El crepúsculo de la fe cristiana en Europa

Si hay algo que ha quedado claro en los últimos treinta años es que Europa ha perdido sus señas de identidad. La población originaria cristiana ha ido deslizándose por la senda del relativismo hacia un agnosticismo descafeinado. Un caldo de cultivo muy tolerante con todo tipo de culturas y religiones, lo que ha permitido una integración masiva de inmigrantes musulmanes sin ningún tipo de conflicto.

Ahora bien, la esencia de Europa y su grandeza le debe a la sociedad cristiana parte de su idiosincrasia. Cuando ha renunciado a ella se dan situaciones paradigmáticas. Como el caso de Bruselas donde la mayoría musulmana ha pedido la retirada del árbol de Navidad de su plaza central, porque ofendía sus creencias.

Vemos así una primera hornada de inmigrantes que aceptan convivir con gente muy alejada de sus costumbres y vivencias religiosas, para pasar posteriormente a reivindicar su identidad con el consiguiente conflicto de intereses. ¿Por qué habríamos de renunciar a celebrar la Navidad para no molestar al Islam, cuando ellos piden celebrar el Ramadán?.

Se sospecha que la crisis demográfica de los europeos dará finalmente una mayoría que nos llevará hacia esa Eurabia de la que tanto se ha hablado durante los últimos años. Creo que cuando El Sínodo de los Obispos reclama la Evangelización en este año de la Fe, lo hace consciente de las limitaciones e impedimentos que vienen sucediéndose en una Europa multicultural y en una sociedad globalizada.

Lo que sí podemos afirmar es que el la Alianza de Civilizaciones es sólo un fugaz espejismo durante un periodo de tiempo. Porque una vez que esas poblaciones se asientan con fuerza, marcan sus costumbres y peculiaridades, dando lugar a una Europa que se fragmentará inevitablemente. Mucho más cuando basa su fuerza en las mayorías sociales. La democracia actual será puesta en cuarentena dentro de unos años. Y los totalitarismos volverán pero ahora reclamando el derecho de aplicar la sharia. ¿Imaginan a qué nos lleva este conflicto?.

De momento tenemos países como Dinamarca, Bélgica y Holanda donde la mayoría musulmana ya campa por sus fueros en los barrios donde residen, con su propia policía para aplicar la ley islámica. Por tanto la convivencia está supeditada a la bondad de una población envejecida y sin raíces profundas, frente a la pujanza de una población joven y fecunda con ideas firmes sobre su fe y costumbres.

A una se le ocurre que durante años hemos ido en la dirección equivocada. Sintiendo que debíamos acoger a cualquiera sin imponer nuestra fe. Convencidos de que la fe es una cuestión personal e individual. Pero como podemos ver, hay situaciones donde es difícil separar lo fundamental de lo accesorio. Porque forma parte de una misma identidad.

Si hubiera un partido católico que defendiese los valores de una convivencia basados en la fe, probablemente no se hubiera aprobado nunca el mal llamado matrimonio homosexual. Ni sería un derecho el aborto. Pero tampoco se contemplaría con indiferencia la fe del vecino, porque estamos llamados a predicar el Reino de Dios a todo pueblo y nación. Y qué difícil predicar algo en lo que no se tienen una firme convicción.

Especialmente cuando tantos misioneros han perdido el deseo de convertir los corazones para dedicarse a la asistencia social en tierras lejanas. Tal vez porque hay un conflicto fundamental que no ha sido resuelto en estos últimos años. Un conflicto que confunde el servicio con la predicación. Y no es lo mismo construir puestos sanitarios que dedicarse a la evangelización. Aunque lo uno no pueda disociarse de lo otro, bien pudiera ser que nos hubiéramos olvidado del tesoro de la fe. Un tesoro que no podemos guardar en la individualidad.

Si ese tesoro no lo sacamos a la calle, habremos perdido una gran oportunidad. Porque la civilización occidental dejará de ser cristiana para pasar a ser musulmana. No tengan la menor duda.

Acerca de Carmen Bellver

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Una respuesta a El crepúsculo de la fe cristiana en Europa

  1. José Luís Samper dijo:

    Sí, creo que Europa se enfrenta a dificultades provenientes de su decadencia espiritual. La pervivencia de una cultura tiene una base biológica y si el desarrollo ilustrado europeo ha llevado a una natalidad por debajo de la necesaria para la renovación generacional, pues tendrá que aceptar que otros ocupen su lugar. Sin embargo, no hay que perder las esperanzas en un renacimiento de la fe cristiana. Hoy vivimos bajo el signo del número y el argumento del número parace el definitivo. Pero creo que los cristianos tienen el argumento de la verdad y, de una forma u otra, ésta resurgirá y acabará triunfando.

    Un saludo

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