Madre Teresa de Calcuta y sus hijas, Misioneras de la Caridad

Todo el mundo está recordando, en el centenario de su nacimiento, a esa enjuta mujer de sari blanco con ribetes azules, que llevaba una cruz enganchada en el hombro. Conocemos el alcance de su valentía y determinación, los más pobres de los pobres eran sus preferidos. Y hay que estar llenos de un amor muy especial para andar por suburbios junto al olor de la miseria. Porque la miseria huele y no precisamente a Chanel. Por eso estas mujeres, Las Misioneras de la Caridad, son como ángeles en la noche de la desolación. Allí donde todo es miseria brilla en la oscuridad la mirada de una misionera que les ayuda a morir con dignidad. Y hay que tener un temple especial para llevar a cabo esa misión.

No cabe duda que no sirve la sola voluntad, que hay una fuerza interior que proviene de Dios, por ello todo el mundo venera a la Madre Teresa de Calcuta, que dejó su vida cómoda de monja de internado en la India, para recorrer los barrios más pútridos de Calcuta. Y en su soledad, en su abandono, comenzaron a aparecer seguidoras y colaboradores. La fuerza de Dios debe estar muy arraigada en sus corazones para que puedan llevar a cabo su labor. A mí me pone los pelos como escarpias. Pero leyendo cómo fue aquella iluminación que le sobrevino a la Madre Teresa, una tiene la seguridad de que ella no sabía muy bien cómo podida dedicarse a los más pobres y se probó a sí misma si era o no era la voluntad de Dios que abandonase a las religiosas del Loreto para lanzarse a recoger moribundos de las calles.

Todo llegó rodado, al mismo tiempo que crecían las dificultades, pero la férrea convicción de que Dios lo quiere, mantenía en pie durante veintiuna horas a esa mujer encorvada que todos tenemos en mente. Cada una de sus arrugas era la flor regalada por los cientos de enfermos a quienes consolaba antes de su muerte. Y al ver su rostro, se vislumbra el sufrimiento interior que debió padecer esta mujer, grande de alma, pequeña de cuerpo. Cada día sus religiosas lavan el sari blanco que ha sido ensuciado por el barro y los vómitos de los enfermos. Y luego se ponen otro para salir limpias a la mañana siguiente. Y cada tarde, al regresar de consolar a los enfermos y de sanar sus débiles cuerpos, se juntan en oración durante una hora.

Ofrecer la jornada es su secreto. Y bueno, la firme convicción de servir a Cristo entre los más pobres. Por eso la Madre Teresa ampliaba su radio de acción sin proveer el coste de sus arriesgadas acciones. Ella confiaba que aquello era obra de Dios, que Él y sólo Él bastaba para seguir adelante. Y de esa manera simple y desposeída de presunción comenzaron a llegar las ayudas. Claro, que ella pidió también, recogiendo en los hospitales medicamentos para los enfermos, solicitando en los restaurantes las sobras de las comidas para alimentar a la gente abandonada.

Las Misioneras de la Caridad, tienen como pertenencia tres saris contando el que llevan puesto, un par de sandalias, un par de mudas de ropa interior, un rosario y un pequeño crucifijo que llevan sujeto con un imperdible; cada hermana tienen también una cuchara de metal y un plato hondo, un saco de loneta y un libro de oraciones. En los países más fríos disponen de jersey o abrigos y paraguas, pero están a disposición de todas, no son de su propiedad. Y no suelen llevar medias ni calcetines aunque nieve. Aceptar esa vida dura, durísima, no parece haber amilanado a los miles de misioneras que siguen el camino recorrido por la Madre Teresa de Calcuta. Una obra que nació el 16 de agosto de 1.948, se encuentra ahora esparcida por todos los continentes y su número de seguidoras y voluntarios sigue creciendo. Todo un ejemplo para el Occidente cristiano.

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Acerca de Carmen Bellver

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Una respuesta a Madre Teresa de Calcuta y sus hijas, Misioneras de la Caridad

  1. Esta es una santa fabricada por el Vaticano.Jamás se ha enfrentado a las estructuras que producían tantapobreza.Así nunca tuvo problemas con las autoridades.Mérito si es, pero los pobres así siempre serán pobres.Que aprendan a dotar a los pobres de sus propios medios para subsistir, aunque eso sea políticamente incorrecto.Si le das a un pobre un pez, le quitas el hambre, pero depende de tí.Si le enseñas a pescar, será libre del que le dá de comer, y sabrá buscárselo él mismo.Esa es la misión de verdad, en justicia.Dondeexiste la caridad ha sido derrotadala justicia.Hay que LUCHAR, para que se haga justicia a los pobres.LO demás, está bien, pero no es eso, no es eso…

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