Se ha ido un histórico de la Juan XXIII

José María Díez Alegría fallecía esta semana a edad muy avanzada. Este teólogo exjesuita rompió moldes en la década de los setenta y se convirtió en abanderado de la teología de la liberación. Lo que he escuchado a medios afines a su pensamiento me ha permitido entender que era un hombre coherente, en el mejor sentido de la palabra. Su pensamiento sigue un proceso que le llevó al marxismo, pero no quedó anclado en él sino que lo superó al postular la justicia social como la primera de las cuestiones que debe acometer el pensamiento cristiano. Convirtió el evangelio en una llamada a la fraternidad y un aldabón reivindicativo para los más desfavorecidos. Y además acusó al Vaticano de mantener el poder por encima de la caridad. Algo que ha sido retomado por el sector crítico durante décadas. Dios no está en el Vaticano, aseveraba con humor, pero sin embargo Dios si estaba con la gente del Vaticano, puntualizaba estableciendo una especie de dicotomía entre lo que es el culto y la profecía, que eran los cimientos sobre los que construyó el libro “Yo creo en la Esperanza”.

Este libro, casi panfletario, le ocasionó problemas con la jerarquía y en definitiva la llevaría a exiliarse de manera voluntaria con los más desfavorecidos. Leído ahora, con el panorama geopolítico del momento, resulta completamente desfasado. Se mantiene, eso sí, la misma premisa del Evangelio, si no hay caridad, el culto es vano, no sirve para nada. Queda pendiente la utopía, la comunidad de bienes de la primitiva iglesia, que hoy sólo es mantenida en la vida religiosa, la soñaba para una especie de iglesia de base ajena al entramado jerárquico, en el que sólo veía ansias de poder.

Pocos, muy pocos, son los medios que han posteado su figura. En el ámbito de las revistas digitales, sólo Religión Digital, Redes Cristianas, Atrio y 21RS, donde su biógrafo Pedro Miguel Lamet glosaba la figura con finura y simpatía por este hombre controvertido que se adelantó a su tiempo y sirvió como bandera de enganche a muchos hombres y mujeres de su época, que estaban descontentos con el ambiente claustrofóbico del nacionalcatolicismo. Fue miembro fundador de la Asociación de teólogos Juan XXIII y como no podía ser de otro modo le ha hecho un panegírico en El País el Sr. Tamayo que ahora dirige las riendas de la citada asociación.

Si en los años setenta Díez Alegría era el viento fresco de la Iglesia, en el siglo XXI su figura puede servir para reivindicar la justicia distributiva de los bienes, que tantos poderosos y ricos de nuestro tiempo mantiene a buen recaudo mientras provocan crisis financieras que esquilman a los asalariados. Y en ese sentido el mismo Benedicto XVI ha tenido palabras muy duras para los economistas y financieros de la actualidad. Y el presidente de Cáritas Internacional, cardenal Rodriguez Maradiaga apuesta por el mismo camino que apunta a una fraternidad universal.

Hombres así sirven para que vaya progresando el pensamiento, aunque su aparente fracaso le haya relegado al olvido, no cabe ninguna duda que ha influido en generaciones de teólogos. Ellos son los más indicados para valorar su obra. La Iglesia no tuvo otro camino que condenar su pensamiento porque saltó fuera de los márgenes de lo establecido y no doblegó la cerviz. Fue un hombre libre que no se sometió al poder para hacer carrera dentro de la Institución. Hombres así, son necesarios, aunque solo sea porque hacen cuestionarse a los demás su propia vida.

Dicho esto solo me cabe añadir que no comparto en la totalidad sus principios. Le encuentro utópico, a la vez que cínico con el culto y la piedad, algo que ha hecho mucho daño en estos últimos años y que ha servido para alejar de las Iglesias a los jóvenes. Sin embargo, deseo como él que la utopía sea el faro que sirva para construir un mundo más justo y más fraterno. En eso ambos coincidimos. Que Dios le acoja en sus brazos.

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Acerca de Carmen Bellver

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Una respuesta a Se ha ido un histórico de la Juan XXIII

  1. De acuerdo con el artículo, salvo en:1. “…aunque su aparente fracaso le haya relegado al olvido”.No hay ni fracaso, ni olvido. Sólo lejanía en el tiempo, que dejó de dar clase hace más de treinta años; aún así me informan que eran larga la cola de visitantes que recibía en su retirada vida del mundanal ruido.Y para fracasados de ese estilo, el de Nazaret; no me cabe la menor duda.2. “Le encuentro utópico…”Si es como desintonía (falta de tono) con Jesús y el Evangelio, no estoy de acuerdo. La utopía del Reino es lo más real de nuestra fe. Y la utopía de un Abba todo cariño, todo brazos abiertos, todo misericordia, es real de toda realidad.3. “…cínico con el culto y la piedad…”Es Lamet quien nos relata de su rezo del rosario, p.e.; y supongo que celebraría la Eucaristía; y, viviendo como vivía en una casa religiosa, rezo de las horas, angelus, bendición de la mesa…, etc., etc.Que no gustase de pontificales y otras cosillas no es como para aplicarle esa palabreja, que por otra parte en su verdadero significado tampoco es tan ofensiva.Cínico: el que lleva una vida sencilla, más acorde con la naturaleza, y alejada del boato. Jesús se fijó en los lirios del campo y en los gorriones volanderos. En fin, también el de Asís vivió un poco así.4. “…para alejar de las Iglesias a los jóvenes”.Los jóvenes se alejan por otras cosas, que ahora no es momento oportuno tocar, pero que tienen muy poco que ver con el espíritu joven y alegre de Díez Alegría.Totalmente de acuerdo en:“Sin embargo, deseo como él que la utopía sea el faro que sirva para construir un mundo más justo y más fraterno. En eso ambos coincidimos. Que Dios le acoja en sus brazos.”

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