Es el momento de unirnos

Cuatro modelos según Juan José Tamayo, en el curso de verano sobre el “Pluralismo en la Iglesia”:el cultural, el integrista, el institucional y el crítico. No voy a entrar en desmenuzar esos cuatro modelos. Pero sí señalar que efectivamente existen, aunque tal vez deberíamos reconocer que el crítico, proviene de aquellos miembros de la Iglesia que soñaron reformarla y se consideran dueños del soplo del Espíritu. Los críticos deberían argumentar y no deslizarse por la pendiente del laicismo radical, que en definitiva hace la cama a los enemigos de la Iglesia. Porque lo queramos o no, la Iglesia siempre tuvo una parte institucional, y una parte cultural. Que ahora se añadan los integristas católicos devotos del misal de Pio V, no parece afectar demasiado al engranaje de la institución. De la misma manera que las proclamas de los críticos suelen caer sobre papel mojado.

Lo que más espanta de esas visiones sesgadas de la realidad, es que algunos exigen adhesiones incondicionales y si no las manifiestas pasas automáticamente a entrar en el grupo contrario. Y en ese sentido yo creo que hay mucho fiel que es ajeno a estas diatribas de teólogos críticos y comunidades de base que se lo guisan y se lo comen a discreción. Siempre hay algún poso de verdad en estos grupúsculos, pero les pierden las formas. Por eso alinearse con los teólogos de uno de los lados, da la sensación de que convierte la iglesia en una trinchera donde unos disparan y otros reciben el baleo agazapados por lo que pueda ser.

Me gusta la libertad de aquellos que no temen manifestar sus posturas, pero guardan ciertas formas. Porque las formas son importantes. Hoy tenemos de nuevo a Juan Masiá con su campaña constante por la revisión de ciertas posturas eclesiales. Y lo hace a favor de una religiosa que ha sido excomulgada. Ciertamente es un caso interesante para debatir con mesura sobre lo humano y lo divino. No se puede estar a favor del aborto, pero se debe estar a favor de la vida y también de la libertad de conciencia. Exigir la inmolación de una madre, supone una intromisión inmisericorde. Y como estamos sobre el tema que más nos preocupa que es el derecho a la vida, tendremos que manifestar que los paladines de la corriente abortista son tan exaltados como aquellos que se proclaman pro vida.

Digamos con franqueza que todos queremos defender la vida, pero hay cuestiones que entran de lleno en la deontología de la bioética donde no se libran batallas ideológicas o moralistas, sino que se trata con personas y hechos concretos. De la misma manera podemos ser partidarios acérrimos del catecismo, sin que ello nos nuble la vista cuando alguien da un rodeo que lo pone en la tesitura de ser tachado de hereje. Recordemos aquello de que “en la casa del padre hay muchas moradas” San Juan 14, 1-3 y sin dejarnos llevar por la deriva relativista admitamos la Verdad allí donde se da, incluso entre aquellos que no consideramos de los nuestros.

Va siendo hora de cambiar las voces que claman en la Iglesia. Dejemos al Sr. Tamayo con su cátedra de las tres religiones, batiéndose por el pluralismo y recibiendo sus compensaciones en tribunas y espacios que le permiten dibujar un panorama social completamente ajeno al real. Dejemos también a esos que se denominan caverna mediática, que llenos de buena voluntad lanzan su espada cortando cabezas. La realidad es más prosaica. En el día a día de un creyente, no caben las batallas ideológicas, sino la cooperación y el arrimar el hombro para hacer efectivo el Reino.

Por eso deberíamos dar las gracias a todos aquellos creyentes que han conseguido un espacio mediático sacando del anonimato el hecho religioso y batiéndose por la fe o admitiendo sus creencias sin estridencias. Estamos llamados a evangelizar, según palabras de Benedicto XVI, y evangelizar no es reducir la Iglesia a dos frentes polarizados, sino reconocernos a todos como hermanos y ejercer la corrección fraterna y no fratricida. Evangelizar es trasmitir el gozo de quien se sabe amado hasta la locura. Y no enloquecer por aquello que digan o hagan determinados sujetos. Busquemos unir y no dividir, que es lo que el Sr. Tamayo viene haciendo de manera persistente. Algunos buscan provocar un cisma que solo atañe a un pequeño grupúsculo y como son tan insignificantes, se convierten en lobby mediático para hacer valer una realidad sesgada.

¿No será momento de unirnos todos juntos por lo que más importa, que es la proclamación del Reino?. Unirnos por encima de nuestras diferentes visiones de lo que es o debe ser la Iglesia. Porque hay una realidad que debemos asumir; lo que cuenta, lo importante no son tanto las palabras como los hechos. Y ahí, en los hechos, nos ganan incluso quienes no se manifiestan como creyentes

Acerca de Carmen Bellver

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