El pecado en la sociedad

Si ayer hablábamos de la corrupción que nos rodea. No es menos cierto que debemos señalar el pecado como el causante de tanto mal. Y no resulta fácil hablar del pecado en una sociedad que da la espalda a Dios. Es poco propositivo. Sin embargo Jesús lo tuvo muy claro desde el principio y así proclamó: “Dad a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César”. Lucas 20, 25. Era la palabra de un hombre honesto que se sabía corresponsable de su sociedad. De la misma manera volvería a señalar “Quien es de fiar en lo poco, también es de fiar en lo importante; quien no es honrado en lo poco, tampoco es honrado en lo importante” Lucas, 16, 10. Y es que como bien decía una comentarista el Reino se descubre en lo pequeño.

Y aunque ahora nos escandalicen los medios con la corrupción de políticos y la poca honesta praxis de financieros. La realidad es que en el subsuelo de la sociedad, también había pensiones fraudulentas, subvenciones innecesarias y todo tipo de acciones irregulares por parte de gente que no necesitaba delinquir y lo hacía por los mismos motivos que nuestros corruptos, la ambición, el egoísmo, o lo que es lo mismo el pecado. Lo cierto es que toda la sociedad necesita una regeneración porque hubo tiempos donde se creía que era necesario gastar un crédito para adquirir el último modelo de vehículo, para costear un viaje transoceánico, ir a la nieve o veranear en la playa. Un ritmo de vida que daba la espalda a miles de personas que no llegan a lo necesario. De esta manera se llegó a hipotecar toda la vida, con los resultados lamentables que ahora conocemos.

Tal vez la crisis nos enseñe que el consumismo desaforado de nuestra sociedad compulsiva, no necesita un Smartphone de última generación, una tableta para cada miembro de la familia y tantas otras cosas que me dejo por el camino pero que con sentido común todos podemos señalar. Si el mundo está mal repartido obedece a causas tan elementales como el acaparar por parte de unos para despojar a otros. Las bases de una sociedad más justa y más humana, comienzan en el propio hogar con unos valores que sirvan de brújula durante el resto de nuestras vidas.

En esencia el cristiano tiene esa brújula en el Evangelio. Pero no es fácil ser fiel a su Espíritu. Por eso todos tenemos que mirar entre los pliegues de nuestra ropa sucia. Gente que utilizaba la sociedad de bienestar para aprovechar al máximo sus prestaciones. Y mientras recibían beca de comedor o de libros, gastaban de manera innecesaria la prestación por desempleo. Aquí tenemos que ser honestos con nosotros mismos. Desde los pilares más bajos a los más altos, hay una gradación de corruptelas que no se pueden eliminar sin lastimar a muchos inocentes.

Si no podemos juzgar a todos los políticos, tampoco debemos juzgar a toda la sociedad, pero sí debemos ser corresponsables unos de otros. De manera que nos planteemos qué tipo de sociedad queremos construir. Tal vez es hora de poner límites a salarios desproporcionados de ejecutivos y banqueros, de políticos y empresarios. Tal vez para que todo el mundo viva dignamente, tengamos que renunciar a vivir ostentosamente.

En cualquier caso debemos ser conscientes de que el Estado de bienestar lo construimos entre todos y entre todos también lo podemos destruir. Para salvarlo hace falta una buena dosis de diálogo por parte de todas las fuerzas políticas y sociales. La herencia que nos dejaron generaciones anteriores no debemos de dilapidarlas como hijos pródigos. Porque al final del camino nuestras obras tuvieron unas consecuencias determinadas. Nuestros actos siempre tienen repercusión en los demás. Oremos por nuestros gobernantes y por todos nosotros para que podamos construir un futuro mejor. Que el Señor tenga misericordia de todos.

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Acerca de Carmen Bellver

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2 respuestas a El pecado en la sociedad

  1. me gusta tu manera de pensar,tal vez combiando yo cambie mi entorno

  2. La fe cristiana precisamente se basa en cambiar uno para testimoniar lo que se cree.

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