Cuando las ideologías nos obcecan

Vuelvo a retomar la homilía del obispo de Córdoba, para desmenuzar las arbitrariedades que se dan cuando se habla de ideología de género. A cualquier mujer del siglo XX que accedió por primera vez al derecho al voto, que pudo comprar bienes sin el consentimiento del marido y que además, comenzó a ejercer actividades laborales fuera del hogar, le resulta chirriante que se mezclen los términos. El feminismo no ha sido defendido nunca por la Iglesia. Tal vez porque detrás veían otros fantasmas que no querían asumir. No lo sé. Pero me gustaría que se dejara de mezclar homosexualidad, divorcio expres, laicismo, lucha de poderes entre hombre y mujer, etc. Que todo sea un revuelto confunde más que ayuda. El feminismo es un movimiento de liberación frente a una sociedad que consideraba a la mujer ciudadana de segunda categoría. Y eso es un hecho.

Tal vez por ello una comentarista habitual, sofia, habló en el post anterior sobre personalismo frente a feminismo, porque veía que se habían mezclado demasiado los términos, dando lugar a una lucha dialéctica sobre el tema que produce malestar. Juan Pablo II también era personalista, el cristianismo lo es, considera a toda persona con igual dignidad como hijo de Dios.

Hoy vemos que tenemos polarizada la sociedad por las palabras de monseñor Demetrio Fernández. Se han creado apoyos lógicos frente al término descalificador del portavoz de la Junta de Andalucía que pedía un bozal para el obispo. Pero con inusitada rapidez también se crea una plataforma desde Izquierda Unida que pide la dimisión del prelado. Resulta preocupante que una carta moderada como la de monseñor produzca tanto resquemor. Y digo que resulta preocupante porque lo que evidencia es la furia desatada contra la Iglesia desde el anticlericalismo más casposo.

Deberían considerar que nadie puede limitar la libertad de expresión. Y que la Iglesia propone la salvación del ser humano según el modelo del Evangelio. Ese es su cometido y coaccionar su labor hace pensar en periodos negros de la historia donde los totalitarismos más crueles desataron su furia sin piedad. Si se quiere perseguir a la Iglesia porque no bendice el matrimonio homosexual, ni el aborto, ni el divorcio, ni la eutanasia, estaremos persiguiendo la libertad religiosa. Que nunca impone a toda la sociedad sus valores, sino que los propone como modelo de salvación para la humanidad.

Tal vez nos estemos moviendo en unos territorios pantanosos donde reina la confusión. Tanto de la sociedad como de los fieles creyentes. Se agradecería un lenguaje propositivo que no confunda a la gente. Porque si bien se puede señalar un interés por diluir la importancia de la familia en la sociedad al modo como hasta hace poco la veníamos entendiendo. Nunca debiéramos mezclar otros temas por el camino. Salvo que queramos perder de nuevo el tren de la historia. Y busquemos falsas seguridades reflejadas en un pasado cómodo.

La sociedad está en crisis ahora y hace miles de años. Las crisis cíclicas son el paradigma de la historia. En ellas se dan convulsiones y extremismos de todo pelaje. Y lo que se echa en falta son analistas constructivos. En ese sentido hablaba yo de la epístola de San Pablo “No hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay hombre ni mujer; porque todos sois uno en Cristo”. Gálatas 3, 28. Es de desear que también se predique ese amor que nos hace corresponsables en todos los órdenes. Que se predique por ejemplo la desigualdad de salario entre un hombre y una mujer en determinadas profesiones. Que se predique contra el maltrato tanto de mujeres como de hombres, porque en él se encuentra el reflejo del desamor. Y no la paz que da el Señor.

La Iglesia que tantas veces ha tomado la defensa de las causas justas, no debería hablar de ideología de género, sino de las ideologías en general. Porque en la de género todavía hay mucho camino por andar. Y por supuesto los movimientos anticlericales harían bien en mejorar sus propuestas políticas en base a la libertad de todos los ciudadanos. Porque huele a imposición sectaria el cocido de algunos partidos.

Acerca de Carmen Bellver

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Una respuesta a Cuando las ideologías nos obcecan

  1. Y, sin embargo, según agrega, “una de las realidades más bonitas de la vida es la familia”, según su “estructura originaria, donde existe un padre y una madre, porque hay un varón y una mujer, iguales en dignidad, distintos y complementarios”, e igualmente “donde hay hijos, que brotan naturalmente del abrazo amoroso de los padres”, a lo que añade que “Dios quiere el bien del hombre y, por eso, ha inventado la familia”.

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