Menos hipocresía señores

Estamos viviendo una crisis que deja un reguero de críticas hacia el consumismo irracional. Empezamos con la cesta de la compra, lo más inmediato, cabe pedir austeridad y capacidad para compartir algo de lo nuestro con los más desfavorecidos. Esto se hace a pie de calle, por utilizar el nombre de ese nuevo semanario madrileño que se aleja de la política de salón. A pie de calle vemos la campaña kilo en cada parroquia: un kilo de amor, por cada kilo que puedas traer, sean lentejas, alubias o garbanzos. Más kilos de amor por un litro de leche y otro de aceite. Total que a pie de calle la Iglesia que somos todos los bautizados, vamos regando con generosidad el vino bueno del amor.

Pero hete aquí, que un año más, se aproxima la misa de las familias, donde se prepara a los fieles para manifestar nuestra fe con una gran eucaristía a la que se invita a todas las familias cristianas. La fecha no es la más apropiada, en invierno la meteorología puede ser muy aviesa para las grandes concentraciones. Pero la Iglesia, todos los años celebra el día de la Sagrada Familia, y lo hace en estas fechas. De manera que la celebración queda justificada pese al frio invernal. Queda también presente la histórica cita con el Papa que saludará a los participantes mediante la televisión. No es casual que Benedicto XVI pusiera su pie en España para celebrar la Sagrada Familia. Y que tras aquella visita la Conferencia Episcopal renueve cada año la cita que tiene vocación europea. Pero los de siempre, se parecen mucho a Judas cuando le decía al Maestro que el dinero del frasco de perfume derramado en sus pies hubiera servido para dar de comer a muchos pobres. Pues algo así, tan rastrero por el grado de hipocresía que conlleva, es lo que podremos escuchar tras la nueva convocatoria.

Los titulares no hablan de reforzar la familia, de vivir la comunidad de bienes y de afectos con vocación cristiana. Lo que reflejan esos titulares es aquello que puede deslucir el evento: sea dinero u otra cosa. Y ante prestarse a la difusión del macro evento, o zaherir de alguna manera su insensatez, prefieren lo último. Luego están los incondicionales de siempre, aquellos que desean una iglesia a pie de calle, invisible, como la que yo refería al inicio. Abominan de cualquier manifestación de la fe que no sea la del oratorio de tu casa. Y precisamente ellos, tan alejados de estos eventos tendrían motivos para apoyarlos. No fuera a ser que de tan invisibles quedemos borrados del mapa. La caridad fraterna también habla de la solidaridad de las acciones. No basta con llenar la boca de los indigentes, hay que inyectarles esperanza y para eso la comunión de los fieles es una receta que no falla.

La próxima misa de las familias, que tendrá lugar el dos de enero, no es una manifestación. Sino la unión de las familias cristianas que convocadas por sus pastores deciden orar en común. Y a eso tenemos derecho por ley. No es ningún pulso al laicismo, sino más bien un aldabonazo a la conciencia de la sociedad del aborto e el infanticidio permanente. Los testimonios de las familias numerosas que aprenden a compartirlo todo, son una muestra de que los valores de la ley natural, benefician a toda la sociedad. Y que se puede vivir con menos si se sabe compartir. No es necesario educar ingenieros, vale más educar buenas personas aunque no sean ingenieros.

No se puede sostener el estado de bienestar si no hay relevo generacional. Y no puede haber relevo si no hay políticas favorables a la familia. Pero aunque esto no se diga, basta ver las caras de esas familias a pie de calle que pese al frío invernal se concentrarán en la plaza de Colón. Es un tema que toca directamente a toda la sociedad, por eso vale la pena hacerlo visible y también apoyarlo, aunque no nos sintamos cómodos en los eventos multitudinarios, no podemos quedar indiferentes ante la oración común. Vale la pena dar testimonio y hacerlo con alegría sin cicateras insinuaciones sobre los costes. No puede ser que el dinero donado por los fieles se mida igual que el dinero sustraído a los contribuyentes para subvenciones contrarias a su fe. Lo digo porque hay otras manifestaciones públicas, menos favorables a la familia, que son sufragadas por las arcas municipales. ¡Menos hipocresía señores!.

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Acerca de Carmen Bellver

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