Vuelven a echar porquería a la Iglesia

Estábamos todavía bajo los efluvios de esa luna de miel que Benedicto XVI ha producido en su viaje al Reino Unido. Analistas británicos reconocían que el Papa había ganado el aprecio de la ciudadanía, conmovida por la humildad y la serenidad de un hombre que se ha revelado en profundidad dirigiéndose al pueblo británico. Discursos que siguen siendo analizados y de los que se sacan conclusiones comunes entre anglicanos y católicos. Luna de miel por tanto histórica, nunca había estado mejor valorado el Papado desde que Enrique VIII se constituyó en jefe de la iglesia anglicana. La iglesia católica fue perseguida y sus fieles tuvieron que esconder su condición de católicos, si querían alcanzar algún cargo oficial. Con el tiempo se van limando asperezas. En este viaje, han caído muros que se habían levantado durante años.

Y de pronto, súbitamente, surge el escándalo de la banca Vaticana. Es casi una jugada maestra que ha estado guardándose alguien bajo manga. Esto en el argot popular se llama “dar una de cal y otra de arena”. Si la imagen del Papa se ha consolidado como una fuerza moral que está dirigiéndose a todo tipo de fieles, desde musulmanes a ortodoxos, pasando ahora por los anglicanos, con discursos memorables que los analistas descifran e interpretan de manera positiva, queda claro que hay un interés evidente por derruir el prestigio moral del Vaticano.

Ha vuelto a saltar la alarma con las cuentas de la Iglesia. No basta con que el entramado financiero se audite de manera pública, sino que además se debe probar la presunción de inocencia. El escándalo funciona como resorte psicológico, hay un estudio en marcha que presupone un delito de omisión de información sobre ciertas operaciones financieras. Y mucho antes de que se cierre el caso, se airea convenientemente, provocando una condena mediática. Si esto les parece casual, deben andar mal de reflejos. Es una prueba evidente del éxito de Benedicto XVI en su viaje a Reino Unido. Una prueba que demuestra que el rearme moral de Europa solicitado en tantas ocasiones, está dando sus frutos. Son muchas y diversas las personalidades que claman contra el relativismo y el laicismo que ha hundido a la sociedad europea en una agnosia moral.

No se puede esconder a Dios. No se debe ignorar que la fe es como la savia de un tronco viejo que sólo puede ser revitalizado precisamente por ese impulso que da el buscar la verdad y la luz en un mundo sin valores. Cuando descubramos las tonterías que se están realizando, será con la perspectiva que dé el análisis histórico de los hechos. Siempre ha funcionado así en cualquier momento de crisis. Y estamos de lleno en un periodo de transición de una mentalidad a otra. La fe mantiene la savia de ese tronco que es el humanismo cristiano. Si se ahoga su fuente de alimentación, el tronco perece. Esa posibilidad es ahora más probable que nunca. Pero la voz serena de Benedicto XVI ofrece una salida, donde otros no encuentran modelos que sirvan como referencia.

La salida está en la calidad del ser humano que tiene fundamentada su vida en Dios, que no se doblega ante la comodidad de asesinar los hijos en su seno, porque así la vida es más holgada que si la economía doméstica tiene que abarcar varios retoños. Esa mentalidad lleva a la muerte a miles de niños en el mundo. Y esos niños son los ciudadanos del futuro frente al avance de otras etnias que reciben de manera gozosa los hijos que vengan. Alguien muy estimado de este blog me decía que no debemos hablar del temor de Dios. Francamente cuando se llega a corromper a la sociedad de manera que no ven el alcance de perversión moral que conlleva parte del pensamiento dominante en nuestra sociedad, es difícil convertir las llamadas de atención en un baile de palabras que omitan el pecado de nuestros labios. Pero es que el pecado existe y clama al cielo. Alguien está abriendo los ojos a una sociedad anestesiada y han lanzado los perros para que esa voz sea silenciada. Qué mejor manera que hablando de los pecados de la Iglesia. En esta batalla entre los hijos de la luz y los de las tinieblas, conviene saber de qué lado nos inclinamos. Que sea siempre el de Jesucristo

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Acerca de Carmen Bellver

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