Mujeres en libertad dentro de la Iglesia

Estamos en una sociedad donde abundan “los malos tratos”. Son miles las personas que padecen bajo alguna psicología dominante que tiende invariablemente a anular la personalidad del otro. Eso es un abuso de autoridad cuando se da entre los religiosos, donde no se puede discrepar de un superior por temor a infringir el voto de obediencia. Como dije en su momento, aparte de la honestidad personal, nadie puede ceder su criterio a otro. El temor a tener un director espiritual que literalmente te domine es uno de los muchos retos que tendrá que subsanar la Iglesia. Cada día abundan más las mujeres que no van a someter su voluntad ni al marido ni al confesor. Un consejo y diálogo es la mejor medicina, pero lo que pase de ahí y lleve a la anulación de la personalidad entra de lleno en las patologías clínicas.

El caso de los Legionarios de Cristo es paradigmático en este terreno, una sumisión enfermiza que prohibía cualquier crítica al superior, sin posibilidad de discrepar, eso es una técnica común en las sectas, donde el carisma de una personalidad domina a los adeptos. Eso no puede formar parte de la voluntad de Dios, ni existir dentro de la Iglesia. Uno debe saber que si es elegido para un cargo lo es para el servicio y que dejará su posición para pasar a ser miembro del pelotón. El liderazgo es bueno, los talentos personales también, pero cuántos avispados se enrocan en su suficiencia para amargar la existencia de sus subordinados.

Como miembro de la Iglesia, debo reconocer que la sumisión a la voluntad ajena me produce aversión. Admito ser orientada, pero no anulada. En ese sentido las relaciones dentro de la Iglesia deben ser fraternas, como el mismo Jesucristo nos mostró. La tiranía y el fraticidio cuanto más lejos mejor. Cierto que la sabiduría de unos puede ser fuente de tensiones en la comunicad cuando es mal aplicada, pero si existe voluntad de servicio y amor profundo a la verdad, el trato será ecuánime y no injusto.

Estoy cansada de escuchar a los ex sacerdotes y ex religiosos quejarse por las imposiciones verticales, algo que nos es común a toda la sociedad. Los líderes pueden ser grandes colegas o adversarios difíciles de vencer. Esa relación existe entre los seres humanos desde Adán y Eva. Y no pocos se sirven de los relatos bíblicos para fundamentar la superioridad del hombre frente a la mujer. Algunos insisten en hablar de la crisis familiar sustentando la teoría según la cuál la ideología de género se ha cargado la familia tradicional. No es mi competencia aclarar si eso es cierto o no, lo que es evidente es que hoy la mujer no soporta la sujeción al varón y éste lleva muy mal que alguien sea independiente de su criterio. Por tanto seguimos enredados en el abuso, uno de los crímenes más nefandos que pueda existir.

Ha sido muy comentado la corte de religiosas que se sometían a un servilismo cercano a la esclavitud, dentro de los Legionarios de Cristo. La igualdad de género parte de la dignidad del ser humano sin distinción de sexo. Y nuestra religión no puede fundamentarse en el servilismo de las mujeres a favor de los varones. Tiene que existir un reparto equitativo de funciones y éstas obedecer a las cualidades personales y a la vocación de servicio. No voy a repetir que el sacerdocio ejercido en la persona de Cristo invalida el sacerdocio de la mujer. Esa tontería se la creen algunos tras vivir sometidos a una cultura patriarcal. Y bien que aprovechan las injusticias del mundo islámico para reivindicar que la mujer debe cubrirse evitando tentar al varón. Reminiscencias de una maldita cultura llena de abuso de poder y autoritarismo mezquino. Nosotros reclamamos una religión del amor y de las relaciones fraternas. Porque bien lo dijo San Pablo en Gálatas, 3-28 “No hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay hombre ni mujer; porque todos sois uno en Cristo Jesús”. Claro, que esa cita no se aplica allí donde la mujer debe quedar sometida al varón. Contradicciones de una época que pasaba de la esclavitud de la Ley a la libertad del amor.

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Acerca de Carmen Bellver

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Una respuesta a Mujeres en libertad dentro de la Iglesia

  1. No quiero pecar de petulante, pero ni de una cosa ni de otra he tenido experiencia directa, tal como se cuenta.Me refiero al machismo tan cacareado y a los abusos tan de actualidad. Será que soy un bicho raro o he vivido mis ya muchos años en la hinopia. Será que soy varón y por eso no me he sentido víctima.Sí sé y también he sabido de prepotencias, de abusos de autoridad, de poder de mil formas y maneras. Pero eso en ambos géneros. Y en todas partes, en la familia, en la sociedad, y en la Iglesia.Nada más contrario al buen hacer cristiano. Hechos 2 y 4, aunque utópico, marca la línea del comportamiento entre iguales. Y el texto que citas de San Pablo es muy claro sobre lo que somos en Cristo Jesús, todos absolutamente, todas y todos.

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