¿Podemos hacer una huelga general?

La respuesta es sí. Todos podemos conseguir una huelga general que no esté en la agenda de los sindicatos. Esos que han pactado con el gobierno el pellizco que descontarán de las nóminas de los funcionaros. Esos mismos funcionarios a quienes se les invita a la huelga para demostrar que los sindicatos de clase tienen poder. Lo terrible es que esa huelga no la pueden hacer en la construcción, ni en la industria, ni el comercio. Porque es evidente que quien se mueve no sale en la foto. Y eso nos lleva a la segunda consideración. Hacer una huelga a los sindicatos, dejando la afiliación por los suelos. Y volviendo a los gremios, a la verdadera solidaridad sin incursiones sibilinas y oscuras de los zelotes del poder.

¿Es afortunada la huelga?. Depende, si va contra el gobierno, lo es por muchos motivos. Principalmente por mentir con descaro. Si es contra los empresarios que deben batirse con la misma crisis en condiciones tan precarias como los trabajadores, entonces la huelga es nefasta. Ahora bien, si la huelga es contra las entidades financieras, yo me apunto. Esas mismas entidades que han puesto al borde del precipicio al país, con su mercadeo sin ética.

Pues eso es lo que digo, que la huelga es un recurso necesario para demostrar que algunos derechos no pueden ser pisoteados, porque han costado sangre, sudor y lágrimas. Me refiero al derecho a un estado social justo y equitativo, donde también se premie a quien más se esfuerza, no a quien más medra por el poder. Yo no sé cómo lo ven ustedes pero a una se le pone un nudo en la garganta cuando ve revolver en la basura a muchos indigentes durante todas las noches. Un nudo en la garganta cuando encuentra en los cajeros un cuerpo cubierto por cartones. Y me recuerda la miseria del siglo XIX, cuando vemos que las parroquias se ven en la obligación de abrir un economato para mantener a los miles de indigentes excluidos del sistema. Esos que no puede mantener el Estado y que acuden a las Cáritas locales.

Y qué quieren que les digan. Es superior la caridad a la justicia, pero no nos olvidemos que la justicia entra de lleno en el plan de Dios. Hoy mismo el Evangelio nos habla del rico Epulón que se olvida de Lázaro tullido a su puerta, abandonado peor que los perros, que al menos comían de las migajas. Podemos razonar que el pecado de omisión al auxilio de nuestros hermanos se paga con la condenación eterna. Sí, eso que no parece apropiado nombrar, el infierno donde se consumen aquellos que viven carcomidos por su egoísmo. La parábola de Lázaro no deja lugar a dudas. Quienes se olvidan de sus hermanos, no necesariamente los ricos, tienen un futuro alejado de la bondad de Dios. Y digo no necesariamente los ricos, porque también hay gente que sabe sacar partido a sus talentos, y hace fructificar las ayudas hacia los demás.

No podemos juzgar a nadie por su apariencia. Pero sí podemos condenar al sistema que excluye de la dignidad a miles de seres humanos. De eso no podemos olvidarnos. No me pregunten cómo se arregla la crisis. No tengo ninguna receta mágica, de momento la familia es el primer caído en combate. Allí dentro se reparte todo para auxiliar al que ha quedado apeado del sistema, sin subsidio de ninguna clase.

La verdad es que cuando está todo tan turbio, rezar no es una pérdida de tiempo. Es reconocer que no tenemos soluciones inmediatas y pedimos ayuda para saber interpretar qué debemos hacer y hacia dónde debemos dirigirnos. Lo que no parece recomendable es volver la vista al pasado, donde se fracasó no caben segundas alternativas. En ese sentido la doctrina social de la Iglesia nos permite ser innovadores. Tal vez esos economatos de bajos precios, se conviertan en una manera de interpelar a la sociedad del bienestar que se niega a apretarse el cinturón.

Yo me apuntaría a una huelga contra el gobierno. Pero me fastidia que sea a favor de mantener las cosas maquillando un poco el paisaje. Sin embargo no dejo de soñar con una huelga sin los sindicatos. Propongo que sus señorías del Congreso se hagan el café con leche ellos solitos el día 29. Pueden pedir ayuda a los liberados sindicales. Una buena pitada a todos los haraganes de los corredores del poder y que se oiga bien fuerte

Acerca de Carmen Bellver

Colabora en los medios de comunicación aportando su visión desde el humanismo cristiano
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Una respuesta a ¿Podemos hacer una huelga general?

  1. NingúnOtro dijo:

    ¿A dos días de la huelga general… podríamos lanzar una consigna que visualizara que la huelga no es de UGT y CCOO, ni siquiera de los otros, sino del pueblo?No hay tiempo para repartir máscaras "V de Vendetta", pero aquí en Hispanistán podemos ser más castizos, tenemos tradición propia… el Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha.Llamemos la iniciativa "Quijote Cabalga", y demosle un vistoso distintivo casero, menos diarréico para los antidisturbios que la máscara de V, el famosísimo cubrecabezas del citado hidalgo. Todo el mundo puede fabricarse el propio con un trozo de cartón, pues solo es un círculo al que se le recorta otro para poder encasquetar la cabeza, y medio otro que interrumpe la circunferencia exterior.Establezcamos la marca de la casa "Quijote Cabalga" como denominación de origen para apoyar cualquier otra iniciativa que nos plazca después del 29-S, para darle la continuidad a la acción que los sindicatos mayoritarios no van a querer sostener tras "cumplir" con la mínima frente a sus amos.¡Quijote Cabalga!Ladran, luego cabalgamos.

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