Las víctimas inocentes del siglo XXI

Tanareh Mousavi era una preciosa jovencita de 28 años con impresionantes ojos verdes, hija única de padres ancianos que por muchos años no pudieron tener hijos. Su pasión era el piano y estudiaba para ser profesional de la estética. Así comienza la crónica de su asesinato nuestro colega José Donís Catalá. La joven fue detenida a la entrada de la Universidad de Teherán y llevada a uno de los centros clandestinos de tortura.
El resultado es que la abandonaron en coma con el ano y la vagina destrozados en un hospital de Teherán, pero no contentos con la hazaña, por si ésta tenía repercusiones terminaron por volver a llevársela con dirección desconocida. Su cuerpo apareció el 16 julio quemado con saña. Sus ancianos padres no pueden ejercer el consuelo de un entierro digno so pena de perecer engullidos por el mismo sistema.
Por qué hablo de Tanareh, precisamente hoy. Verán en este día fallecía en las cámaras de gas Santa Teresa Benedicta de la Cruz, judía conversa y carmelita, filósofa y mística. Su vida y obras están al alcance de quien quiera aproximarse a su pensamiento, en la red, en las librerías. Pero Tanareh es una de las miles de víctimas engullidas por el sistema, como tantas otras en los campos nazis. Por eso la he tomado hoy como referente, para que Santa Teresa Benedicta de la Cruz que ofreció su vida por el pueblo judío, interceda por todos los hijos de Dios engullidos en el anonimato de los sistemas actuales.

No puedo olvidar que los próceres de la Alianza de Civilizaciones giran su rostro cuando el régimen de Teherán cuelga homosexuales o asesina y viola a sus mujeres. No puedo olvidar los miles de niños soldados y niñas esclavas sexuales de otros conflictos que permanecen también olvidados. Todos ellos tienen nombre y apellidos, pero son víctimas inocentes. Y viene bien que en esta fecha recordemos a esos santos inocentes del siglo XXI.
También nuestro tiempo será juzgado por la indiferencia frente al horror y la barbarie y nuestros descendientes no entenderán cómo pudo suceder todo aquello, tal y como ahora nos interrogamos respecto al holocausto. Porque si bien todos somos seres humanos, hay momentos en que la bestia parece despertar en el interior de algunos difuminando el bien y el mal.
Quiero que Tanareh figure junto a Santa Teresa Benedicta de la Cruz, ambas son víctimas rescatadas del olvido e iconos de su tiempo, que avergüenzan a los coetáneos dispuestos a consentir cualquier atropello al precio de salvaguardar su tranquilidad. Queden las dos como testimonio de la barbarie de dos regímenes diferentes en el tiempo y en la religión, pero igual de salvajes y asesinos.
Descansen en paz todas las Tanareh y Ediht Stein del mundo de hoy, que el Señor las acoja en su seno.
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Acerca de Carmen Bellver

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