El libro polémico de Pagola: "Jesús una aproximación histórica"

Navidad también es tiempo de lecturas. Libros como el de la entrevista del Papa, Luz del mundo, nos permiten comprobar que se malinterpretaron sus palabras sobre el preservativo. Y libros como “Jesús una aproximación histórica” de Pagola, nos corroboran que la lucha entre quienes humanizan a Jesús y quienes lo divinizan no encuentra cauces adecuados. Hay una cierta dicotomía entre ambas pulsiones que viene siendo utilizada por partidarios de una u otra tendencia. Pagola nos acerca a la Palestina del siglo I y analiza la sociedad de la época de Jesús. Una sociedad que se parece mucho a la actual. Cierto que hay diferencias, no pueden ser iguales los problemas de una sociedad prácticamente agrícola y de pastoreo, que la tecnificada urbe de nuestros tiempos. Pero allá dentro los humanos no nos diferenciamos mucho. Las aspiraciones vienen a ser las mismas, los problemas de convivencia también.

En ese sentido es libro es un acierto. Presenta la sociedad palestina y su relación con la cultura romana y el mundo griego. Y descubrimos que Jesús no era un pueblerino por mucho que viviese en una pequeña aldea insignificante. Ese es el acierto de Pagola y de sus fuentes que vuelca en el libro con naturalidad y nos pone al alcance datos que no están en los Evangelios. Tenemos muy pocas referencias de la vida de Jesús, excepto las recogidas en los cuatro Evangelios. Y este libro viene a colmar nuestras curiosidades por saber cuál era la vida cotidiana de un judío del siglo I en la Palestina ocupada por la potencia militar y política de su época. Analiza con detalle las características de aquella sociedad. Algo que no podemos encontrar en una simple lectura del Evangelio. Interpreta las palabras de Jesús, sus parábolas, sus imágenes, están analizadas según la época histórica y el sentido que tenían en su tiempo.

El estilo es fluido, claro, lo que permite una lectura fácil, pero esconde ciertas apostillas muy propias de una teología que se empeña en trasformar la sociedad. Y en ese sentido chirria con el Jesús hijo de Dios que la Iglesia sacraliza, porque nos presenta a un personaje utópico que tiene una visión del Reino de Dios en constante fermento. Para Pagola el Reino de Dios ya está aquí, vino con Jesús de Nazaret y permanecerá hasta el final de los tiempos. Datos que pueden chirriar a las altas jerarquías y la ortodoxia del personaje, hay unos cuantos. Eso no debe suponer ningún problema, porque el libro es una mirada de Pagola, queda claro que este Jesús, se corresponde con el estudio que hace Pagola sobre los documentos que recogen la presencia del Nazareno y sus andanzas en tiempos de Poncio Pilato.

Lo bueno de la obra es que nos hace creíble el personaje en su condición humana. Sin renunciar a ninguna de las partes del Credo que conocemos. No es necesario, después de diseccionar la sociedad judía de su época, está claro de parte de quién estaba Jesús y por qué fue llevado a la cruz. Queda más difuminada la parte de Salvación que trae consigo Jesús, la parte de Redención, la parte de divinidad. La historia analiza hechos, intenta explicar acontecimientos. No es un libro piadoso, ni hace crecer en la fe. Pero sacia la curiosidad de quienes desconocen las fuentes históricas de la época. Y se postula hacia una determinada teología que tiende a quedarse a ras de suelo.

La virtud de esta obra es que acerca el personaje a quienes no creen en Él como Hijo de Dios. En ese sentido puede ser un libro adecuado para regalar a un incrédulo, un ateo, un agnóstico, que no ha profundizado en las bases de su increencia. Para un tibio puede ser motivo de acercamiento a la fe. Para un creyente es bastante prescindible, salvo en el apartado que justifica el proyecto, es decir en la aproximación histórica. Si tuviera que catalogarlo dentro de la ortodoxia, sólo le pediría a Pagola que cambiase el título, bastaría con rubricar “El Jesús en quien yo creo”. Entonces podemos neutralizar cualquier influencia negativa. En realidad el equívoco viene de quienes leen el Jesús de Pagola como si estuvieran leyendo el Evangelio. Y hay puntos que no sólo se alejan del mismo sino que se enfrentan, con tiento pero sin concesiones.

Hay que agradecer la honestidad de Pagola por presentar su fe, tras numerosas lecturas y estudios, tras años de vivencia personal. Y eso se debe respetar, porque ahí sí está el fermento del Reino de Dios que se realiza de una manera personal en cada uno de nosotros. A mi juicio no creo que exista ningún motivo para el barullo que este libro ha suscitado en los medios de comunicación. Y ya está tardando una nota clarificadora que deje zanjado este tema que tantas molestias están ocasionando al autor y a quienes confían en él.

Acerca de Carmen Bellver

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