La tontuna de la sociedad del bienestar

Los franciscanos abandonan el Santuario del Santísimo Cristo de la Laguna y las religiosas de clausura del Pie de la Cruz, abandonan también el convento de mi localidad. Dos notas necrológicas que deben situarse en su contexto. La vida religiosa está languideciendo y reinventándose. Porque de algo podemos estar seguros, Dios sigue presente en la sociedad, aunque esté escondido en los corazones anónimos de miles de creyentes. Es cuestión de todos, educar para no dejar morir la fe de nuestros jóvenes. Y eso nada tienen que ver con el aggiornamiento. Me parece obvio que hay que lanzarse a propagar el mensaje del Reino con verdadera alegría. La crisis de vocaciones es sólo la alarmante constatación de que nos hemos adecuado al mundo olvidando que no pertenecemos a él.

Espero y confío que este verano cuyas vacaciones muchos inician, sirva para dar a conocer algo de la vida religiosa. Lo dije ayer cuando hablaba de “ Mujeres en la Iglesia. La otra mirada”. Y reivindico ahora el espacio que le corresponde a la fe en esos lugares de veraneo. Me consta que se abren capillas y quien desea puede acceder a gozar del día del Señor con la familia. A veces nos olvidamos de Dios, también cuando descansamos. Salimos al extranjero y dejamos de asistir a la Eucaristía, porque no entendemos la lengua, porque no conocemos la localidad, porque la agencia de viajes no tiene prevista ninguna parada para que los creyentes oren. En definitiva, que nos olvidamos de lo más importante. Aquello que alimenta el espíritu y da sentido a la fe.

Hoy el evangelio habla del rico tonto. El rico que intentando asegurar su vida, la pierde, porque olvida los bienes que no se corrompen. Vale la pena leer esta parábola:

En aquel tiempo, dijo uno del público a Jesús: «Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia.»
Él le contestó: «Hombre, ¿quién me ha nombrado juez o árbitro entre vosotros?»
Y dijo a la gente: «Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes.»
Y les propuso una parábola: «Un hombre rico tuvo una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos: “¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha.” Y se dijo: “Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el grano y el resto de mi cosecha. Y entonces me diré a mí mismo: hombre, tienes bienes acumulados para muchos años; túmbate, come, bebe y date buena vida.” Pero Dios le dijo: “Necio, esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado, ¿de quién será?” Así será el que amasa riquezas para sí y no es rico ante Dios.»
Lucas, 12,13-21

Seguro que si somos sinceros encontramos que tenemos adherido a nuestro corazón algunas riquezas de las que no queremos apartarnos. Esas vacaciones sin fe, aventurándonos en países extraños, donde lo que cuenta es conocer otras costumbres, sin caer en el detalle de que la oración es nuestro alimento diario, del que no debemos de separarnos nunca. Y que debe salir a la luz allí donde vayamos.

Es triste que se pierdan lugares de culto, porque no hay relevo generacional. Una sociedad enferma deja morir los valores del Reino. Una sociedad sana, fomenta la vida religiosa, también la de los más jóvenes. Me parece obvio que hay que conquistar casa por casa, calle por calle. Y eso se hace revistiéndose del don de la fe y de la confianza en el Señor. Los pocos religiosos que hay, apuntalan sus colegios y sus empresas, con laicos más o menos adecuados al puesto que deben desempeñar. Pero eso no garantiza la trasmisión de la fe. Es obvio que hay que salir a la calle, con los medios actuales. Por eso Internet y la televisión son las ágoras que deben ocuparse en la actualidad. Hay que entrar en las casas con programas adecuados, con series propias, más dadas a formar que a deformar, como viene siendo habitual en todas las cadenas.

Recuperemos los espacios públicos. Demostremos que no nos importa que nos huelan como creyentes. Que estamos convencidos que lo que llevamos entre manos es mucho más importante que cualquier otra cosa, incluidos los ahorros del banco. Que en definitiva se quedarán ahí cuando nosotros tengamos que dar cuenta de nuestra vida. Vivir apasionadamente el Reino, es invertir en futuro. Si hacemos comprender esto, la gracia de Dios no nos abandonará. Porque el definitiva vino a convertir a los pecadores, a transformar la sociedad en un mundo más justo y fraterno. Y eso nos lleva a descubrir qué es lo más importante. Si no es Dios, algo va mal en nuestra vida

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Acerca de Carmen Bellver

Colabora en los medios de comunicación aportando su visión desde el humanismo cristiano
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2 respuestas a La tontuna de la sociedad del bienestar

  1. Anonymous dijo:

    Saludos en Cristo.Me anima a saludarle y a la vez felicitarle por vuestro hermoso trabajo en Dios, soy de Perú y pido permiso para reenviar este acertado artículo , que nos alienta a trabajar y despertar el misionero católico que duerme en nosotros,con cariño en el Señor. jorge

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  2. Pues claro que sí, Jorge, si te parece interesante puedes reproducirlo donde creas conveniente.Paz y bien

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