Celebramos hoy Ntra. Sra. de la Merced y además de felicitar a quienes lleven tal nombre, andaba yo dispuesta a escribir algo que fuera pío. Algo que les sirviera a los muchos cautivos que hay en este planeta. Desde las niñas secuestradas como esclavas sexuales, pasando por los inmigrantes sin papeles, o las largas colas de parados que incrementan su esclavitud a las ayudas y subsidios. ¡Hay tantos grilletes ocultos!.
Antes de seguir con las esclavitudes de este milenio, vale la pena detenerse en conocer la advocación. Según específica catholic.net.: En castellano se le ha llamado en plural, Virgen de las Mercedes, que no corresponde con el sentido originario de la advocación.
El significado del título “Merced” es ante todo “misericordia”. La Virgen es misericordiosa y también lo deben ser sus hijos. Esto significa que recurrimos a ella ante todo con el deseo de asemejarnos a Jesús misericordioso.
El título mariano la Merced se remonta a la fundación de la Orden religiosa de los mercedarios el 10 de agosto de 1218, en Barcelona, España. En esa época muchos eran cautivos de los moros y en su desesperación y abandono estaban en peligro de perder lo más preciado: la fe católica. Nuestra bendita Madre del Cielo, dándose a conocer como La Merced, quiso manifestar su misericordia hacia ellos por medio de dicha orden dedicada a atenderlos y liberarlos.
Desde el siglo XIII es patrona de Barcelona y el 25 de septiembre de 1687 se proclamo oficialmente patrona de la ciudad. Es además patrona de los cautivos (presos) y de muchos países de Latinoamérica.
La verdad es que no tengo ni idea de cómo celebran esta fiesta en las prisiones del país. Pero estamos a un paso del mes del rosario y me parece oportuno recordar esta devoción que tiene efectos milagrosos. Ya, ya sé que se considera cosa de beatas y está mal visto por la progresía que disfruta más con los mantras del zen y la “nube del no saber”, pero en esta sociedad donde es tan difícil encontrar un hueco para la oración mental, lo es menos para rezar el rosario. Se puede aprovechar el viaje de ida al trabajo, el paseo por la calle, o sencillamente un rato sacado a fuerza de voluntad dejando al margen otras ocupaciones.
Estoy pensando en momentos personales, largas noches de hospital, y el consuelo del rosario pidiendo la intercesión de Ntra. Sra. me ha servido de ayuda y ha calmado mi angustia en muchas ocasiones. Tengo la costumbre de invocar a María en las necesidades de mi familia. No le pido nada, simplemente rezo los misterios del día. El resto lo dejo en sus manos. Y no falla, el problema seguirá estando presente, pero la mirada ya no es la misma. Hemos descansado en los hombros de María con la seguridad de que ella intercede por lo que más nos conviene. Puedo asegurar que he vivido hechos inexplicables a los que se puede calificar de milagros.
Pues hoy vuelvo a poner en sus manos la situación difícil de tantas mujeres engañadas por las mafias, de tantos hombres que marcharon en busca de una nueva vida y se perdieron en las aguas del océano. De esos millones de seres desplazados por los cientos de conflictos que desangran la Tierra. Por quienes les atienden y les ayudan, para que siempre estén ahí., ofreciendo lo mejor de ellos mismos a los demás.
Podríamos seguir con el rosario de cautivos del siglo XXI, por ejemplo en prisiones clandestinas, sin posibilidad de un juicio justo. Los desaparecidos engullidos por el caos. Los explotados por patrones desalmados, los sin derechos. ¿Los hay?. Yo diría que unos siembran la justicia y nace inmediatamente el virus que la debilita. Es curioso que el nacimiento de los sindicatos fuera un gesto de solidaridad entre explotados. Hoy en el mundo occidental y con la democracia y los derechos laborales regulados, sigue existiendo la esclavitud y el mal trato.
¿No han oído hablar de las triquiñuelas para deshacerse de un empleado, golpeando una y otra vez su autoestima?. Situaciones en las que no se puede probar la malicia, pero se la sufre como si fueran grilletes de un barco negrero. Por todos esos a los que no podemos auxiliar, vale la pena rezar un rosario, incluso cientos de ellos. Porque donde nosotros no podemos llegar, donde tenemos que levantar los hombros con impotencia, siempre nos queda la posibilidad de ofrecer esa travesía amarga para que Nuestra Madre nos acompañe, con la mirada puesta en el horizonte de la esperanza
Ya te he comentado en otra ocasión que sacar el rosario en el autobús o en la calle, o en la cola del pescado o de la carne, en mi humilde opinión, como que no. Y no por el qué dirán, sino porque no es sitio de hacer “ese tipo de manifestación pública”. Si lo tienes metido en el bolsillo, o llevas las cuentas mentalmente, todavía.Yo prefiero hacerlo en el pinar, de madrugada cuando salgo con mis “fieles” a dar el paseo de costumbre. Nadie te ve, nadie te mira, a nadie impones, y además, que es lo mejor, no corres el peligro de negar el saludo a nadie absorto en tu plegaria o de que se te pase la vez en la cola y se metan contigo por despistado.Dices bien en lo que hablas de esclavitudes del siglo XXI. Son nuevas, pero son las de siempre. Y con la oración no se evitan ni se acaban, pero la mirada cambia luego y se enfrentan con otros ojos y otra esperanza de que por fin desaparezcan.Tu último párrafo en negrita, antológico.
Miguel Ángel:No he necesitado nunca sacar el rosario. Llevo las cuentas con los dedos. Los encojo y luego los voy soltando. Cuando pasan las dos manos, vuelta a empezar. ¿Qué te parece?. Nunca me ha pasado por la cabeza lo de ir con el rosario por la calle. Como tú bien dices, pues como que no.Un saludo
Pues me parece bien, lo de contar con los dedos. Yo lo he intentado, pero casi siempre me salen los misterios a veintitantas avemarías. Y es que me pierdo…Mi madre no sé cómo lo haría, que lo rezábamos antes de cenar, y ella, que dirigía, desde la cocina y entre cacharros, digo yo que cómo contaría. Supongo que también al poco más o menos.