Dejémonos de condonadas absurdas. El Papa no admiten el condón

Este podría ser el titular dominante de los medios tras las declaraciones efectuadas este fin de semana, en las que el Papa admitía el uso del condón como mal menor en determinados supuestos, concretamente en el caso de las prostitutas. Lo cierto es que la declaración no supone una puerta que se abre, sino más bien la matización frente a las graves acusaciones de asesino que recibió el Pontífice tras su visita a África, donde reivindicó la abstinencia para controlar el SIDA. Abstinencia que ahora, unida al condón, vendría a ratificar las medidas adoptadas desde el principio de la pandemia por las autoridades sanitarias. Y también, por qué no decirlo, por aquellos religiosos que conviven diariamente con esa lacra.

La Iglesia choca con la moralidad pan sexualista que lleva décadas perpetuándose en la sociedad. El goce es una reivindicación natural que todas las parejas desean para sus relaciones íntimas. Ser unos agoreros en materia sexual, convierte a los mitrados en aguafiestas permanentes de la sociedad. Pero nadie discute que el abuso en la comida produce un empacho y es perjudicial para la salud. De la misma manera hay adictos al sexo que lo utilizan como medio para satisfacer su ansiedad, o para sentir cierto dominio sobre otro. En cuestiones de alcoba la Iglesia lo tiene claro. El sexo sólo tiene cabida en el matrimonio. Pero el afecto se puede medir de muchas maneras y no está precisamente sólo en la cama.

Lo evidente es que cuando la mujer ha conseguido la plena igualdad con el varón en materia sexual mediante el uso de anticonceptivos, éstos han sido rechazados por la Iglesia. La maternidad responsable es posible sin hacer uso de métodos no acordes con la moral de la Iglesia, pero eso no parece contentar a la población. Insisto que el sexo es un medio de goce mutuo pero también de dominio. No es por tanto baladí que se ciña exclusivamente al acto conyugal. Por eso llama la atención que los medios hayan tomado por los pelos una declaración sacándola fuera de contexto. El condón previene de enfermedades y en ese sentido su uso es obligatorio para todas las profesionales del sexo. Pero el acto sexual sigue siendo considerado una afrenta a la dignidad de la persona que ha sido usada y utiliza como un objeto. Sirva esto como ejemplo cuando ambos caen en la misma afición.

Creo que la sociedad está anestesiada por las imágenes del celuloide y la televisión. Eso unido al acceso a métodos anticonceptivos ha facilitado la promiscuidad y también la infidelidad. Supongo que no tiene importancia para la mayoría de la gente, pero es fundamental en las relaciones entre creyentes. Porque nuestra fe nos impide utilizar a los demás para satisfacer nuestras necesidades. Igual que nos prohíbe el hurto o el asesinato, advierte sobre la banalidad de los actos que se recogen en el sexto mandamiento.

Qué quieren que les diga. Hay una droga a la que muchos se hacen adictos, su función es la que es. Y algunos desearían que sus pulsiones adquirieran categoría moral. Pero como sabemos, no es así. Por eso consideramos que los tocamientos a niños son actos pederastas y se catalogan como delito para proteger al menor. La seducción ha sido analizada por la literatura a lo largo de toda la historia de la humanidad. Usar el sexo como arma de guerra forma parte de la instrucción de ciertos agentes al servicio del país.
No hay nada más viejo que el sexo. Y parece que es lo que anima las reuniones y los chistes que nos vamos trasmitiendo unos a otros. Pero no olvidemos que se trata de algo más que un cuerpo, nosotros somos duales, materia y espíritu. El daño que se puede hacer a una persona por utilizarla como un objeto es la mejor explicación que podemos ofrecer para dar a entender por qué la Iglesia considera que es pecado el acto sexual fuera del matrimonio. Y como puede llegar a serlo dentro del mismo, si utilizamos al ser que decimos amar.

Pues nada, excepto para los psicólogos que claman por una educación sexual donde la masturbación se escenifique en las aulas, el resto seguiremos considerando que hay cosas naturales y otras que se salen por la tangente. Así que dejémonos de condonadas absurdas. Lo que ha dicho el Papa no rectifica ni un milímetro su posición anterior

Acerca de Carmen Bellver

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