Un lustro al frente de la Iglesia Católica

Un breve repaso por diferentes medios para señalar como reflejan el aniversario del pontificado de Benedicto XVI, un lustro al frente de la barca de Pedro. Lo más significativo es que pese a su ancianidad lleva una agenda apretada, que no rompe aunque los vientos huracanados arremetan contra él, por esos oscuros hechos de la pederastia en la Iglesia. Sin embargo todo se va aclarando, la herencia de un largo pontificado en el que mantuvo una sintonía especial con Juan Pablo II, no le ha evitado cargar con el peso de los errores del anterior pontífice.

No podemos caer en el papalotría, de manera que sabemos que las limitaciones del anterior pontífice, postrado y enfermo, hizo posible una estructura de poder a su alrededor. Por eso es obvio que la curia necesita reformas, algo que no parece probable que se realice con un anciano pontífice que se encuentra acorralado por los vientos huracanados del laicismo. Sin embargo, todos hemos podido ver que bajo la aparente timidez del actual pontífice se encuentra una enorme firmeza y claridad de ideas. No se pliega a que nadie le marque la agenda, sigue la programación así llueva o truene y medita muy bien sus movimientos. Sabe que es aquello a lo que debe dedicar su tiempo y deja de lado lo que considera propio de su sucesor.

Lo más anecdótico es que el actual grado de comunicación en la sociedad, exige tener al frente de los medios del Vaticano un buen equipo, ágil y dispuesto a responder con la inmediatez que los tiempos requieren, antes de que la bola de nieve se convierta en un alud, que es lo que suele estar sucediendo. Una bola de nieve avivada desde muchos frentes, con diferentes intereses pero un denominador común, exigir movimientos en una determinada dirección.

Cabe destacar que a muchos nos molestó su coqueteo con la misa tridentina, porque tras más de cincuenta años con un tipo de liturgia, no queríamos volver al pasado. Y la diplomática acción tan sólo sirvió para contentar a algunos liturgistas pero no rompió el esquema actual, ni hizo posible cerrar el cisma de los lefevbrianos. Fue sonado su discurso al mundo islámico con la claridad que suele tener, dejando en evidencia que el islam tiene un componente de conquista que es poco dado al diálogo. Sin embargo los desmentidos posteriores aclararon las ideas a ese mundo islámico que sí está dispuesto a dialogar con otras religiones, al menos sobre el papel.

No ha sido fácil su relación con los judíos, pero se ha mantenido firme ante ellos, considerándoles hermanos porque nuestra fe tiene raíces en el judaísmo. Su apuesta por facilitar el camino de los anglicanos hacia el catolicismo, produce resquemor en aquellos sacerdotes secularizados que buscan abolir el celibato y desean presbíteros casados. Y en cuanto a la mujer, cabe decir que la sociedad se encuentra a kilómetros de distancia del pensamiento que domina en el Vaticano. Es evidente su mayoría en la iglesia, en cuanto a religiosas y laicas, frente a los sacerdotes y religiosos. Los tiempos actuales exigen una mayor colaboración con la mujer, incluso abrirse a esa teología feminista que apunta maneras que tanto molestan a un determinado sector de la jerarquía.

En definitiva Benedicto XVI ha conseguido mantener un estilo propio, más abierto al diálogo de lo que esperaban algunos, pero firme en la fe. Los tiempos exigen una remodelación, no para adecuarse al pensamiento hedonista y superficial de la actualidad, sino porque es evidente que el siglo XXI avanza con la revolución tecnológica que hace posible una intercomunicación en tiempo inmediato, lo cual produce una aceleración en las causas y los efectos de manera que la prudencia proverbial de la curia, juega en su contra, porque facilita la continua lluvia de golpes bajos.

Sin embargo, tres encíclicas, un libro y numerosos viajes, demuestran que Benedicto XVI no es un Papa de transición como muchos opinamos al conocer su nombramiento. Hoy tras cinco años en la silla de Pedro, Benedicto XVI ha impuesto su estilo y estamos seguros que el balance es más positivo que negativo. Excepto para quienes buscan adecuar la iglesia católica a sus postulados personales, que parecen más dispuestos a zaherir que a aportar

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Acerca de Carmen Bellver

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