El cardenal Sistach con el nacionalismo

El sueño soberanista de Cataluña trae juego sucio que llega hasta las cumbres más altas de la Iglesia. El cardenal de Barcelona defiende el modelo lingüístico catalán, frente a la reforma del ministro de Educación. Y lo hace con un argumento sibilino y demagógico, cree que evita la segregación. ¡Toma píldora!. Es decir que si usted es español no tiene derecho a estudiar en su lengua, si es pakistaní, tendrá que aprender catalán, y si es rumano no dude que el modelo de la Generalitat evitará su segregación ofreciéndole como pócima mágica el catalán.

Con la que está cayendo, a estos les deberían revisar el motor en algún centro especializado en trastornos de personalidad. No hay peor pesadilla que la que se intuye en Cataluña, donde unas familias de patricios dominan la política local y manipulan a los ciudadanos con el sueño soberanista, escondiendo a su vez, la realidad horrorosa de su pésima gestión. Azuzar divisiones y enfrentamientos nuca fue el modelo seguido por la Iglesia. Pero los religiosos catalanes han apostado por la división y su arzobispo encabeza el modelo autista de Cataluña. Narciso terminará ahogado en su propia imagen.

Ya es triste tener que salir de un templo porque no puedes asistir a los servicios religiosos en la lengua oficial de tu país. Ya es triste recibir multas por rotular un comercio con la lengua de todo el territorio español. La política catalana parece sacada de un relato kafkiano que va originando extrañas metamorfosis en su pueblo. La transición les proporcionó la coartada para inocular el virus nacionalista desde la más tierna infancia. Y ahora que el modelo no da más de sí, avanzan hacia el despeñadero arrastrando todo lo que encuentren a su paso.

El cardenal Sistachs ha caído en manos del poder omnívoro que gestiona la Comunidad Catalana, prefiere seguir el juego al delirio soberanista, buscando siempre situarse en una posición cómoda con quienes tiene que lidiar día a día. Pero al precio de desperdiciar una ocasión histórica para situar su discurso en defensa de la inmensa mayoría de la población catalana, abducida por el nacionalismo más totalitario que esa tierra haya podido sufrir.

En estos tiempos turbulentos parece que hemos caído en las peores manos posibles. Se extrañan figuras de fuste, con temple. Esas figuras que llevaron a buen puerto la transición que otros, con menos visión histórica, no dudaron en dilapidar la herencia recibida. Se extraña también esa Iglesia que acomodada en una determinada posición no arrastra tras de sí a nadie.

Ojalá esta crisis social y económica haga renacer de la mediocridad general, la savia que puede sacarnos del atolladero. Con ideas, con ilusión, con visión de futuro. Por ahora lo que podemos gustar es el sabor amargo de la falta de líderes. Y el carácter pusilánime de quienes esperan que escampe, prefiriendo venderse por un cuartillo. Aunque la realidad sea tozuda y les muestre que eso ya no es posible, que estamos en otros tiempos y ahora las subvenciones con recortes no dan para muchas alegrías.

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Acerca de Carmen Bellver

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