Monseñores: no se equivoquen

Hoy tendrá lugar en la plaza de Colón la celebración de las Familias. Un cita que parece tener vocación de perpetuarse y también de propagarse con mayor o menos énfasis en las respectivas diócesis. La Sagrada Familia se celebra en los días de la Navidad y es motivo junto con los Santos Inocentes de una nueva visión de contenido muy particular. Hoy los Santos Inocentes sirven para orar por las víctimas de los abortos que sufren un incremento paulatino con una frivolidad que roza lo vergonzoso. La legalización de la píldora del día después expedida sin receta ni justificación moral, muestra el carácter inequívoco de la corrupción social en la que estamos inmersos. La Iglesia toma las riendas para mostrar que otro camino es posible.

Espero que sepan conducir esta convocatoria dentro de lo religioso, sin concesiones a la ideología barata de cuño fundamentalista. Si no lo hacen, fracasarán en su empeño por liderar una regeneración moral de la sociedad. En estos momentos, ya no existe un dominio de conciencias por parte de la Iglesia, pero persiste la manipulación de la ingeniería social y alguien debe defender a las víctimas de esta deleznable caída por la pendiente. Propongo que el acto no se polarice por ningún movimiento de la Iglesia. Deben ser las respectivas diócesis las que tomen interés en fomentar la oración por la familia sin caer en análisis simplistas o en reductos ideológicos de cuño peligroso.

A nadie se le escapa que hay un incremento de laicos pertenecientes a comunidades de nuevo cuño. Estas comunidades no pueden pretender monopolizar los actos de la Familia, está bien que participen, pero la Iglesia es mucho más plural que estos grupos, por muy bien organizados y dirigidos que se encuentren. No podemos asociar la misa por las Familias como un evento en el que se bendiga la familia numerosa, abierta a la procreación, sin tener en cuenta las características de la sociedad actual. Lo quieran o no, la mujer no puede ser exclusivamente una madre abnegada y dedicada en especial al cuidado de la prole. Si esa es la imagen que se quiere exportar al mundo, la Iglesia chocará con una realidad que no tiene vuelta de hoja. La mujer no se realiza exclusivamente en el hogar, y no tener en cuenta esos datos muestra una ceguera impropia de personas inteligentes.

Todos queremos orar por las familias, todos consideramos el matrimonio una iglesia doméstica. Pero no todos compartimos el modelo familiar de los kikos. Y no se puede pretender que éste sea el modelo familiar del próximo siglo XXI. A la mujer le ha costado mucho llegar donde está. No siempre ha sido comprendida. Se debe proteger a la familia, pero también promocionar ayudas para que el matrimonio tenga cobertura social y económica por parte de los respectivos gobiernos. Hasta ahora las políticas que este país está sacando van precisamente por el lado opuesto. El aborto, la píldora del día después, la educación para la ciudanía, el divorcio exprés son cuñas que socavan los fundamentos de la institución más valorada por la sociedad.

La familia lo es todo, así lo ha entendido la sociedad a lo largo de la historia. Roguemos por ella y pidamos que se la proteja, pero no intentemos cambiar el curso de la historia con políticas de sesgo contrario. Si el modelo patriarcal es el que desea la Iglesia para cualquier familia, ésta tiene muy poco futuro. En la medida que se pueda trabajar por reforzar la institución con escuelas de padres, cursillos de empresa, periodos de excedencia para el cuidado de la prole, medidas favorecedoras de la estabilidad familiar y conciliadoras con el trabajo, estaremos en la línea de lo que está demandando la sociedad. Y ante ellas la Iglesia puede ser el aliado adecuado, porque tiene una considerable red de profesionales que pueden servir para otro modelo de sociedad, más justo y más humano, sin renunciar a las políticas de igualdad, que no necesariamente deben enfrentar los sexos sino ayudar a su complementariedad.

Esperemos que los monseñores acierten en su homilía y sus gestos. Alejándose de sectarismos o enfrentamientos vanos, buscando la reconciliación de la sociedad y lo que une y sirve para construir, no para dividir. Si logran que los medios trasmitan esa lectura, habrán ganado la batalla. Por el contrario, si dejan que se les clasifique como fundamentalistas religiosos dispuestos a boicotear el feminismo, perderán a la mujer que es precisamente la base que hoy sostiene la mayor parte de iglesias. La pelota está en su tejado monseñores. No se equivoquen

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Acerca de Carmen Bellver

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