Villancicos y jamón, con permiso de Alá

Un año más hemos cantado villancicos felicitando la Navidad a todo el personal, antes de despedirnos. Pero no se crean que este hecho carece de importancia, en una población inmigrante con tantos credos como iglesias o minaretes puedan imaginar, había que estar prevenidos por si aparecía una denuncia. Para nosotros forma parte de la idiosincrasia de estas fechas, además tenemos una asignatura de música que permite dar a conocer villancicos de diferentes comunidades. A los niños mahometanos no les han impedido que canten, algo es algo. Después de la denuncia a un profesor por nombrar el jamón en clase, una tiene que estar prevenida. De manera que supone cierto atrevimiento sortear el laicismo imperante y los imponderables de las diferentes creencias religiosas. Por fortuna el sentido común funciona entre nuestros escolares y sus respectivos padres.

Hemos traído villancicos de países hispanos del otro lado del charco. Es bueno esto de la interculturalidad. Ahora conocemos qué se canta en Bolivia o Ecuador, sin olvidar las diferentes regiones de España tan ricas en su folklore. Cuando funciona la armonía todos somos felices. Y al llegar la época del ramadán el alumno puede explicar a sus compañeros la celebración, incluso traer algún plato precocinado desde casa. Eso nos enriquece, lo malo es cuando asoma la intolerancia de algún tipo. A mí lo del jamón me ha parecido una soberana tontería, pero imagino que al profesor denunciado se le habrá indigestado el manjar tras el incidente. Y eso que los comedores son escrupulosos con la dieta, evitando la carne de cerdo para estos escolares.

Puestos a pensar en que algunos vienen de fuera para ofenderse por nuestras costumbres, propongo siempre la ley de la reciprocidad. Si a usted no le gusta lo que comemos o cantamos no hace falta que permanezca en esta tierra, puede regresar por donde vino que nadie se lo impedirá. Lo malo es azuzar el rencor o el supuesto agravio comparativo, o la necedad elevada a la última potencia. Los niños suelen respetar a todo el mundo, salvo que les enciendan en casa mediante consignas xenófobas de cualquier tipo. Y eso es lo que sucedió con el escolar del jamón. Que llegó al paroxismo del absurdo. Una vez conseguido que en los comedores escolares no les den manjares porcinos, pretenden que se suprima la palabra jamón del vocabulario de un país que exporta pata negra a todos los continentes. Hay que ser un poco merluzo y tener pocas luces, para confundir la parte por el todo.

La gente se ha escandalizado y además les sale la vena patriótica. Hay que defender los productos de la tierra. Y enseñar al joven y a sus progenitores que ser un merluzo marroquí es lo mismo que ser un merluzo autóctono. Tonterías las justas. Aquí respetamos las diversas confesiones pero entre su credo y la legislación española hay un común denominador. No es de recibo que se considere una blasfemia o un atentado contra la fe, el que otro nombre un producto de la tierra.

Sin embargo es evidente que el color de la calle, la luz de los escaparates, la música de los anuncios televisivos, les debe producir un cortocircuito a estos adoradores del Corán. Afortunadamente los talibanes están lejos, pero no deja de ser sintomático que algunos asomen la patita con malos modos. Tendremos que blindar nuestras costumbres con algún acuerdo del Consejo Escolar para que la tradición no se pierda sino que vaya enriqueciéndose con las aportaciones de todas las culturas que forman la comunidad escolar.

Más pronto o más tarde tendrán su canal televisivo o sintonizarán directamente con Dubái. La técnica avanza que es un primor. Lo ideal sería que todos aprendiésemos a convivir conociendo la riqueza cultural que nos rodea, sin prejuzgarla, con tolerancia. Guardando espacios propios donde nadie se moleste por como vestimos, comemos o rezamos. No me negarán que una cesta de navidad sin jamón desluce bastante. Tendremos que avisar para que no se ofendan si les toca en la rifa. No vaya usted a la tienda que regala un jamón, no sea que Alá se le enfade

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Acerca de Carmen Bellver

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