Por qué oramos unos por otros

El Consejo Nacional de Laicos de Venezuela, responsables de la campaña “Un Millón de Niños Rezando el Rosario por la Unión y la Paz”, continúa su difusión en el país y recientemente se hizo presente en el Plan Vacacional Salesiano de la Iglesia San Juan Bosco de Altamira.

Recordaron que se prevé que del 16 al 18 de octubre los niños en sus parroquias, familias y colegios, se sumen a esta campaña.

“Este rosario es una muestra de lo hermoso e importante que es incentivar a los niños a hacer oración, motivarlos a conocer nuestras devociones cristianas y enseñarlos a conjugarlas con la vida cotidiana, sabiendo que hay tiempo para todo”, afirmaron.Hasta aquí la noticia de ACI, a partir de ella podemos plantear la importancia de la oración de intercesión.

Hay gente muy activa y dispuesta a colaborar en cualquier proyecto que la implique, pero también hay personas menos dotadas para organizar o dirigir cualquier actividad. Y en esos casos, la gracia de poder interceder por los demás, es uno de los mayores gozos que se puede tener. Así se entiende que en el Carmelo de Lisieux una contemplativa orara por las misiones. Así se entiende también que el rosario por la paz en Venezuela sea como un catalizador para todos aquellos que están inmersos en los procesos de mediadores en zonas de conflicto. También permite a mucha gente, en la soledad de su hogar, ser una pequeña llama que no se apaga en la oscuridad de la noche.

La oración de intercesión es un don, vale la pena hacer uso de ella. Sobre todo si va dirigida a quienes más daño nos hayan podido hacer. Rezar por los enemigos, es una buena manera de pacificar rencores y diluir fronteras. Es obvio que las devociones y novenas se han esfumado durante decenios de las parroquias, presas del compromiso por los pobres y los proyectos de ONG a favor de los más necesitados. Es necesario que también se les implique en aquello que parece no solucionar nada pero que está presente en los mismos Evangelios: «Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre Él os lo concederá» (Jn 16, 23).

En periodo de vacaciones, cuando relajamos la agenda y el reloj corre más lento, es buen momento para dedicar tiempo a la oración de intercesión. Sin peticiones exigentes, sencillamente rogando por otros y pidiendo al Padre que todo sea para bien. Recuerdo a los escépticos que la oración forma parte de todas las culturas religiosas. Es un gesto que nos une, más allá de las diferencias de credos. Y el sólo hecho de orar por los demás, beneficia a quien lo ejercita. Pacifica el interior y nos hace ser intercesores en un mundo donde lo que prima es el egoísmo.

Pues bien, reivindico el derecho a la oración en el silencio de la habitación, sin más objetivo que interceder por los demás. Y por supuesto pidiendo ser capaces de actuar cuando llegue el momento. También es una buena manera de enseñar a los demás a orar unos por otros. Porque sin vida de oración, no hay cristianismo. El fenómeno de recibir los sacramentos como ritos sociales sólo puede diluirse con la firme determinación de incorporar a los más jóvenes a la oración activa, todos los días y en diferentes momentos. Ese es el camino más recto para que la fe no se esfume, ni enferme contaminada por un mundo cada día más secularizado y ajeno al hecho religioso. Desde aquí, animo a participar en esta gracia de la oración de intercesión. Paz y bien.

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Acerca de Carmen Bellver

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