El fútbol o la pasión de los millones

Les hemos elevado a lo más alto, son los gladiadores del siglo XXI, aclamados por las multitudes como en el Coliseo de Roma. Increíble lo que puede llegar a mover la pasión humana. Increíble la avalancha de gente disfrutando de sus héroes del balón pie. Encomiable su gesta, por el esfuerzo y la dedicación; pero, queda un sabor amargo en la garganta, queda ese mercadeo de los clubs, esas primas, esos halagos. Podrían ahora mismo, incluso nadie puede decir lo contrario, abonar su prima ganada con su sudor, a favor de las víctimas del terremoto en Haití. No sé, es un comentario, alguien me hizo saber que se llevan más de 60.000 euros como si no hubiera crisis.

No me tomen por poco patriota, yo con la selección y, si encima ganan pues ya el no va más. Pero el espectáculo que genera millones alrededor de una pelota, millones que pueden compararse con el presupuesto del mismo Haití en cualquiera de sus Ministerios, pues oigan, como que duele. Me duele que unos tengan la gloria, aunque sea efímera, porque la gloria siempre lo es. Y otros se muerdan los labios resecos por no tener un vaso de agua para llevarse a la boca; labios que muy bien podrían humedecerse con la construcción de un pozo en las inmediaciones.

Son esas reflexiones que vienen de pronto, mientras contemplas esa movida que ayer fue también espectáculo para millones de televidentes. Las pasiones que mueven masas inconscientes son fáciles de manipular hacia otros intereses. No voy a pensar por ello que todos los que salieron a la calle eran seguidores fieles del fútbol; estoy segura que más de uno lo hizo llevado por la inercia y por la relevancia del momento histórico. Todos hemos sido conscientes que el logro alcanzado por los deportistas, marca un antes y un después en el fútbol español. Hemos aprendido que el deporte une y aglutina lo mejor del país. Se han difuminado las diferencias regionales que en otros terrenos apenas dos días antes convocaban otra multitud. Hemos sido todos españoles, y eso es bueno.

Pero asusta ver a la multitud humana liberando adrenalina en la calle. Gracias a Dios, no ha habido que lamentar ninguna desgracia, y ya es difícil con el calor y la cantidad de gente que había por la calle, que no tengamos que lamentar ningún incidente. O eso al menos nos han querido vender en los medios de la televisión pública. Yo creo que más de un desmayo tuvo que haber, aunque no preveyeran en el recorrido ninguna posta de sanitarios.

No obstante, lo dicho, mi enhorabuena. Ahora solo hace falta que los millones generados alrededor de la selección española se distribuyan con la misma generosidad que la afición ha derrochado. Millones que a la economía de nuestro país, mal herida por la pésima gestión y las fluctuaciones financieras, no le vendrían mal. Porque cuando despertemos seguirán existiendo cuatro millones de parados a los que alimentar. Y cientos de pequeñas y medianas empresas en la UCI preparadas para el cierre total.

De manera que esperamos junto a Zapatero que ese milagro, ganado y merecido, sirva también para sacar lo mejor del genio español y hacer frente a ese horizonte nuboso que todos tememos y vemos venir. Un milagro que haga posible que no nos vayamos al furgón de cola de la Unión Europea o, incluso que la misma Unión Europea no estalle en pedazos incapaz de mantener el Euro y su valor.

Pues nada, lo dicho, si queremos podemos. Lo han demostrado esos chicos de la selección a quienes han estado mimando millones de hinchas. España se lo merece, merece superar las miserias de sus gobernantes. Y mañana a escuchar el Estado de la Nación

Acerca de Carmen Bellver

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