Vargas Llosa el Nobel eclipsado por Liu Xiaobo

La vida cotidiana nos deja a todos faltos de visión con perspectiva. Sólo los años parecen devolver el tiempo pasado a un lugar en la historia. Pero hay momentos que sabes o intuyes que son trascendentales, que después las cosas ya no volverán a ser como antes. La revuelta de los controladores en España y las revelaciones de Wikilearks han precipitado una cadena de reacciones que silencian otros hechos. Así le ha sucedido al premio Nobel Vargas Llosa, eclipsado por la ausencia del Nobel de la Paz, Liu Xiaobo, encarcelado por el régimen de Pekín. Y perdido también entre el maremágnum informativo de los papeles diplomáticos que se han escurrido hacia la opinión pública.

Cabe decir que me gusta el talante europeo de Vargas Llosa. Aunque haya disfrutado más con otros escritores, he leído alguna de sus obras más representativas. Y sobre todo le he seguido en los artículos sobre la actualidad, en los que se vuelca con una lucidez envidiable. Tiene olfato político y literario, ambos han salido a relucir en su discurso en la Fundación Noruega. Con una brillante sencillez salpicada de dosis bien medidas de su propia biografía, Vargas Llosa ha defendido una vez más, la supremacía de la democracia frente a las tentaciones totalitarias de cualquier signo. Lo hace alguien que coqueteó con el marxismo en su juventud, hasta alejarse paulatinamente de esa fiebre autista que la izquierda europea sufrió durante décadas con el régimen castrista, por mencionar uno en concreto.

En su discurso recorre las lecturas que más le han impactado y los escritores de quienes ha ido bebiendo su maestría, hasta convertirse él mismo en un maestro de la pluma. Todo ello sin olvidar los grandes acontecimientos de la última mitad del siglo XX de los que ha sido testigo de primera mano. La sinceridad no siempre es oportuna, puede que te haga perder amigos, lo fueron en su momento Gabriel García Márquez, para dejar paso a décadas de frías relaciones por sus diferencias políticas. Pero como bien explica Vargas Llosa la literatura también permite establecer lazos con todo tipo de gente. La pasión de escribir es una puerta de escape hacia otra forma de estar en el mundo. Escribir es una manera de vivir y de entender la vida, de interpretarla a través de las palabras y de servir de puente para miles de personas.

Nada más acertado que la descripción realizada por la Academia Noruega al calificar su obra: es distinguido “por su cartografía de las estructuras del poder y sus mordaces imágenes sobre la resistencia, la revuelta y la derrota individual”. Y ahí está para demostrarlo su último libro, “El sueño del celta” (Alfaguara), desvelando la violencia contra los recolectores de caucho en el Amazonas. Su narrativa siempre ha estado conectada al boom latinoamericano, La ciudad y los perros (1962), La casa verde (1965) o Conversación en La Catedral (1969) son tres de sus obras más significativas de aquellos años pletóricos de creatividad. Recuerdo también “Los jefes, los cachorros”, una colección de cuentos y un relato, escrito entre la conclusión de “La casa verde” y el inicio de “Conversaciones en la catedral”. Todos ellos forman parte de la historia de esa generación de escritores que tanto lustre ha dado al idioma de Cervantes.

Lo más significativo de estas obras es la cuidadosa técnica narrativa, donde importa más cómo se cuenta que lo que se cuenta. Así ha ido construyendo su obra Vargas Llosa, enamorado de las estructuras pluridimensionales que nos permiten acceder a los puntos de vista individuales.De su polifacética participación en la sociedad consta su candidatura a la presidencia de su país, momento de ofuscación que hubiera dado al traste con una de las voces más personales de la literatura hispanoamericana. Pero muestra, en cambio, su pasión por la vida, su corresponsabilidad con la sociedad y esa gota de idealismo que forma parte de cualquier enamorado del arte. Ha confesado que no sabe vivir sin escribir, de manera que todavía podemos esperar obras de este académico de la lengua española que tiene en su haber toda una colección de premios prestigiosos.

Acerca de Carmen Bellver

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