Esta huelga es una farsa histórica, el sistema hace aguas

Es muy difícil que quienes hemos sido educados en la fe cristiana y en la solidaridad no veamos la necesidad de protestar por cómo está la situación. Conocemos de primera mano la pobreza que recorre los economatos parroquiales; cooperamos con la asistente social y nos mantenemos en contacto con las zonas marginales. No queremos que existan injusticias, ni que los ricos atesoren a costa de aumentar más y más la pobreza a nuestro alrededor. En ese sentido todos estamos a favor de la huelga, queremos hacer llegar nuestra protesta al gobierno. Sin embargo, los que hemos conocido la evolución de la democracia estos últimos treinta años, hemos vivido huelgas generales y situaciones caóticas que parecían ser insalvables. Crisis económicas desde la década de los setenta, se han sucedido con regularidad. Y siempre hemos deseado un reparto más justo y equitativo de las riquezas. Tuvimos una época que parecía haber llegado a la sociedad del bienestar.

Ese reparto tenía que venir de las arcas del Estado recolectado en la parte proporcional de los Impuestos que todos estamos obligados a pagar. En el caso de los asalariados ese pago es inmediato. En el de los empresarios va en varias partidas, llámese Impuesto de Sociedades, o como quiera ahora denominarse. Que muchas cosas van cambiando de nombre pero son los mismos perros con diferentes collares. Hacienda somos todos, decía un eslogan a principios de los ochenta. Yo propongo que los sindicatos dejen de ser aliados de los partidos políticos, que sean capaces de una independencia clara. Hoy estamos asistiendo al compadreo pactado entre quienes van a recortar los derechos de aquellos a quienes defienden en sus programas cuando vienen las elecciones. Son partidos que se denominan obreros y perjudican al obrero.

Lo mismo sucede con los sindicatos. Su representación es meramente testimonial, son la comparsa títere de los partidos. No pueden obviar una huelga cuando se están recortando derechos históricos, pero serán capaces de pactar cualquier cosa por seguir estando donde están. La verdad, ese contubernio da un poco de asco. Especialmente si has vivido como surgió de nuevo el sindicalismo en este país. El partido socialista obrero español ha traicionado a los obreros, a España y al socialismo. Es un mero paripé que depende de los bancos, poderes fácticos en activo capaces de provocar crisis insalvables en una nación.

Estoy a favor de una protesta sonada a los sindicatos y al gobierno. Una protesta a todos los diputados del Congreso de izquierdas a derecha. Protesta clara hacia los organismos financieros internacionales que permiten los paraísos fiscales. Esas contradicciones entre la justicia distributiva y la riqueza especulativa deberían estar reguladas. De la misma manera que se persigue a un delincuente por la Interpol en todos los países del mundo, los especuladores financieros tendrían que tener una regulación que no les permitiese jugar con la economía de un país.

Pero la codicia es muy fuerte. Por eso Europa se está desindustrializando y los países emergentes son sometidos a la sobre explotación de sus trabajadores. De esa manera podemos importar bienes a precios de saldos. Y nadie se cuestiona que ir a un determinado comercio supone hacer juego a un sistema injusto. Tampoco se cuestiona que ese dumping económico está arruinando a nuestra clase empresarial. De manera que todos somos corresponsables. Y es que el dios Mamón es un fiero león que somete y corrompe a la humanidad.

Sin embargo debemos exigir a nuestros gobernantes que trabajen y no hagan tanto teatro. Porque cuando les vemos en la pantalla del televisor nos sonrojamos al escuchar sus múltiples mentiras. Hay un verdadero interés por demostrar que los sindicatos son quienes pueden negociar las condiciones de los trabajadores. Pero llevan años bajándose el pantalón. Así que menos lobos. Piensen en soluciones y dejen de hacer teatro. Esta huelga es una farsa, histórica, pero farsa.

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Acerca de Carmen Bellver

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