"El Papa debe dimitir, con el debido respeto a su persona"

Si, así como suena. Igual que si estuviésemos hablando de un directivo de una gran empresa. Los teólogos y teólogas de la Asociación Juan XXIII, presididos por el ilustre Tamayo, hacen su manifiesto, otro más añadido a su colección, en el cuál no apoyan al Papa en momentos que es zarandeado por el laicismo más agresivo. No, ellos exponen la reforma que sueñan ver llegar, una reforma que proviene, según dicen, de las fuentes del Vaticano II. Espadas en alto se lanzan a degüello. Ahí está El País para airear sus sabrosas diatribas, en un artículo que reproduce Religión Digital. Y es que hay tela que cortar, el divorcio entre el mundo y la Iglesia quiere ser reducido a su mínima expresión. Sin valorar si ese camino nos lleva a caer en manos del Príncipe de este mundo.

Leemos cada una de sus propuestas, algunas con vocación de ser debatidas en la comunidad cristiana, y que forman parte del relativismo moderno. Mientras el Evangelio manifiesta que sólo hay un matrimonio a los ojos de Dios, ellos se apresuran a buscar soluciones honorables para los arrejuntamientos civiles en segundas instancias. Y ponen como ejemplo la foto de Berlusconi, divorciado y vuelto a casar por lo civil, tomando la comunión de manos de un prelado que, no se atreve a negarle el Pan de Vida. ¿No será que el sacramento del matrimonio se ha devaluado tanto que nadie hace nada por salvarlo del naufragio de esta época?. Son cientos, miles los divorcios civiles, pero la Iglesia mantiene su tribunal en otras manos para solucionar la validez o no del sacramento.

Lo cierto es que a muchos no le importa en absoluto si está bien o no comulgar según los cánones que manda la Santa Iglesia Católica, pero hay un grupo de fuerza dentro de la misma que amparado en las redes sociales presiona en la dirección de dar solución a los segundos matrimonios. La otra cuestión a debate es la derogación del celibato obligatorio para los presbíteros, son numerosos aquellos que habiendo profesado el voto de castidad, lamentan el difícil camino de la soledad, la ausencia de hijos. No voy a decir que éste sea un tema insalvable, podría ser un voto opcional que llegado el caso, no fuera impedimento para celebrar un matrimonio. Pero es verdad que un sacerdote casado está más pendiente de su familia que la del pueblo de Dios.

Y cómo no, sale a la palestra el sacerdocio femenino, hijo de la igualdad de derechos, mal planteado o, tal vez planteado a propósito como ideología de género, para que sea imposible asumir con naturalidad que la vocación sagrada no contempla géneros, sino que pertenece a una llamada personal. Ahí queda eso. Otras son las diatribas de estos añejos teólogos y teólogas disidentes y críticos, eso sí por amor a la Iglesia, porque desean que sea más fraterna.

Esa pose a la contra, con independencia del tema que se trate, ya demuestra su mala fe. Piden libertad de expresión después de proclamar que el Papa debe dimitir. Yo diría que buscan la inmunidad a sus ocurrencias, no la investigación a favor de la Iglesia, sino la soberbia del criterio personal. Y conste que no generalizo, hay casos que son así, otros en cambio sufren la reprobación y si ésta lo fuera por cuestiones personales, estaríamos ante el abuso de poder. Algo propio de cualquier estructura organizativa, pero que no debiera suceder dentro de la Iglesia. No, no veo sus frutos, más bien encuentro que se valen de la Iglesia para medrar en sus cátedras y figurar en las listas del top manta sagrado. Ajenos a la vida a pie de calle con los más necesitados.

Los fieles somos Iglesia unidos junto al Papa, si nos separamos de Pedro caemos en la anarquía. ¿Por qué les asusta ver que se relaciona el cristianismo con asociaciones conservadoras?. ¿Acaso no debemos conservar los bienes que nos han sido donados por tantos fieles anteriores a nosotros?. ¿No debemos conservar el don de la vida?.

Dicen que debemos conseguir la transformación evangélica de la Iglesia. No será más cierto que debemos cada uno ser fieles al Evangelio. Lo demás sobra. Yo no puedo obligar a nadie a vivir según mi conciencia, ni mis creencias, y la Iglesia tampoco puede evitar tener hijos díscolos cuyas propuestas pueden ser puntos de partida para un diálogo en los más altos niveles. Saben que Benedicto XVI no va a dimitir, ni tiene por qué. Los errores de la Iglesia son errores de toda la comunidad, aunque nos avergoncemos o nos indignemos justamente.

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Acerca de Carmen Bellver

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2 respuestas a "El Papa debe dimitir, con el debido respeto a su persona"

  1. Padre Carlos dijo:

    Hola Carmen:Leí el comunicado. Los mismos que tienen gritando cuarenta años siempre lo mismo… Lo que me pareció una bajeza, una cochinada, fue que esperaron para publicarlo el momento mas dificil para el pontificado de Benedicto, como si quisieran arrojar la última palada de tierra sobre la sepultura. Si fueran hijos de la Iglesia no añadirían mas leña al fuego…en este momento. Cuando las aguas vuelvan al cauce, vuelvan ellos con sus "exigencias teológicas", pero no… prefirieron el golpe artero y cobarde, pero se olvidaron de "El tesoro del ministerio lo llevamos en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros. Nos aprietan por todos lados, pero no nos aplastan; estamos apurados, pero no desesperados; acosados, pero no abandonados; nos derriban, pero no nos rematan; en toda ocasión y por todas partes, llevamos en el cuerpo la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo"

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  2. Pandora dijo:

    Yo creo sinceramente en la diversidad de opiniones y posturas. Conozco a muchos sacerdotes a pie de calle que no están tan alejados en algunos aspectos de lo que estos teólogos plantean, aunque reconozcan (al igual que yo)que sus métodos y los momentos que eligen no siempre son los mejores. A la Iglesia la cuesta evolucionar, aún hoy se sigue revisando el caso Galileo, insólito ¿no? por ello realmente creo que el problema se genera desde dos puntos: uno el de aquellos que ven en cualquier signo de interpretación distinto como "una blasfemia, procurada por los comunistas delos que el grupo prisa…." y el otro el de quienes cualquier cosa que venga del Papa y o en la que determinados partidos políticos puedan apoyar es "ataque ferréo al evangelio".A mi personalmente me da mucha pena esta situación, reconozco que un sector de la Iglesia se preocupa mucho más de las formas que del fondo y otro tanto recrimina a los primeros desde la misma actitud de combate. No es momento de divisiones, es momento de mirar a Cristo y ponerse en sus manos, dejarse de fundamentalismos, vengan éstos del extremo que vengan. Doy gracias a Dios porque el Papa en su pontificado ha pedido perdón desde la humildad por más cosas que la mayor parte de sus predecesores (y eso que Benedicto no era a priori "santo de mi devoción" y también le doy gracias porque inspira a teólogos con distintas apreciaciones para enriquecer a la Iglesia y llevarla a este milenio a través de canales más próximos a la vida del cristiano.

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