El mundo islámico quiere Europa

No niego que me preocupa que el Islam vaya a ser la religión de Europa. Si lo es de manera pacífica por el aumento demográfico de su población, será una consecuencia del abandono de las creencias que constituyen la familia cristiana. Mientras el Islam permanece en el hogar sin contaminarse del mundo occidental, nosotros abrimos nuestros brazos a quienes en el futuro nos podrán de rodillas hacia la Meca. Lo ha dicho Gadafi, el líder libio anuncia una Europa islámica cuyo primer paso es la entrada en la Unión Europea de Turquía. Y gracias a los nuevos medios de comunicación y difusión, la inmigración lleva camino de convertir su sueño en realidad, mientras que los petrodólares crean emisoras televisivas para proclamar el Corán a toda la humanidad.

Si alguien duda de las intenciones que recuerde Melilla o el Sáhara, no se puede esperar otra cosa que enfrentamientos. Yo no creo en el Islam moderado, es contra natura, según su profeta. El Islam es una religión a sangre y fuego que solo puede ser aceptada y tolerada mientras no intente imponerse a los demás. Pero lo cierto es que los países islamistas se radicalizan, de manera que persiguen a los cristianos y les obligan a abandonar su religión o el país. A los extranjeros, especialmente a ellas, les imponen el velo. Y no debemos olvidar la educación machista y retrógrada de quienes exigen a sus niñas un distintivo en su vestimenta que llama la atención de nuestros niños.

Puede que nadie recuerde la afluencia de estudiantes palestinos y musulmanes a nuestras Universidades, pero yo si me acuerdo, y hace unas décadas estaban absolutamente integrados a la sociedad occidental. Nadie podía suponer que eran musulmanes devotos, ni mezquitas, ni carne sacrificada según las leyes del Corán, ni atuendo reivindicativo de pertenecer a otra cultura. Venían a educarse, hoy vienen a educarnos, según las normas del libro sagrado. Cada día aumenta su deseo de destacar en la diferencia de la corrupta moral de occidente. Ya sé que no son buenas las generalizaciones. Todos conocemos al frutero de la esquina y simpatizamos con él, sea del país que sea. Pero cuando entras y escuchas la cadena musulmana sintonizada en la tienda, no puedes evitar un cierto escalofrió por toda la espalda. No hacen nada malo, simplemente, difunden por las ondas su mensaje, ese que no entendemos y que simplificado consiste en denigrar a la cultura occidental y a sus mujeres.

Pues nada, yo ya estoy vacunada, el diálogo que impone una vestimenta específica y unas normas concretas, que destacan del resto de la realidad social, es un diálogo abocado al fracaso. Sencillamente se trata de aprovecharse en la cara de la tolerancia de nuestras democracias, mientras va haciendo camino su totalitarismo de pensamiento único. Un camino cuya meta no esconden, la proclaman en sus visitas a otros países, como ha sido el caso de Gadafi, el líder libio rodeado de amazonas conversas que son paseadas por todos sus viajes desafiando con la mirada y con los hechos al resto de países.

Naturalmente el dios mercado es mucho más importante que la conciencia, por eso ningún líder europeo envía a su casa a Gadafi y se niega a recibirle. Eso sería descortesía, pero lo que él hace tiene otro nombre que ellos callan, mientras inclinan su cabeza al recibir al presidente libio. Y es el mismísimo Berlusconi quien se inclina para negociar acuerdos bilaterales tragándose de paso las excentricidades del que algunos han considerado un perturbado con todas las características de la megalomanía.

Por supuesto estoy a favor de la libertad religiosa, y no me molestan las reuniones interreligiosas que fomentan la buena convivencia. Pero no estoy ciega, el aumento del peso islamista en nuestra sociedad, es un buen vivero de choque cultural, sólo necesitan unos cuantos años más, para que gobiernen en nuestras alcaldías y muestren su talante. El cambio de actitud es básico, ya no interesa la cultura occidental con todos sus avances, ahora prima imponer la visión única del Corán, son ellos los que quieren exportar sus leyes a toda Europa. Y resulta vergonzosa la caída de hombros de nuestros políticos. Como es obvio, la llamada prensa libre, esconde esas declaraciones de Gadafi a sus lectores

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Acerca de Carmen Bellver

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