Hoy es la Natividad de María y me hubiera gustado saber escribir una historia preciosa para esta fecha, pero tengo atravesadas las fotografías de las putas del Raval y los gamberros de Pozuelo. Dos especímenes de la sociedad zapateril, que según me dicen avanzan de forma tan letal como la gripe porcina. Lo malo es que no cursa en siete días y luego ya estás bien, no; lo peor es que se expande por todo el territorio nacional. Mal que le pese al promotor de la Educación para la Ciudadanía.
Por lo que veo se ciscan en su talante y no hay media que aguante lo que se nos viene encima. Tendrán que reconocer que el buen rollito deja el civismo en estado ilocalizable. Aquello de enseñar modales era muy rancio, pero iba tan bien que no hacía falta señalar los asientos reservados a mayores y tullidos. La gente cedía su sitio nada más advertir la necesidad. También existía esa cosa que han dado en llamar “trabajadoras del sexo”, quien las buscaba las encontraba, pero no dejaban su culo al aire en mitad de la vía pública; y no había hombre capaz de bajarse la cremallera, como no fuera en los urinarios.
Pero llegaron las series televisivas de los modelnos; si modelnos, que no modernos. Y resulta que los niños van de botellón los fin de; y las trabajadoras del sexo lo hacen en cualquier vía pública, sin buscar refugio en el portal dedicado a tales menesteres y que tenía los papeles de Sanidad en regla. Y es que no se puede regular la desvergüenza cuando hay tanta competencia que no necesita ni papeles de residencia para ejercer el oficio más viejo del mundo. Maruja Torres las ha vuelto a llamar “putas”, tomen nota porque el dumping del sexo a bajo coste es reflejo de la miseria.
Miseria que se nos cuela por la pantalla del televisor junto a los tacos y las expresiones soeces. Por eso cuando en la escuela se les escapa lo de “puta”, sólo tienes que preguntar a qué hora se acuestan y qué programas de televisión están siguiendo. No es necesario que hayan visto las fotos del Raval, ni que sepan qué es una puta ni qué hace. Lo más normal es que aprendan que es un insulto y que no se debe decir, de manera que cuando les sube la adrenalina sueltan la bicha.
En cuanto a los gamberros de Pozuelo, es evidente que les gusta colocarse con poca pasta; la crisis ha inventado nuevas formas de pasar el tiempo: fumar, emborracharse y tener sexo de fin de, es de lo más; y si alguien te lo impide pues montas la pirula. La cosa está en preguntar a los padres qué hacen unos niños en la calle a las cinco de la mañana. Tendremos que poner Educación para la paternidad y escuelas de civismo; pero en el Raval me han dicho que la guardia urbana pide más medios para controlar el desmadre callejero; y es que la miseria siempre ha ido por libre y se cuela al lado de tu casa a poco que te descuides.
Total que al Sr. Zapatero además de las colas del paro va a tener que aguantar salir en los papeles del mundo por el tipo de sociedad que entre todos estamos creando. Porque esto no lo arregla una asignatura; antes la decencia venía incorporada con el ADN, lo que sucede es que ahora llevamos varias generaciones de no saber qué cosa es la educación, no sea que por decir no, se vaya a traumatizar el infante. Así que a papá y mamá le haces “una perdida” para saber que estás bien; y ya puedes dedicarte a destrozar el mobiliario urbano, que en esas cosas los papás no tienen nada que ver.
Con la venia de todos ustedes les propongo algunas soluciones a corto plazo: mucho más control con los hijos; menos series que hieren la dignidad y la decencia de la ciudadanía; más recursos sociales para que nadie tenga que vender su cuerpo por cuatro papeles; o a poco que nos descuidemos esto será “la jauría humana”: un devorarse unos a otros.
No se olviden los creyentes de hablar de la pureza de María, de su bondad y buenos modales, de la tierna relación filian con sus padres San Joaquín y Santa Ana. De orar en familia para que los vientos huracanados de Sodoma y Gomorra no hieran los oídos y los ojos de nuestros hijos. Ustedes disculpen es que soy una antigua
