Resumen del Congreso de Teólogos Juan XXIII

Con los recelos propios del carácter mediterráneo he brindado por ese futuro AVE de Madrid-Valencia que se prevé inaugurar en diciembre de este año. No quiero poner fecha por motivos obvios, aunque los titulares hablan del 15 de diciembre, lo que me resulta extraordinario. Es sabido que la capacidad de cumplir con lo previsto no entra en los planes de Zapatero pero sí del Ministerio de Fomento, ahí queda eso. El caso es que a una hora y media de la capital de España ya no me voy a perder ningún Congreso de Teólogos de la Juan XXIII. Voy a dar cuenta de sus lustrosas calvas y sus pelambreras plateadas; contaré las tocas con los dedos, pero por fin dejaré de leer crónicas dispares o que alguien refiera el aquelarre de eucaristía que relata Religión en Libertad. Espero que todavía se encuentre con nosotros Jon Sobrino, que anda delicado de salud. Y confío que el agua de Aguerri esté ya plenamente depurada; libre de yugos extraños nadie será capaz de poner en duda sus propiedades. Todo esto con objeto de librarme de las dudas cartesianas que los diferentes periodistas nos producen con sus crónicas.

Son muchos años de leer sobre este Congreso que se retroalimenta gracias a la red. Sus incondicionales forman un nutrido grupo de disidentes eclesiales que quieren seguir siendo fieles al Evangelio e inmisericordes con la jerarquía. Porque al parecer los buenos son unos y los malos el resto, especialmente si llevan mitra. Nacidos en 1980 llevan repitiéndose como el ajo desde entonces, cada año vuelven a reunirse loando a quienes se lleva la parca y adhiriéndose a cualquier sospechoso de la Congregación de la Doctrina de la Fe. Y una queda cariacontecida por esa especie de lucha dialéctica entre lo que ellos proclaman como Verdad incuestionable, con un dogmatismo propio de la Santa Inquisición. Porque eso sí, la fiesta multicolor y el aire hippie han quedado demodé, y ahora se lleva lo alternativo, el pasquín feminista y ecológico.
Puestos a elegir entre los puristas de la tradición y sus demoledores críticos, tomo las de Villadiego. Que no es eso oye, que no se enteran. Las asambleas con roscones rozan el sacrilegio o caen plenamente en él. Por mucho que se empeñen en emular la última cena, hay siglos de tradición y todo está milimetrado. Y claro, convertir una misa en una merendola de colegas, no es lo más apropiado para dar culto a Dios. Pero es que eso a lo mejor no entra dentro de sus cánones. Porque la matraca de los pobres les persigue de manera obsesiva y hacen colecta a la mayor gloria de los pringaos del tercer mundo, mientras ellos continúan en sus cátedras pontificando al aforo. Es evidente que no atraen nada más que a unos cuantos despistados que a los dos años tienen ya bastante para el resto. Sin embargo el púlpito mediático está bien asegurado. Porque hay que vender una iglesia pobre y una iglesia jerárquica e inquisidora. Que eso viste mucho y da como algo de pedigrí en el currículum vitae.
Pero hay algo que no falla y es la cumbre de la mística española. Ahí amigos, se derrumban las murallas y cae el sable del coronel. Una dosis de mística es indispensable para caminar por los caminos polvorientos del mundo. Eso sí que es un referente para no olvidar y recuerdo una bella poesía que regalo a los lectores, con ella yo voy al fin del mundo. ¿Y ustedes?.

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.
Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muéveme tus afrentas y tu muerte.
Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.
No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.

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Acerca de Carmen Bellver

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