Monseñor Reig, le han pitado penalti porque les ha colado un gol

Monseñor Reig se ha lanzado al ruedo con unas declaraciones explosivas. Tanto es así que ha obligado a movilizar a todas las cabezas pensantes afines al “zetapacerismo”. Las perlas han ido saliendo a relucir y no vean lo hermosas que son. Tamayo, opina que el sistema patriarcal del matrimonio católico es el mal endémico de esta sociedad. No se le exige pruebas ni estadísticas, es su respuesta a monseñor Reig por atreverse a afirmar que la violencia de género afecta más a las parejas de hecho que a los matrimonios canónicos. Otros prefieren relatar las angustias de las mujeres sometidas al varón y resignadas por su confesor a permanecer en un infierno. Pero eso son datos históricos, no de actualidad. Los que yo recibo de primera mano me informan que cada vez son menos los matrimonios realizados en la Iglesia. Exponencialmente y pese a las leyes sobre la violencia de género, ésta no disminuye, sino que aumenta las luctuosas cifras de asesinatos periódicos. Y hay datos que afirman que se dan más entre quienes no se casan por la Iglesia. Si quieren decir que estas estadísticas no son ciertas, tendrán que probarlo.

El sentido común afirma que esta violencia de género ni tiene religión, ni color, afecta indistintamente a todas las capas de la sociedad. Ahora bien, si monseñor Reig tiene datos y los saca a relucir, se lanza la contraofensiva con las voces pensantes de la disidencia. Miren ustedes, pregunten a las mujeres, y dejen de hablar por boca de otros. Es cierto que la fe disminuye la violencia doméstica. En un matrimonio fundamentado en el amor, no se puede nadie imaginar que quepa ningún acto infame. Pero ese edén sólo existe en un número muy reducido e insignificante. La mayor parte de la sociedad tiene que sufrir las condiciones de los encontronazos que toda convivencia conlleva. Y ya saben ustedes “la mate porque era mía”. No se puede afirmar que el feminismo sea la lacra del abuso porque eso sería un retroceso para toda la sociedad. Más bien, lo que sucede es que se da un machismo herido en su orgullo que no puede soportar estar en igualdad de condiciones con su pareja.

Los divorcios aumentan, los matrimonios canónicos disminuyen, las parejas de hecho se deshacen. Las cifras de la violencia no disminuyen y no sólo afectan a mujeres, seamos sinceros, también los hombres sufren violencia. Hay maneras y maneras de relacionarse en pareja que conllevan una presión psicológica propia del maltrato. Y en esa tesitura existen todas las variantes imaginables. El maltrato existe incluso en el trabajo. Así que el tema da mucho de sí y no puede resumirse en una frase de portada. Aunque esto es lo que ha buscado monseñor Reig, tal vez espoleado por la proximidad de la misa de las familias que se celebrará el día 2 de enero. No se descarta que se quiera presentar la fe como reducto donde la familia goza de perfecta salud. Es una propuesta a la que me adhiero, creo que la fe en Jesús resuelve muchos problemas y conflictos, se busca amar y hacer feliz al otro, no amargarle la existencia con imposiciones injustas.

Con sinceridad, creo que monseñor Reig ha cumplido con su obligación, al presentar la fe como propuesta de una sociedad más sana y menos quebrada. Les guste o no les guste, los abortos se dan en familias con escasa formación religiosa; los divorcios forman parte de esa sociedad del amor rota por la inmadurez de la pareja; naturalmente podemos afirmar que esas condiciones también forman parte de las personas religiosas. Sí, pero menos. Y los datos están ahí para corroborarlo. Si no les gusta, no es necesario hacer el ridículo sacando del arcón los amigos dispuestos a echar un capote. Yo estoy en contra de las voces que culpan al feminismo de los problemas actuales, pero estaré siempre a favor de postular la fe como garantía de armonía en la familia. La educación religiosa no es un corsé que nos impide expresarnos u opinar, pero sí nos protege de comportamientos egoístas y faltos de amor. Lo lleva el ADN de Jesucristo con el que nos marcan desde el nacimiento. Siempre y cuando sigamos alimentando el crecimiento y la formación en la persona de Jesús.

Lo siento, Bastante, Pikaza, Castillo, Tamayo, Vidal. Monseñor Reig les ha colado un gol y ahora quieren pitar penalti, pero lo hemos visto todos. La fe en Jesucristo evita el maltrato. Aunque hay mucho maltratador de misa diaria, claro que sí, pero menos que en la otra barricada donde el egoísmo forma parte del comportamiento diario. Y esto no quiere decir que yo bendiga todo lo que se le ocurra decir a monseñor Reig. Pero, nobleza obliga

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