Una teología asumida

Siempre he creído que la Teología de la Liberación ha tenido una influencia considerable en la Iglesia católica. De sus aciertos y errores hemos salido ganando todos. Después de la tormenta viene la calma, y puede que ahora nos encontremos surcando otras aguas. Pero con la Teología de la liberación se han movido miles de hermanos católicos en los países del tercer mundo. Porque la causa de la pobreza sangrante se encontraba allí, en el escándalo de multitudes famélicas y explotadas.

La historia del siglo XX está llena de revoluciones, la proletaria se desarrolló con el marxismo y comunismo que duró hasta finales de los ochenta del siglo pasado. Tal vez su consecuencia fuese alimentar el mito de una Iglesia por y para los pobres. Es cierto que se sacralizó el servicio a los demás por encima de la liturgia u otras actividades piadosas. Pero gracias a ello la Iglesia ha salido ganando. Ahora que la causa de beatificación de monseñor Romero va hacia delante, es el momento de recordar esos otros mártires de los pobres que se esparcieron por toda Latinoamérica en decenas de conflictos.

En todos ellos hubieron víctimas de la represión y su compromiso con la Iglesia determinó su asesinato. De manera que se podrían abrir causas de beatificación, como las que estamos viviendo en España a cuenta de nuestra convulsa sociedad de los años treinta. Tenemos muchos hermanos caídos en Chile, Argentina, Uruguay, El Salvador y tantos otros países. Se les mató por pertenecer a una Iglesia que es de todos: la del compromiso con la justicia por amor a Cristo y a los demás. Se les torturó, violó, ejecutó vilmente y su sangre no ha sido derramada en balde. No puede ser ignorada la sangre de los mártires porque forman parte de nuestra Iglesia.

El cardenal Francisco Javier Errázuriz, arzobispo de Santiago de Chile, admite que la teología de la liberación no está muerta sino asumida. Y quien lo dice es uno de los máximos responsables en Latinoamérica, en vísperas de la Inauguración del V Encuentro de Aparecida. Incluso me atrevería a decir que esa teología ha tenido sus ramificaciones en todos los continentes. En España nada será como fue antaño porque no se puede “verter vino nuevo en odres viejos”. Creo que todos tenemos cosas que aprender y nada mejor que buscar un punto equidistante, fuera de los arrebatos viscerales que mueven a algunos. No es bueno situarse en ninguna frontera Mejor articular puentes de unión, antes que desestimar el diálogo que propicia espacios sin acritud.

Ojalá que la V Conferencia Episcopal del Episcopado Latinoamericano renueve en Brasil los compromisos con los pobres y la justicia, fieles a la doctrina de la Iglesia. Para Benedicto XVI en sus primeras declaraciones al aterrizar en Brasil, la Teología de la Liberación está muerta. Y yo creo como el arzobispo Errázuriz que está asumida. Esperemos que otras manifestaciones del Santo Padre nos aclaren su comentario.

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Acerca de Carmen Bellver

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2 respuestas a Una teología asumida

  1. El mayor problema de la Teología de La Liberación no és el amor a los pobres por encima de la liturgia, sinò más bien el Cristianismo yendo de pareja con el Comunismo. La Teología de la Liberación recibió muchos reproches de Juan Pablo II porque en su pais natal sufrió las funestas consecuencias de la “parte mala” del Comunismo. Pero, el Comunismo tambien tiene “parte buena” y podemos decir que hoy dia ya tenemos asumida esta “parte buena”.

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  2. Joselu dijo:

    Mi padre decía que la iglesia cuando perdió su olor a incienso y se secularizó, perdió la mayor parte de su activo. Según él, una cierta dosis de misterio le venía bien. Hoy el catolicismo compite desfavorablemente con las vertientes evangélicas del protestantismo en América. Son más ágiles y vivas para adaptarse a la realidad cambiante. El catolicismo es como un gran dinosaurio al que le cuesta moverse. Tiene demasiado peso el pasado en él. Eso y el dogma. La teología de la liberación fue una apuesta por la unión entre religión y pueblo oprimido… Sin embargo, a otras confesiones no se les pide esta fusión. Pienso en el Islam, el budismo, las iglesias evangélicas. En lo que tendrá que cambiar la iglesia es en la exclusión de la mujer. Si no, no subsistirá. Eso y el celibato. He vuelto a Profesor en la Secundaria tras varios meses de ausencia. Un cordial saludo.

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