Footprints película sobre El Camino de Santiago

Ya ha sido estrenada con notable éxito la película “Footprints” sobre El Camino de Santiago. La cinta donará parte de lo que se recaude en cines a Cáritas para sus proyectos de ayuda a personas sin hogar.

La Productora Infinito +1 cuyas películas dirige Juan Manuel Cotelo lleva a sus espaldas varios éxitos sin precedentes en el mundo del cine religioso: Tierra de María, La última cima o Te puede pasar a ti, son sin duda una novedad en el panorama audiovisual. Apuestan por evangelizar sin rubores y lo hacen con estilo.

En la película “Footprints” el grupo protagonista recorre la ruta del Camino del Norte, que fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco el año 2015, la Ruta Lebaniega y por el Camino Primitivo. Aunque se desvían del camino para visitar lugares como la casa natal de San Ignacio de Loyola, los picos de Europa o rezar ante la Virgen de Covadonga.

Desde la productora de Infinito+1 aseguran que se trata de una película en la que se refleja especialmente “sufrimiento, superación, contemplación, alegría, amistad, belleza, reflexión espiritual”. “Footprints refleja todo el abanico de emociones que emana el Camino”.

No vamos a desvelar la especial sensibilidad que despierta esta emocionante aventura con unos paisajes de ensueño, unos diálogos que hacen pensar y una música que acompaña la travesía de estos peregrinos hasta llegarnos a emocionar.
El despertar de la fe, desde la soledad impuesta por esos caminos donde los andariegos peregrinos transitan es explicado con la notable habilidad de Juan Manuel Cotelo para comunicar al mundo de hoy, sin complejos y de manera didáctica.

Si quieres que la película se estrene en tu ciudad, se puede ingresar en la web http://www.footprintslapelicula.com y solicítarlo.

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La aventura de Job

Joaquín se sentía débil, timorato, cobarde, pensaba que era la nulidad más absoluta. Nadie le recordaba su época de éxitos, los momentos difíciles que había sabido sortear. En su memoria sólo acampaba lo oscuro, el vacío interior, la negritud del futuro. Había pasado por un shock traumático que ahora revivía de nuevo en su interior. Le decían que había que hacer frente al futuro, pero ese horizonte era un abismo suicida. Joaquín estaba enfermo del alma, del corazón de lo más profundo que hay en el interior.

Rehuía hablar a nadie de su mal ¿A caso le iban a entender?. “A perro flaco todo son pulgas”, dicen quienes nunca sortean el abismo de estar en el pozo oscuro donde respirar es casi un ahogo permanente, donde las noches en vela se prolongan con sus horas interminables.

A quién acudir, quién podía entender qué le estaba sucediendo, se mantuvo en manos de especialistas que dictaminaban sentenciando sus días. Y en su mente confusa sólo una plegaria permanente: El Señor es ni fuerza a quién temeré. Un mantra al entrar y salir de casa. Una oración repetida al ritmo de su respiración. Esa fe movía montañas. Esa fe le libraba de la desesperación, era la marca que llevaba en la frente desde sus primeros balbuceos.

Allí estaba al alba con sus oraciones, esperando el ansiado milagro de que la nube de la desesperanza se evaporara de su vida. Joaquín no era un cobarde, ni un timorato, sólo estaba enfermo y había que abrazarse a esa cruz con la humildad de quien sabe que nada más puede hacer que esperar abrirse el cielo con un rayo de luz deslumbrante.

Así son los días y las noches de quienes ni siquiera logran disfrutar de lo que antes más les gustaba. Así son las largas vigilias de los enfermos del alma, del corazón.

Dice Viktor Frankl que incluso en las condiciones más extremas de deshumanización y sufrimiento, el hombre puede encontrar una razón para vivir, basada en su dimensión espiritual.

Dice el Papa ante el sufrimiento de Job, que la plegaria es un remedio superior a cualquier pastilla. Se atreve con todo este Papa, incluso a enmendar la plana a cualquier especialista.

Seamos honestos hay un tiempo para cada cosa, un tiempo para sufrir, un tiempo para llamar a las puertas pidiendo ayuda, un tiempo para estar en soledad, un tiempo para vivir en compañía, y un tiempo permanente de oración que puede ser terapéutico siempre que esté bien dirigido.

Lo otro, aunque lo diga el Papa es construir castillos en el aire. A Job Dios dispuso que Satanás no lo atormentase más de lo que él pudiera soportar. Y así leemos las lecturas estos días escuchando el clamor de quienes como a Job la suerte les depara un tropiezo.

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La Mercè sin Ada Colau

La alcaldesa de Barcelona Ada Colau no acudirá a la misa de la Mercè, por segundo año consecutivo. Queda por tanto segregada la misa institucional. No se espera ninguna autoridad, como no sea a título particular. Porque lo que no va a dejar de celebrarse es esa misa, con autoridades o sin ellas. Y en eso estamos en que no necesitamos a los ediles para conmemorar a la patrona de Barcelona o de otra localidad. No necesitamos las bandas de música, ni las pletóricas filas de concejales que jamás acuden a ningún acto religioso, pero se avienen a cumplir con las tradiciones.

Pues eso, dejemos las tradiciones a quienes deseen celebrarlas con fervor religioso, y para quienes sea objeto de festividad laica que lo disfruten igualmente. Estamos en un revuelto de creencias y querencias. Pero tal vez deberían saber que conmemorar la Mercè es algo más que acudir a una misa en su honor. Es enlazar directamente con la Misericordia.

La Mercè es ocasión de hablar de una advocación que dio origen a una orden religiosa para redimir cautivos de musulmanes, sí, no se vayan ahora a molestar por lo que es histórico. San Pedro Nolaso dicen las fuentes que nace en Barcelona, España, 1189.

A los 15 años sufre la muerte de su padre y se dispone a repartir santamente sus muchos bienes a lo que su madre asiente.

Años mas tarde, estando en edad de casarse, peregrina a Monserrat. Allí, a los pies de la Virgen, pudo comprender mejor el vacío de las vanidades mundanas y el tesoro que es la vida eterna. Prometió entonces a la Virgen mantenerse puro y dedicarse a su servicio.

Eran tiempos en que los musulmanes saqueaban las costas y llevaban a los cristianos como esclavos al África. La horrenda condición de estas víctimas era indescriptible. Muchos por eso perdían la fe pensando que Dios les había abandonado. Pedro Nolasco era comerciante. Decidió dedicar su fortuna a la liberación de el mayor número posible de esclavos. Recordaba la frase del evangelio: “No almacenen su fortuna en esta tierra donde los ladrones la roban y la polilla la devora y el moho la corroe. Almacenen su fortuna en el cielo, donde no hay ladrones que roben, ni polilla que devore ni óxido que las dañe” Mt 6,20.

En 1203 el laico San Pedro Nolasco iniciaba en Valencia la redención de cautivos, redimiendo con su propio patrimonio a 300 cautivos. Forma un grupo dispuesto a poner en común sus bienes y organiza expediciones para negociar redenciones. Su condición de comerciantes les facilita la obra. Comerciaban para rescatar esclavos. Cuando se les acabó el dinero forman grupos -cofradías- para recaudar la “limosna para los cautivos”. Pero llega un momento en que la ayuda se agota. Pedro Nolasco se plantea entrar en alguna orden religiosa o retirarse al desierto. Entra en una etapa de reflexión y oración profunda.

Intervención de la Virgen para la fundación

La noche del 1 al 2 de agosto del año 1218, la Virgen se le apareció a Pedro Nolasco. El hecho es que la Virgen María movió profundamente el corazón de Pedro Nolasco para fundar la orden de la Merced y formalizar el trabajo que el y sus compañeros hacían ya por 15 años. El 10 de agosto de 1218 en el altar mayor de la Catedral de Barcelona, en presencia del rey Jaime I de Aragón y del obispo Berenguer de Palou, se crea la nueva institución. Pedro y sus compañeros vistieron el hábito y recibieron el escudo con las cuatro barras rojas sobre un fondo amarillo de la corona de Aragón y la cruz blanca sobre fondo rojo, titular de la catedral de Barcelona. Pedro Nolasco reconoció siempre a María Santísima como la auténtica fundadora de la orden mercedaria.Su patrona es La Virgen de la Merced. “Merced” significa “misericordia”.

La nueva orden fue laica en los primeros tiempos. Su primera ubicación fue el hospital de Santa Eulalia, junto al palacio real. Allí recogían a indigentes y a cautivos que regresaban de tierras de moros y no tenían donde ir. Seguían la labor que ya antes hacían de crear conciencia sobre los cautivos y recaudar dinero para liberarlos. Eran acompañados con frecuencia de ex-cautivos, ya que, cuando uno era rescatado, tenía obligación de participar durante algún tiempo en este servicio. Normalmente iban cada año en expediciones redentoras. San Pedro continuó sus viajes personalmente en busca de esclavos cristianos. En Argelia, África, lo hicieron prisionero pero logró conseguir su libertad. Aprovechando sus dones de comerciante, organizó con éxito por muchas ciudades colectas para los esclavos.
Los frailes hacían, además de los tres votos de la vida religiosa, pobreza, castidad y obediencia, un cuarto: dedicar su vida a liberar esclavos. Al entrar en la orden los miembros se comprometían a quedarse en lugar de algún cautivo que estuviese en peligro de perder la fe, en caso que el dinero no alcanzara a pagar su redención. Entre los que se quedaron como esclavos está San Pedro Ermengol, un noble que entró en la orden tras una juventud disoluta. Este cuarto voto distinguió a la nueva comunidad de mercedarios.
El Papa Gregorio Nono aprobó la comunidad y San Pedro Nolasco fue nombrado Superior General.

El rey Jaime decía que si había logrado conquistar la ciudad de Valencia, ello se debía a las oraciones de Pedro Nolasco. Cada vez que obtenía algún triunfo lo atribuía a las oraciones de este santo.

Antes de morir, a los 77 años, pronunció el Salmo 76: “Tú, oh Dios, haciendo maravillas, mostraste tu poder a los pueblos y con tu brazo has rescatado a los que estaban cautivos y esclavizados”.

Su intercesión logró muchos milagros y el Sumo Pontífice lo declaró santo en 1628.
La misión redentora la continúa hoy la familia mercedaria a través de sus institutos religiosos y asociaciones de laicos. Es también la misión de todo buen cristiano.
Fuente de Catholic net.

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El vaivén de la cuerda floja

Ya es difícil que la empatía surja cuando existen rencillas, difamaciones, malos entendidos. Pero lo cierto es que no hay nada más absurdo que intentar convencer con el diálogo a quien no quiere dialogar, a quien tiene sus esquemas preestablecidos. Entonces solo queda el derecho de la réplica expuesto con educación, intentando convencer, que no vencer. Porque en el diálogo lo que se pretende es el mutuo entendimiento.

Me hablan de situaciones incómodas en sitios de trabajo, de prepotencia, de abuso de confianza. Y siempre quedan dos posturas antagónicas, la del contrincante que ataca y aquel otro que se repliega sabedor de que tiene la partida perdida.

En un mundo de lucha ingente por el liderazgo hay algo que no funciona cuando se estropea el diálogo, cuando no hay escucha, cuando todo está prefigurado.

Vamos a establecer un paralelismo con nuestros partidos políticos que no llegan a ningún entendimiento, que mantienen sus trece por bemoles y que desean ante todo ganar al contrincante por encima de apostar por el bien común de la sociedad.

Vamos a establecer similitudes con quienes están dispuestos a romper esquemas y que sea lo que Dios quiera, pero no ofrecen soluciones, solo dictaminan sentencias con la prepotencia de poder.

En un mundo así es difícil sobrevivir para los más débiles, para quienes no tienen resortes de supervivencia. Se bloquean las salidas y se cae en el vacío más ignominioso, en la soledad más abrupta. Y cuántos de éstos pobres seres malviven cada día con su debilidad a cuestas, dependiendo siempre de la buena voluntad de los demás, porque no son capaces de lanzarse en tropel al ataque y dar estoque allí donde se debiera.

Pues nada, configuremos un mundo mejor donde la realidad no supere a la ficción. Un mundo de buenas voluntades. ¿No es eso lo que soñamos todos en el fondo de nuestro corazón?.

Hoy que es el día del Alzheimer recordamos como la memoria se desvanece para muchos seres queridos, como el olvido toma el relevo al pasado, como se inicia ese vaivén en la cuerda floja con despistes sin importancia, que formarán parte de una cadena cada día más horrorosa. Para todos ellos mi abrazo fraterno, sé cuál ha sido su infierno y el de sus familiares directos, el mismo que se agazapa en la debilidad de los pobres, que siempre dependerán de otros para sobrevivir.

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El revival de la Oración por la Paz

En ese bello y emblemático lugar de encuentro que es Asís hay convocada una oración por la paz este martes día 20. Se clausurará la Jornada Mundial de Oración por la Paz, una iniciativa interreligiosa en la que participan 400 líderes religiosos de varias confesiones. Nada más encomiable que orar todos juntos por el fin de las hostilidades en tantos lugares geográficos que nos asaltan en el telediario o que se difuminan como la nada en los medios de comunicación. Porque hay conflictos de los que se habla hasta la saciedad y una no sabe bien porque otros quedan huérfanos de esa memoria global que nos presenta lo alejado como próximo.

El Papa convoca por la Paz y algo no encaja con esto de que todos andemos revueltos y cada uno según su peculiar creencia oremos juntos de manera confusa. Lo dice Benedicto XVI y lo explica bien el vaticanista Sandro Magister. El encuentro de Asís nos ha hecho a todos un pan como unas pascuas. Porque la religión que profesa la salvación para toda la humanidad es la católica y de ahí no se apea ni el mismo Papa Francisco.

Sin embargo estos encuentros interreligiosos donde caben todos los credos unidos por una causa común son liderados por el Papa, como lo fueron hace treinta años por San Juan Pablo II, sin la simpatía de Benedicto XVI. Naturalmente este tipo de oraciones comunes nos deja a todos en el mismo rasero. Y no parece que la Iglesia deba renunciar a predicar el Evangelio a toda criatura, hacerlo junto al clamor de quienes se oponen a la misma fe católica, suena raro, pero que muy raro. Tiene un aire de Alianza de Civilizaciones, del zascandil Zapateril en pro de una buena causa, todo sea dicho, pero olvidando que da un aire sincretista de mal gusto.

En palabras de Sandro Magister: “En Asís, entonces, volverá a desencadenarse en toda su dramaticidad la tormenta perfecta que sacudió a la Iglesia Católica en el verano del año 2000, cuando la Congregación para la Doctrina de la Fe, presidida por Ratzinger, publicó la tan criticada declaración “Dominus Iesus”, destinada justamente a contrarrestar la idea que todas las religiones están en un mismo nivel y para confirmar, por el contrario, que hay un único camino de salvación para todos los hombres, que es Jesús”.

Que las campanas suenen al aire por el evento, que las luces se enciendan para orar en común, pero que nadie sueñe que la paz va a lograrse por la unión de este revival religioso. Porque ya dijo Jesús que nos dejaba la paz de una manera enigmática, no como la desea el mundo. Y está bien que trabajemos conjuntamente por pacificar conflictos, pero cuando oramos tenemos un mediador que no es el mismo en todas las religiones.

Como es natural me uniré en esa petición común por la paz. Son demasiados los conflictos del mundo. Pero también denunciaré que la venta de armas está incardinada en todos los gobiernos, incluido el nuestro. Que es un negocio corrupto que llega a manos de terroristas y provoca situaciones de dolor insufribles en la población civil. También denunciaré que las guerras nadie sabe bien cómo comienzan y mucho menos cuándo se paran, pero han sido intensamente gestadas por esas fuerzas del mal a las que nadie sabe poner freno.

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Astucia, el negocio de la Vida

Como casi todo resulta banal, efímero, intrascendente, pasajero, una se pregunta si debe seguir llenando cuartillas de Word para formar esa cosa llamada post, que en definitiva solo tiene un objetivo: manifestar que la fe forma parte de la cultura y está incardinada en el mundo actual, aunque algunos decidan suprimirla de su vida. Y puestos a dejar alguna aportación me decido por la reflexión personal.

Y cuando leo el Evangelio de este domingo los pelos se ponen como escarpias, porque no podemos servir a Dios y al dinero; pero el jueguecito de la parábola sobre el administrador infiel va mucho más allá. Se nos pide astucia, porque los hijos de la luz somos algo pánfilos en este negocio del mundo. Y para nuestra desgracia ese mundo es mucho más atractivo y sutil de lo que la misma parábola da a entender. (Lucas 16, 1-13)

A mí por ejemplo me queda claro que el primer lugar lo debe ocupar Dios y luego el resto. Ese Dios se manifiesta es actos de amor hacia los hombres y rechaza las conductas inmorales de todo tipo, en este caso se trata de un administrador infiel, que sabe buscarse la vida para seguir sobreviviendo. Pero en mi vida hay también muchos actos que son como los del administrador, en definitiva no somos todo lo honrados que debiéramos. Me refiero, por supuesto a esa moralidad interior que nos hace poner a Dios y a los demás en primer lugar.

Me gustaría animar al personal y decir que esta parábola no va con nosotros, cumplidores dominicales, generosos en el cepillo y en cáritas, voluntarios en nuestras pocas horas disponibles. Pero es ahí donde la cuestión se complica, estamos demasiado ocupados en todo y no administramos bien los dones recibidos. No ponemos toda la carne en el asador.

Está claro que esta parábola dejará a muchos tranquilos, ellos no son ricos, por tanto se quedarán sin entender que todos de alguna manera ponemos nuestro corazón en otras riquezas que no se ven: el orgullo, el trabajo, la vanidad, la avaricia, dioses de nuestro tiempo pequeños tiranos que nos esclavizan y alejan de Dios. Ponemos nuestro corazón en aquello que nos separa del amor de Dios, si no somos fieles en lo poco, nada podremos hacer en el futuro.

De manera que débil, poca cosa, llena de apegos ajenos a Dios, no puedo nada más que hincar las rodillas y pedir: Señor enséñame tus caminos, porque los míos se alejan de Ti y no quiero que eso suceda. Y de paso dame algo de esa astucia del administrador infiel y que Tú tanto sabes valorar.

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Salud, amigo. Que la fuerza te acompañe

La salud es un bien efímero que tiene curvas sinuosas por donde deja que nos deslicemos sin ningún tipo de protección. Es cierto que se aspira en la vida a muchas cosas: la felicidad cada uno la barema de modo diferente. Pero no hay bien más preciado que tener buena salud y capacidad para hacer frente a los acontecimientos. Cuando esto se pierde nos damos cuenta de lo fútil que fueron nuestras apuestas por otras felicidades banales y pasajeras.

A Jesús de Nazaret le seguía siempre un grupo de enfermos, gente capaz de confiar en tocar sólo su manto para curarse; personas que ni siquiera le querían molestar y como el centurión le dicen: “una sola palabra tuya bastará para sanarle”. Jesús es el sanador por excelencia sin haber practicado la medicina, tan sólo pasó haciendo el bien, de la manera como Él sabía.

Confiar en que estamos en manos de Dios también para las cosas del cuerpo nos hace sentirnos vulnerables pero seguros, porque nada hay que suceda sin que Él desee que sea así. Y todo camino recorrido es un largo aprendizaje en esta vida. También en la enfermedad.

Brindamos por la salud en cada reunión festiva, sabiendo que el néctar apurado no tiene mejor componente que el de sentirnos bien física y mentalmente. La salud lo es todo en un hogar, verse salpicado por la enfermedad trastoca las familias, las une o incluso a veces las divide, que de todo hay.

Tenemos también el amparo de María en la advocación de Ntra. Sra. de la Salud, fiesta que preludia la devoción mariana como intercesora de todos nosotros. Los toreros que saben bien cómo se juegan la vida, suelen implorar el auxilio de María, ella siempre ha prometido ser mediadora nuestra.

Apuremos por tanto ese brindis diario por la salud en cada momento y ocasión. Decía Dolores Aleixandre con su gracejo habitual que ya no nos despedimos con un Adiós, equivalente a ese vaya usted con Dios; ahora todo es más sutil, dejamos caer el hasta luego que suena a la suerte de varas en la espalda; cuídate, hasta pronto. Pues bien, reivindiquemos también esa despedida con un, salud amigo y compañero, y como en Star Wars deseemos a todos que la fuerza te acompañe. Especialmente a aquellos que tanto la necesitan.

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Judah Ben Hur

Hay películas que son atemporales, épicas y BEN HUR es una de ellas. La nueva producción me ha dejado un sabor extraño en la boca del estómago. Y no porque su interpretación o su historia en sí, no tengan el carácter de aventura necesario para llegar al gran público. Es sencillamente que, ni los efectos especiales, ni los avances técnicos han logrado mejorar la historia que narró Lewis Walace y dirigió Wiliam Wyler, en 1959, con unas interpretaciones memorables y unas escenas que quedaran en el imaginario colectivo para los restos.

Esta nueva versión tiene ciertas peculiaridades que se desvían de la historia original, la que conocemos de 1959 y que vemos en nuestras pantallas en Navidad o por Semana Santa. Sin embargo, es atractiva en su argumento, tiene un fondo cristiano evidente, donde el perdón y la superación del odio se consiguen gracias a la presencia de Jesús de Nazaret y los valores del cristianismo que defiende la esclava Esther. (Nzanin Boniadi)

Tras haber visionado ambas películas me quedo sentimentalmente enganchada a la de los 11 Oscars de 1959. Y si seguimos el rastro del autor de la novela original lo más interesante es destacar que era un cínico que se aproximó a la vida de Jesús hasta llegar a crear una historia romántica y de aventuras del gusto de la época. No olvidemos que fue escrita en 1880 , sin embargo también es cierto que esa aproximación le llevó a la conversión.

Las licencias del guión de esta última película nos hacen perdernos momentos indescriptibles que se viven con la presencia imponente de Charlon Heston, aunque sea muy respetable la interpretación de Jack Houston, lo mismo sucede con Mesala, interpretada por Toby Kebbell. Yo diría que guión comete ciertas licencias sobre el libro original que chirrían tras haber visionado la memorable y no mejorable BEN HUR de “Wiliam Wyler.

No obstante la aconsejo por varios motivos. Nos vuelve a seducir la historia del príncipe BEN HUR y su relación con los albores del cristianismo. Nos atrae la pasión, el odio y el perdón que emana de esta cinta con sabores épicos sin llegar a la excelencia pero cumpliendo su cometido, de manera que la emoción está asegurada.

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Caer en gracia

Todos nos preguntamos en ocasiones por qué caemos o no en gracia. Es algo que se palpa en el ambiente, caes bien o mal a la gente y no depende tanto de lo que hagas o digas, parece que actúa un instinto visceral que hay oculto en nuestro interior. Caer en gracia es fundamental en nuestras relaciones sociales. Pero bien visto caer o no en gracia depende de muchos factores. Uno de ellos es la empatía, esa virtud oculta que hace alterar la química de nuestro cuerpo y por la que nos sentimos atraídos hacia otro.

Aquí todavía estamos en el proceso de caer en gracia, que no tiene nada que ver con ser gracioso, aunque a algunos se lo parezca. La gracia o don de comunicarnos con los demás es una habilidad social y también una cuestión innata. Hay gente que es el alma de las reuniones, que tiene chispa natural y que no es el típico plasta que va gastando bromitas de mal gusto. Pero no por eso cae en gracia.

Caer en gracia es estar bien con el otro, conectar con la mirada o con la sonrisa. Y para un educador es casi una obligación enseñar en las relaciones sociales que no todos nos caen bien, pero que eso de caer en gracia es un don indescifrable que algunos llevan incorporado como la inteligencia o la belleza. Un misterio más de la vida, aunque sabemos que puede educarse la inteligencia emocional. Que haría brillar nuestras cualidades en situaciones de conflicto.

Y aquí viene la cuestión de estar en gracia, que es algo diferente pero que tiene cierto componente divino que nos hace estar a bien con Dios y con los demás. Que nos hace estar en paz aún cuando se encuentren las discordias a nuestro alrededor. De manera que para un creyente estar en gracia es la máxima aspiración de su vida diaria y caer en gracia sería una cuestión secundaria, agradable si se quiere, pero totalmente prescindible.

¿Por qué comento estos detalles?. Pues porque estamos a inicio de curso, se nos presenta un abanico de personas nuevas con las que tomamos contacto. Y algunas nos caen en gracia, otras se hacen las graciosas, y las más puede que nos resultan más indiferentes. Porque la empatía con las personas no se cuece a golpe de una mirada aunque algunos se crean tan listos para juzgar al otro por su porte o su simpatía.

Por eso la gracia tiene más importancia que caer en gracia. En definitiva estar bien por dentro es lo que nos deseamos en cada Eucaristía al darnos la paz. Nos vamos convencidos de que pedimos que nos libren del mal y que la paz de la gracia inunde nuestros corazones.

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¿Qué es eso de la Evangelización?

Reconozco que ya no sé en qué consiste evangelizar. Hace años los misioneros iban a tierras lejanas para hablar del Evangelio y presentar la Buena Nueva. Hoy parece que todo consiste en hacer obras de caridad, esas ONG presentes en tantos lugares que nos hablan del amor de Dios que se parte con el hermano, pero que silencian el por qué de ese amor para no ofender su idiosincrasia. Si, lo silencian, es una realidad que ya no se evangeliza tal y como veníamos entendiendo. Si de algo se ha criticado a Santa Teresa de Calcuta es que precisamente intentara convertir a sus pobres. Y una se queda anonadada ante esa especie de silencio presente en cada uno de los creyentes. No hay pasión por el anuncio del Reino de Dios, hay afán por darse a los demás en obras de caridad y misericordia pero solapando el porqué de esa dedicación plena al otro.

Habla el Papa que Evangelizar no consiste en hablar, ni en predicar, exclusivamente. Evangelizar es ser testigos del amor de Dios presente en nosotros. Y para eso se necesitan unos pilares fundamentales que están demodé en nuestra sociedad: la oración, los sacramentos y la caridad. Tres columnas vertebrales sin las que no hay evangelización de los pobres. Podemos tener comedores de Cáritas para todo tipo de creyente, sean o no cristianos, pero si no mostramos el deseo de que vean la luz de Cristo, probablemente nos hemos convertido en una sociedad filantrópica, no en el refugio donde se imparte la caridad, en el sentido cristiano de la palabra.

El peligro de no dar testimonio de nuestra fe está en esa especie de cómoda postura de silencio frente a los graves acontecimientos que se ciernen sobre la religión y la vida cristiana. El silencio manso de quienes no quieren discutir sobre ideología de género, religión en la escuela, aborto, relaciones extramatrimoniales y tantas otras cuestiones peliagudas que de ser tratadas podrían llevar al enfrentamiento con el compañero, el familiar o el amigo.

Mejor, el silencio y la muestra palpable de nuestra fe en las fiesta populares de la ciudad, en las procesiones rocieras, en las tradiciones religiosas. Ahí ha quedado reducida la pasión del Evangelio, en un testimonio puntual.
Y vienen los modernos a decirnos que la Iglesia es una cloaca de integrismo que pide lo imposible a la humanidad. Cuando la realidad es que la Iglesia es esa comunión de los fieles, pecadores todos, que busca la santidad sabiendo que necesita de la gracia de Dios para seguir adelante. Si pudiéramos convencer a los demás de esta realidad nos verían con otros ojos.

Como bien decía monseñor Demetrio ya no hay política que sea opuesta al pensamiento dominante, a la colonización ideológica de este incipiente siglo XXI, donde las contradicciones son tan llamativas que la gente termina por dar la espalda a la religión. No por falta de deseos de conocer a Dios sino por la total incongruencia en la que vive el creyente. Porque no nos preocupa la salvación de los demás, sino el cumplimiento de algunas obras de misericordia que se han convertido en un mantra para los fieles. Olvidando el resto de las mismas.

Puesto a analizar por qué ha claudicado la sociedad ante el hedonismo actual, no hay más verdad que la de la disolución de los verdaderos profetas de nuestro tiempo que predicaban a tiempo y destiempo la conversión de los corazones. Porque no hemos venido a construir una arcadia feliz en este mundo, sino a salvar almas para el venidero. Y cuando se olvida esta realidad, se puede convivir con los valores de una sociedad corrupta sin el más mínimo cargo de conciencia.

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