La gracia de la caridad de corazón procede del Padre

Ahora que se lleva tanto solidarizarse con todas las penurias del mundo, a través de las nuevas tecnologías o como voluntarios en primera línea, caemos en la cuenta que tenemos abiertos multitud de frentes. Podemos firmar contra la ablación del clítoris; contra la venta de niñas para contraer matrimonio con adultos. Podemos llorar frente al televisor al ver las pateras de náufragos a la deriva llegando ateridos de frío y de miedo, rescatados de la muerte que era la opción más probable.

Pero ahí no queda la cosa, luego están los campamentos de refugiados, sometidos a mafias draconianas sin más salida que aguantar lo que les toque. Podemos ser solidarios con los niños con cáncer, con los desahucios de familias; tenemos tanto por lo que solidarizarnos, por lo que comprometernos. Que a veces nos paraliza tanto bombardeo mediático anestesiando nuestra sensibilidad.

Y es ahora cuando conviene recordar aquello de que vale la pena hacer lo que sea por pequeño que sea, aunque sirva para dar un simple vaso de agua. Porque así se consigue la humanidad, así con pequeños gestos se salvan personas en situaciones críticas. Pero a ser posible con discreción.

Luego vendrán nuestros enfados por ese mundo tan mal repartido, donde sin embargo dentro del desorden siempre hay un orden magníficamente orquestado por Dios. Pero el hombre, para ser sinceros puede ser un lobo o el hermano fraterno que cura tus heridas en el camino como el buen samaritano.

Está en nosotros optar por un camino de ignorancia, que ya es imposible dados los avances técnicos que nos tienen informados y que a veces también nos manipulan para guiarnos por donde los poderosos desean.

Todo queda más claro cuando se sabe que la obra de Dios es la Creación incluida la de la humanidad, y no nos va a abandonar mientras sepamos elevar súplicas a tiempo y destiempo. Porque ” todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, él se lo concederá. (Juan 16 23b-28). Y la Iglesia pide sin cesar en cada Eucaristía por las necesidades concretas y también generales del mundo. Así que no cesemos de creer nunca que el Padre responde a nuestras súplicas. Aunque también nos enseña a actuar en consecuencia a esas mismas preces.

Yo me pregunto si tras tanta solidaridad no hay un poco de autosuficiencia: unos piensan que basta con entregar migajas y le llaman caridad, otros sabemos que todo aquello que se arrebata a un hermano es una injusticia. Pero también somos conscientes que es del hombre de donde surgen esas injusticias y abominaciones.

De manera que cuando hagamos caridad como dice la Escriturar que no sepa tu mano derecha lo que hace tu izquierda. Que no armemos revuelo, porque la gracia de la caridad de corazón procede del Padre. Nosotros sin Él no somos capaces de obrar el bien, porque el poco o mucho bien y amor que tenemos procede de esa efusión de Amor que fue capaz de encarnarse para pasar como uno de tantos, hasta llegar a decirnos el Reino de Dios está entre nosotros, cuando somos capaces de corresponder a ese amor. Y que más allá de la muerte está la verdadera vida sin sufrimiento ni dolor.

Me pregunto si somos capaces de creer en ello o sencillamente marcamos el paso con la rutina, sin más perspectiva que dejar pasar el tiempo.

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Hasta la vista Agustín. Todos estamos de paso

El Señor en su caminar por la tierra se afligió con los afligidos. Hoy se celebra el funeral de un joven que ha sido llamado a la casa del Padre, de repente, en medio de un patio lleno de escolares alegres y desenfadados, practicando sus juegos. Una pérdida repentina que nos lleva a plantearnos el por qué Señor. Qué sentido tiene que te lleves a un joven en la plenitud de su vida, con apenas trece años, dejándonos a todos consternados.

Y busco la respuesta en las lecturas de hoy y he de confesar que me cuesta hacer encajes de bolillos con ellas para encontrarme en paz. Porque esta situación te puede enfadar con Dios, y está bien increpar al cielo, los sentimientos se deben expresar. Y lo único que me sirve de sosiego es saber que donará sus órganos, que salvará vidas. Pero también sé que su vida no ha sido en vano, ha amado a su familia, a sus amigos, ha multiplicado su entrega a una velocidad sprint. Todos estamos llamados a la Pascua con el Señor, el ha encontrado la mejor parte aunque nos cueste aceptarlo

Porque sabemos que estamos de paso y que nuestro destino final es ese encuentro con Dios. En ello, Agustín ha salido ganando, su encuentro con la eternidad nos pone a todos frente a nuestra propia finitud y a preguntarnos qué es más importante en esta vida  finita. Y para el cristiano lo importante está precisamente al otro lado de las sombras de la muerte, en la luz perpetua, en la comunión de los santos.

Su alma forma parte ya de todos nosotros cuando nos reunimos en oración. Participa de las súplicas por los que nos quedamos aquí. Intercede a Dios por sus familiares y amigos.

Lo que nos afecta es que una vida en plenitud sea cortada como una flor, pero debemos recordar que su perfume permanece en nuestra memoria. Y que la Resurrección de Cristo es la victoria sobre el mal y la muerte. Estamos llamados a la vida eterna, ese encuentro con el bien y el Amor, es un deseo que permanece oculto en el interior de todos nosotros mientras recorremos la vida.

En sus exequias habrá gente de fe vacilante, ateos, agnósticos. Nosotros los creyentes ofrecemos nuestras plegarias en una despedida provisional, porque existe prometida una reunión Con Cristo, donde no volveremos a separarnos jamás. Es un hasta pronto, y un aprender a vivir por parte de nosotros en comunión con quien “se durmió en el Señor”.

Ahora ya me siento más tranquila, ya no increpo a Dios preguntándole el por qué. Sé que Agustín está en las mejores manos que nadie jamás puede estar. Orar por él nos une a todos. “La Iglesia que, como Madre, ha llevado sacramentalmente en su seno al cristiano durante su peregrinación terrena, lo acompaña al término de su caminar para entregarlo en las manos del Padre” Cate. 1683. Descanse en paz y brille para él la luz perpetua.

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Abusos generalizados

Estoy harta de que se hable por activa y por pasiva de los abusos en la Iglesia. Harta de que no se encuentre un periodismo valiente capaz de afirmar que los abusos están generalizados en la sociedad y, son más frecuentes en las propias familias que en los enfermos pederastas sean presbíteros o religiosos u otros miembros de la escala social.

Ya sé que eso no exonera la responsabilidad personal. Y que el escándalo es mucho mayor cuando se produce dentro de una Institución como la Iglesia que predica el amor fraterno. Sé que el mundo está podrido, con sus miles de esclavas sexuales, con el turismo sexual de menores, con la venta de niñas en matrimonios concertados por sus propios padres. Como dice Mafalda, que se pare el mundo que me bajo.

Pero afortunadamente, esos abusos tienen ya tolerancia cero, son juzgados y condenados. Y lo que nadie dice es que esas personas deben ponerse en tratamiento psicológico para superar su pulsión equivocada. Y lo que no es noticia es la cantidad de amor repartido por el mundo por la misma Iglesia. Cientos de colegios y obras sociales, miles de hospitales y centros sanitarios. Miles de generosos voluntarios al servicio de los demás.

Pongamos un poco de color al blanco y negro de los abusos. Digamos que hay que destruir la imagen perversa de algunos perturbados que influye en el resto de la Iglesia. Pongamos un poco de amor en la balanza desequilibrada de este mundo hostil y depravado. Hay abusos entre matrimonios y novios y parejas de hecho. Hay abusos entre poderosos y débiles.

No sólo se tiene que perseguir el abuso del sexo, sino cualquier otro, como el someter a una menor a la ablación del clítoris, como forzar al asesinato de tu familia y convertirte en niño soldado. Si esas cosas no son abusos qué otra cosa pueden ser.

El mundo está lleno de abusos de toda índole, debemos denunciarlos, como ha hecho el padre Alejandro Fernández Barrajón, con las monjas jerónimas sometidas a la arbitrariedad de un pelotazo urbanístico, sin considerar el derecho de mantener su lugar de residencia donde han permanecido durante siglos.

Hay abusos de quienes siempre tienen la sartén por el mango y el mango también. Para muchos someter a los demás a sus deseos es casi una necesidad patológica. Pero el mundo está lleno de este pecado que recorre todos los Mandamientos de la Ley de Dios. No sólo se trata del sexto. Hay ira, ambición, envidia, deseos ocultos, y nadie está libre de caer en las garras del pecado, porque es consustancial al ser humano.

Después de airear en los medios los abusos de algunos miembros de la Iglesia, estoy esperando que la Iglesia ore por esas personas, que como cualquiera necesitan de la comunión de los santos. Y ore por las víctimas para que sean capaces de reparar su cicatriz y perdonar de corazón. El camino de la venganza es el de Caín con su hermano Abel. Y el camino de Jesús es el de la misericordia con todos los hombres y mujeres de este mundo. Una misericordia en la que siempre tiene la palabra justa, “Anda y no peques más”.

Por favor contemos las noticias con un poco de entrañas, sin la frivolidad con la que a veces hacemos gala en nuestros artículos y comentarios.

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Europa, tierra de Misión

Vivimos una época donde Europa se ha convertido en tierra de Misión. Las oleadas de inmigrantes, confinados en campos de refugiados, pasando situaciones que recuerdan las penosas circunstancias que rodearon la Segunda Guerra Mundial, nos hace pensar que el cristiano tiene mucho que ofrecer. Defender la dignidad del ser humano, es una de nuestras principales convicciones.

Si reparamos en todo lo realizado hasta ahora, veremos que se han abierto economatos y roperos parroquiales, gestionados por voluntarios de Cáritas. También existen ayudas de tipo humanitario en zonas de conflicto realizadas por Congregaciones Religiosas. Y ante estos hechos, conviene reconocer que la fe no mueve algunos de estos actos generosos y altruistas. Actos que también realizan otras organizaciones no asociadas a la Iglesia católica.

Estamos por tanto en un tiempo de Misión en Europa. Por una parte despertar la sed de Dios en el mundo. Una sed que sólo puede ser saciada por el encuentro con el Señor, pero para llevar a ese encuentro se necesita antes muchas horas de oración. Algo que hoy algunos ven como anacrónico, en una sociedad aletargada por los medios de comunicación y las redes sociales, donde el silencio interior necesario para ese encuentro personal con Dios, es casi un castigo para los jóvenes, quienes viven consumiendo tecnología y llenándose de la basura que nos ofrecen los medios.

Resulta maravilloso que las oleadas de inmigrantes nos hayan convertido en una sociedad multicultural. Una riqueza que se percibe como oportunidad para ser más humanos y fraternos. Pero por contra tenemos el pensamiento dominante impuesto por esos medios de comunicación, que nos llevan a alejarnos de las preguntas fundamentales que todo hombre y mujer deben hacerse a sí mismo: ¿Quién soy?. ¿Por qué existo?. ¿Vivo por una mera casualidad?. Y otras preguntas que se deben plantear, que alguna vez se han cuestionado en aforos donde se estudia filosofía: el pensamiento humano a través de generaciones. O cuando se llega a la teología: el campo reservado para Dios y que hoy ocupan teólogos sin fe o con una ideas que destruyen la misma.

Estamos en tiempo de conflicto porque aunque la democracia defiende la libertad religiosa, algunos quieren imponer la fe por la fuerza, en una suerte de invasión salvaje que someta la cultura judeo cristiana a la sharia. Aquí los políticos deben lidiar con los fenómenos totalitarios y de rasgos laicistas, que se imponen frente al conflicto religioso.Impuesto por un grupo de fanáticos.

En un tiempo donde las vocaciones merman, surgen nuevas congregaciones con ideas y fuerza para acometer los riesgos de nuestra sociedad. Las mismas palabras del Papa Francisco, que nos habla de ir a las periferias existenciales, las que hoy rodean nuestra decrépita sociedad, dividida entre la élite de los poderosos y la mayoría sometida a sus vicisitudes.

Tiempo por tanto de prepararnos para dar testimonio con unos valores que han hecho de este mundo un lugar más habitable. La fe que nos lleva a abrirnos a los demás, también nos lleva a arrodillarnos ante el Sagrario, en la confianza de que estamos en buenas manos y la luz del Espíritu guía la barca de Pedro y también nos guía a nosotros cuando nos ponemos en manos de Dios .Ojalá todos encuentre ese espacio de silencio interior necesario para conectarse con lo Sagrado.

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Te juro que ésta me la pagas

La frase que titula el artículo es en verdad muy conocida. Se suele escuchar por cosas importantes, pero también por nimiedades, desencuentros que pueden ser salvados con el diálogo y la buena voluntad. La frase, sin embargo, no puede ser más opuesta a lo que pregona el Evangelio de este domingo: “Y si uno llama a su hermano imbécil, tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama necio, merece la condena de la gehenna del fuego. (Mateo 5, 22-23).

Todo el pasaje del Evangelio de este domingo va más allá de la Ley. No vale un cumplimiento rutinario y cómodo, se nos exige mucho más que no matar, nos pide que no tengamos ira, ni ofendamos gratuitamente a los demás. Se pide algo más que no cometer adulterio, por ejemplo no consumir pornografía, eso deducimos del evangelio de este domingo extraordinariamente exigente. Con solo el deseo de la mujer de tu prójimo ya has pecado.

Por otra parte en un mundo donde los insultos gratuitos salen en periódicos , televisión y redes sociales. Donde no se respeta al prójimo y se calumnia con extraordinaria facilidad. El Señor nos pide que no tengamos la lengua de serpiente, que nos mordamos el veneno que a veces solemos soltar, sin considerar que la ira es un pecado capital. Una ira que a veces surge en la propia casa con discusiones familiares, donde los insultos son el pan de cada día.

Les aseguro que resulta muy complicada esta frase: “Que vuestro hablar sea sí, sí, no, no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno”. En realidad la maledicencia, las críticas de café, las calumnias presupuestas por actos que no se pueden comprobar. Son uno de los defectos más comunes de nuestra sociedad. Forman parte de las relaciones humanas con una frecuencia inaudita.

Hoy se nos pide ir más allá. Porque no se trata de no cumplir los Mandamientos, sino de vivir en el amor que Jesús nos enseñó. Un amor que supera la ley y la convierte en actos de delicadeza, de ternura y de comprensión hacia quien se opone a ti.

Por utilizar las mismas palabras de otro pasaje Evangélico: “Quien esté limpio de pecado que tire la primera piedra”. Ante estas situaciones no vale el voluntarismo sino el encuentro con el Señor y oración. Porque los arrebatos y los prontos de un determinado carácter pueden convertirse en una espina lacerante en nuestra vida espiritual.

Hacer una vida más justa y fraterna sólo se consigue superando la ley, borrando resentimientos, buscando que el temperamento colérico se transforme en la mansedumbre de Jesús. Y esto no es lo que se enseña en la familia y las escuelas, donde prima la ley del más fuerte. Donde se persigue al débil y se llega al acoso. Y no sucede en las empresas donde los mismos compañeros son lobos entre ellos, capaces de cualquier cosa por conseguir un ascenso, más prestigio, mayor salario.

Pongamos por tanto, el discurso que tengamos hacia nuestros oponentes en un tono que no suponga descalificación grosera, sino exposición razonada de nuestra postura. Y demos un toque a toda la sociedad que ensucia con su lengua viperina, las redes, la televisión y cualquier medio de comunicación. Que el Señor nos ayude a ser hombres y mujeres de paz.

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Liturgia y servicio a los hermanos

Estoy un poco confusa con tanta dicotomía entre liturgia y el servicio a los hermanos. Y lo estoy porque siempre me ha preocupado que la gente se atribuya las obras de caridad como propias sin dar las debidas gracias a Dios. En principio tenemos dos mandamiento Amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo” (Marcos12, 28-31). Al parecer el decálogo a Moisés se resume en estos dos mandamientos. Pero es necesario explicar que Jesús no vino a abolir la Ley ni los profetas. Y que el decálogo sigue el precepto del amor a Dios y al prójimo.

Parece fácil, pero somos seres complejos. Amar a Dios lleva a adorarle, darle gracias e incluso pedirle toda clase de bienes. Así nos lo indica la oración del Padre Nuestro. Adoración, gratitud y petición humilde. La fe es un don muy especial y sin creer que Dios puede hacer de mi lo que quiera, aún en mi debilidad, caeríamos en un vano activismo, que es lo que últimamente se predica con mucho afán. Hablamos de las obras de misericordia, en especial las corporales y nos olvidamos de las espirituales. Y si me apuran nos atribuimos lo poco que hacemos como si fuera el no va más, sin pensar que la actividad es el resultado de nuestra relación con Dios.

Cuando se intenta banalizar la liturgia, de alguna manera se olvida que en ella está la oración común de todos los fieles y la Eucaristía que nos fortalece para poder ser como Dios quiere. Porque de voluntarismo está lleno el Universo, pero no por querer ser más altos, creceremos un palmo de estatura. Me gusta mucho la figura de Santa Teresita de Lisieux, que convirtió su debilidad en santidad. De igual manera admiro al beato Charles de Foucauld. Que hizo de su vida en soledad en el desierto todo un apostolado hacia los demás, en especial los tuaregs.

No veo por qué se tiene que desacralizar la liturgia que une a todos en la mesa de la comunión, que nos hace fraternos y nos mantiene en unión unos con otros. No veo por qué se debe predicar que Jesús no instauró ningún culto. Estamos ante cuestionamientos que hacen perder la fe de nuestros jóvenes, que no entienden aquello que se realiza en la Misa y tampoco disfrutan de la misma, cuando cada parte es un compendio de amor a Dios y a los demás.

No, la liturgia no es lo que aleja a los jóvenes de misa, es la falta de encuentro con un Dios personal que les dé sentido a su vida, y el relativismo de algunos teólogos que se han empeñado en humanizar a Jesús hasta dejarlo hueco del Cristo Rey del Universo. Y para eso nos traen clases de antropología que hablan de esa necesidad humana de los ritos. Para esas cosas ya tenemos a Mircea Eliade, no necesitamos teólogo modernistas.

No, señores. Nosotros ya tenemos resuelto el problema de la evolución de los ritos. Tenemos el Antiguo y el Nuevo Testamento. Y la vida de miles de hombres y mujeres que antes que nosotros han intervenido en ese Misterio maravilloso del Amor de Dios a la Humanidad.

Si no sabemos predicar ese amor, nada más que ofreciéndonos como servicio a los demás, olvidamos lo principal, que sin amar a Dios es imposible amar al hermano, porque es Dios quien obra en nosotros la capacidad de entrega y la capacidad de oblación. Y no diré más. Creo que perdemos mucho con ese intento de querer desmitificar lo que es Sagrado por Naturaleza. Con esa actitud no se van a llenar las Iglesias y los conventos medio vacíos de hoy. Como es lógico mi palabra no es más que la de una humilde creyente de a pie que reflexiona sobre el hecho religioso al albur de lo que dicen los letrados y maestros de la fe, es decir algunos teólogos.

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Lágrimas por Cataluña

Estamos preocupados, la insólita chulería de los gobernantes secesionistas nos hace temer lo peor. Y mientras ellos siguen ocupando portadas, la realidad social si me permiten la expresión es cada día más preocupante y más tensa. Partidos que supieron pactar la transición, se desgarran ahora entre sí mismos. Partidos que fueron una bocanada de aire fresco para muchos, aseguran su poltrona y se vuelven casta.

Pero no vengo a escribir de política, todavía anda mi mente confusa, revuelta por los acontecimientos del mundo y del país. Vengo a hablar como siempre a la buena gente, a todos aquellos que siguen su día a día esperando que esto escampe como en una tarde de tormenta. Y pregunto si ellos no sienten la misma inquietud que yo siento. Me pregunto si los españoles no vamos a pedir al Gobierno que en ese tablero de ajedrez que llevan entre manos con Cataluña, finalicen ya la partida.

Y es que las leyes se enredan entre sí, queremos ser legalistas y vamos a cumplir la Constitución, pero mientras, se exalta la división frente a nuestras narices. cada día nos despertamos con una chulería mayor. Y esto es el resultado de esa larga travesía de pactos con los nacionalistas durante legislaturas anteriores. Pactos que fortalecieron la idiosincrasia propia en detrimento de la españolidad.

Andamos revueltos, con ideas peregrinas en muchas Comunidades. Los reinos de taifas construidos para el bienestar de la diversidad y riqueza plural de nuestra España, se vuelven ahora irascibles y con talante totalitario.

Nos hace falta más historia en la enseñanza. No esa historia local que cercena la unidad y sólo habla de la propia Comunidad. Nos hace falta mucha historia desde la más tierna infancia. Y descubrir cómo se construyó España como nación. Sentir de nuevo que formamos parte de un proyecto común y que está bien reivindicar lo local, pero es mejor elevar la autoestima de la españolidad, que hoy anda por los suelos.

El respeto a las Instituciones, pasa por algo tan banal como el respeto a un trozo de trapo que representa todo el país. Y así, conociendo la historia es como uno se siente orgulloso de lo propio. Y si algún rincón de España sigue con sus complejos étnicos que se lo haga mirar. Nuestra bandera nos representa por el mundo como país.

Se derramó mucha sangre para construir una nación sólida, han transcurrido avatares insólitos que fortalecieron esa unión de todos los españoles, son más de quinientos años de pluralidad en la unidad. Y sigue siendo posible esa diversidad y riqueza en las costumbres, en las diferentes regiones del país. Pero hace falta sentirse orgullosos no sólo cuando las selecciones deportivas juegan fuera de España, sino también como ciudadanos que sentimos que es tan española una fabada, como una paella, uns castellets, como un queimada, una sardana, como unas bulerías. Y podría seguir y seguir, porque cada rincón de esta piel de toro tiene su espacio.

Que entre la buena gente al ruedo para parar la deriva secesionista de Cataluña, donde cuarenta años de democracia han servido para construir un sueño quimérico y peligroso.

Que no nos arrebaten lo que entre todos construyeron para el bien de este país.

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El camino del bien

El sueño de la democracia ha consistido siempre en poder gobernar con ecuanimidad frente a la visión dispar de los diferentes grupos políticos. Cuando se busca el bien común es el camino más adecuado para resultar imparciales en las decisiones establecidas por nuestros representantes en el Congreso.

Sin embargo, estamos frente a una crisis del sistema. Algo nos dice que la democracia ya no representa la soberanía popular. Que los intereses ocultos y la corrupción se han instalado como un cáncer en la sociedad. Falta un líder, apuntaba el Papa. Me permito corregirlo, faltan líderes, faltan ideas, sobra demagogia y populismo.

Sin una sociedad capaz de pensar y de ser crítica, con la acumulación de estímulos visuales que nos proporcionan los medios de comunicación y las redes sociales. Estamos inmersos en una gran pecera donde vemos lo que quieren que veamos, de manera tan solapada que es imposible apuntar a la imaginación del futuro común.

Como soy católica, no me falta esperanza. Sé que al final de los tiempos el Reino de Dios se impondrá para todos en una nueva realidad verdaderamente justa y divina. Pero mientras tanto, como civil, tengo que tomar partido y optar por analizar la realidad que nos circunda. Ese buscar en palabras de fe los signos de los tiempos, para que dejemos actuar al Espíritu.

Hoy estamos cerca de considerar los derechos humanos como una especie de mandamientos. Me explico, no es que esté en contra de los derechos humanos, sino de aquellos, de entre los cuáles, se han introducido como tales, sin la concurrencia de la reflexión y el pensamiento antropológico. Derechos que dan de lado a las obligaciones.

¿Es un derecho humano la eutanasia?. ¿Es un derecho humano el aborto?. Legislaciones de algunos países lo consideran derechos, y aquel que discute ese pensamiento dominante, es perseguido como dogmático. Y es que hemos puesto en el centro al hombre, desplazando a Dios. Actuamos por humanitarismo, no por amor como nos pide el Señor. Defender los derechos humanos que emanan del amor a los demás, es una obligación, pero cuando se subvierte el orden lógico y se pone al hombre como centro del Universo, estamos cayendo en una idolatría peligrosa.

El primero en romper el dogmatismo de su tiempo fue Jesús, pero no puso al hombre en el centro, puso la misericordia y el amor fraterno. Puso al Padre y su voluntad como movimiento constante de su corazón. Y el Padre le llevaba a obrar no como un nigromante que practicaba hechos extraordinarios atribuidos al diablo por sus conciudadanos.

Esos milagros tenían un objetivo, convertir al Reino de Dios a los demás. Hoy Dios no pasa de ser un señuelo para incautos en la mente de la mayoría, por tanto no es extraño que se ponga más énfasis en hacer obras y en actuar por los demás, pensando que ahí reside toda la religión. “Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo”. (Mateo 25, 40). Ciertamente las palabras se utilizan en muchas ocasiones como un arma de doble filo. Porque también nos enseña a orar: “Todo aquello que le pidáis al Padre en mi nombre se os concederá”. (Jn 16, 23b-28)

¿En dónde hemos dejado la fe?.¿ En un actuar por nuestros propios medios o en un actuar siguiendo la voluntad de Dios?. Ese es el debate del católico del siglo XXI. Mientras no seamos capaces de enfrentarnos al pensamiento único que nos trasmiten los medios, estaremos siendo como los fariseos cumplidores de la ley social impuesta por decreto en nombre de los derechos humanos. Pero olvidando la Ley de Dios que es obra del amor y que defiende al ser humano siguiendo la voluntad de Dios.

Democracia hoy, es una palabra sin sentido. No hay una ética cristiana en la sociedad, sino una ideología dominante que va imponiendo su totalitarismo como en el pasado lo hicieron nazis y comunistas. Por tanto sigamos obrando el bien, pero no dejemos de orar para ser capaces de seguir el camino de la verdad, superando las coacciones de los medios y las redes sociales.

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“Las campanas ya no suenan, apagaron su clamor”

El título del artículo se corresponde con un poema inédito y va a resultar que además fue premonitorio. Según ordenanzas del Ayuntamiento de Valencia, hay contaminación acústica con el toque de campanas. De modo y manera que han ordenado silenciar unas cuantas de renombre histórico. La primera en caer ha sido San Nicolás, la llamada Capilla Sixtina de la capital del Turia, restaurada recientemente. Luego han ido a por los Santos Juanes, enfrente del monumento gótico civil más importante de Europa: la Lonja. Han recibido comunicaciones también otras iglesias.

El revuelo mediático y el descontento popular nos lleva a mirar con lupa a quienes en una de las ciudades más ruidosas de España, intentan apagar el toque de campanas, o lo que es más absurdo que ese toque milenario e histórico se reconvierta según las indicaciones del Ayuntamiento.

Digamos que las campanas son un bien de la humanidad, nos han acompañado durante siglos, tienen nombres, hay una asociación de Campaneros que nos alegra las fiestas con sus diferentes toques, para que se conserven y no se pierda la tradición.

Perdonen que mi indignación siga el planteamiento de siempre. El grupo que gobierna nuestra ciudad, ¿no tiene otras cosas mejores que hacer?. O de lo que se trata es de dar un poco de ideología laicista para que la marca Podemos parezca que hace algo de provecho. Meterse con la Iglesia es un tema recurrente cuando llega la declaración del I.R.P.F., cuando se insiste con los impuestos. Parece que atacar a la Iglesia es como aquella frase de Zapatero: “conviene que haya tensión”.

Y así de esta manera conseguir también que la marca católicos se asocie a lo cavernario y lo tradicional y quede paralelo a una derecha cerril, para que ellos pasen a ser los abanderados de las libertades, o libertinajes que más les convenga. Es el juego de la ingeniería social, cuando más se habla, más opiniones sin sentido se leen al respecto.

Ya tenemos la ideología de género impuesta en los Colegios. Han apretado las tuercas a las escuelas concertadas, siguen mareando la perdiz con todo lo que tenga que ver con la ingeniería social, siguiendo la estela del PSOE, sin tocar las reformas más importantes, las que de verdad afectan al bienestar de los ciudadanos.

Porque seguir con el juego parece que va bien a los votos de quienes piensan que callar lo católico es progresista. Y nunca se les pasa por la cabeza que sus actitudes son totalitarias y propias de regímenes llenos de cadáveres y presos de conciencia. Y así paso a paso seguimos mareando la perdiz a ver si cuela el laicismo como marca de la casa.

Han llegado a cortar ayudas a asociaciones de la Iglesia que se ocupan de los más necesitados, con eufemismos del mismo tipo que el de los toques de campana. Estos señores no han abierto las sedes de los sindicatos para que durmieran los sin techo resguardados de las inclemencias. Sencillamente lanzaron un manifiesto para que se abriesen todas las iglesias, como si Cáritas no tuviera pisos dedicados a recoger del frío a los sin techos.

Y en este lodazal de dimes y diretes se atreven a fotografiarse con los párrocos que han dado asilo a los sin techo, para lanzar balones fuera y que un problema del Gobierno quede en manos de la Iglesia. Porque son ustedes señores quienes tienen que solucionar la precariedad social y quienes llevaban en su programa político las medidas necesarias para evitar la mendicidad, la crisis social y todo lo que sigue estando vigente tras años de gobierno.

Pues bien, no callaremos, desde aquí volvemos a levantarles los colores. Ustedes gobiernan para la galería, el populismo y el enfrentamiento social. No es ese el espíritu de la democracia.

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La vocación del cristiano

Todo comienza cuando te sabes incapaz de dar un paso más para el cambio que el encuentro con el Señor te demanda. Quisieras hacer muchas cosas, pero en realidad estás paralizada, la vida es una rutina mecánica que te impone sus ritmos. Y entonces te surge desde dentro una imagen perturbadora: eres una mediocre y cómoda cristiana que vive el letargo del cumplimiento cristiano de los sacramentos.

Seguramente te implicas en algunas actividades de la parroquia, pero sabes bien que no das más de ti. Es entonces cuando vuelves la mirada hacia tu interior y observas que pecas de orgullo. Que deseas hacer y hacer, sin pensar que todo reside en ofrecer lo poco que somos al Señor y dejar que Él se encargue de transformarnos.

La columna de la oración es la que permite convertir el hacer en una oblación y no hay nada más generoso que convertir la propia vivencia diaria en un ofrecimiento al Señor. Me llama la atención que el Papa Francisco no vea la televisión por una promesa que hizo en su día. La cumple a rajatabla. Y pide que recemos por Él. Si tuviésemos la antena de Dios puesta en sintonía, apagaríamos muchas veces la televisión.

Oramos todos juntos en la Eucaristía unos por otros. Y así nos volvemos un poco más humildes. Porque sabemos que lo que somos, con todos sus defectos, es posible convertirlo en una ofrenda a Dios, padre misericordioso, dispuesto una y otra vez a acogernos en sus brazos.

Reconsiderar nuestros actos supone ponerlos allí ante el Sagrario y preguntarse: ¿estoy haciendo lo que debo o sencillamente me deslizo por la comodidad y la mediocridad?. Y sí es así y no encuentro camino para dar un giro a mi vida, al menos lo ofrezco al Señor para que Él me de fuerzas para cambiar aquello que deba cambiar, y aceptar aquello que deba aceptar.

En palabras de Thomas Merton: “El verdadero edificio de la Iglesia es la unión de corazones en amor, sacrificio y trascendencia personal. Y la solidez de este edificio depende de hasta qué punto toma el Espíritu Santo posesión del corazón de cada persona..”

De manera que aceptarnos como somos es un paso necesario para crecer en Cristo y hacer más profundo nuestro contacto con Él. Y el camino arduo y áspero que a veces se nos presenta en la vida, puede ser un motivo de transformación maravillosa que nunca habíamos logrado imaginar.

Nos ofrecernos como somos, con nuestras limitaciones, para hacer buenamente lo que podamos, pero llevando todo a la oración, para que esa rutina diaria no sea un fosilizarse. Porque el Espíritu es transformación y renovación.

Santa Teresa de Jesús define la oración: “como tratar de amistad con quien sabemos que nos ama”. Pues bien las exigencias de la amistad están siempre abiertas a las necesidades del otro, son espontáneas e imprevisibles. Y en eso está la gracia de nuestra propia debilidad pues como dice San Pablo: “Cuando soy débil, entonces soy fuerte”.

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