrado. Adoro la sencillez, sin que entre en lo chabacano. El Concilio intento hacer inteligible al pueblo lo que se había convertido en un rito que sólo comprendían los sacerdotes y cuatro fieles ilustrados. Pues todo lo que sea desandar lo andado para llevarnos lejos de la comprensión de los fieles, es una equivocación.
Que se apruebe la misa tridentina y se facilite para quienes gusten de ornamentos fastuosos y latines por doquier, me parece sensato si lo que se pretendía era volver a unir a los lefevbrianos a la comunión con la Iglesia. Pero dar ahora un salto en el vacio para ponerse de su lado, va a dejar a la mayor parte de los fieles desconcertados. La primera pregunta que se hace mi madre, a quien la educaron antes del Concilio, es que la Iglesia cambia lo que le da la gana cuando le da la gana y eso no parece muy serio.
Para ella el baile de Credos que hubo en cierta época era una verdadera locura. Y no digo cuando se unieron los cánticos con bongos y guitarras. Le sonó a escándalo mayúsculo. Pero aquello divertía mucho a la juventud, aunque no consiguió mantener su fe a tenor de las estadísticas. Y es que cuando no se explica lo que se vive, ningún cambio vale. No es la mayor fastuosidad, ni la música sacra, que para ser sinceros a algunos puede resultar incomestible, sin una previa cultura musical, lo que hará mantener la fe de los fieles.
Vamos que en tiempos de ritmos frenéticos, entonar el gregoriano resulta exótico, pero prolongarlo más allá de un ratito, duerme a las ovejas o las deja hasta las narices de latinajos incomprensibles. Y cuando en la educación precisamente se recortan las humanidades que dan explicación a muchas de las cosas de la Iglesia, a mi juicio ésta va directa al precipicio si pretende que comulguemos de rodillas y en la boca y recemos en latín, aunque sea un padre nuestro.
A mí me gusta sentir que formo parte del sacrificio de la misa, que entiendo todas y cada una de sus partes, y creo que la labor del catequista debe pasar también por explicar los ornamentos litúrgicos y las partes de la misa. Cosa que ignoro si se hace, pero desde luego un poco de implicación de los sacerdotes tampoco vendrían mal. Basta con que antes de la misa digan a todos los fieles que arrodillarse tiene un sentido de reverencia ante Dios presente en la forma consagrada. Recordar a la entrada que se apaguen los móviles que ayer tras la consagración saltaron en mi parroquia a ritmo de salsa. Poner acento en hablar de los colores litúrgicos y su significado. Todo debe ser motivo para hacer comprensible lo que parece un rito monótono. Si no se puede hacer desde el altar como un inciso, ya me dirán ustedes cuándo y cómo se debe aprovechar el momento para catequizar a los que acuden a la Iglesia, aunque sea de acompañantes en una boda o comunión.
Yo entraría más por ahí, y sobre todo exigiría mayor implicación del sacerdote y los catequistas. Los confesionarios siguen vacios, y no es cierto que se esté a disposición de los fieles. No se ve rezar al cura excepto en la misa. Si vistiéndose de particular y haciéndose pasar por coleguillas, no consiguen una mísera estabilidad de parroquianos, no esperen que con parafernalia, incienso, roquetes, casullas de hilo de oro y latinajos, resuelvan la crisis de fe del siglo XXI.

Lamento mucho….que personas que se dicen pertenecer a la Iglesia, escriban cosas tan poco edificantes, yan carentes de comunión…y sobre todo…tan carentes de piedad.Precisamente, lo que el Papa quiere hacer conciencia es eso: LA FALTA DE PIEDAD…EN TODO!!…de referirnos a la Santa Misa…de la Vida cristiana…de la vida cotidiana. Todo esto se vence…con la vuelta a las fuentes…con una mirada…VALORATIVA Y CONTINUA…de lo anterior. Decir peyorativamente acerca de las cosas antiguas…casullas…y la solemnidad de antes…es ser simplemente ignorante e insensato. Jesucristo y Palabra supera todo eso! va mas allá de casullas…cantos gregorianos…o en su defecto parafernalias paganas..de ahora. Esta reforma pretende hacer CONCIENCIA…volver a VALORAR…y poder PROFUNDIZAR lo que creemos, vivimos y celebramos.Por favor, si va a escribir…hágalo con caridad y espíritu de comunión…sino está formando división, lo dice el mismo Cristo.FIDELIDAD!!
"Todo esto se vence…con la vuelta a las fuentes", pero… ¿cuáles fuentes? al hebreo y arameo como en los verdaderos orígenes de la Iglesia? al griego de los 3 primeros siglos? al latín que vino mucho después? a los 4 primeros siglos sin casullas ricamadas ni manípulos ni cáligas, ni planetas ni umbrellas, ni altares pegados a las paredes ni de espaldas a los asistentes? o a la misa tridentina que vino mil años después? Cuáles son las verdaderas fuentes? las que le convengan o gusten a cada uno? Me parece que una confusión muy difundida es la de FUENTE con COSTUMBRE. La liturgia actual no se ha separado de la verdadera fuente que es Cristo… se ha separado de la costumbre de celebrar la Santa Misa con una única y detrminada forma para abrirse a formas que, sin perder el legamen con la fuente se expresan de manera diversa.