Esa Iglesia de mis entrañas

Estamos asistiendo a un tour de forcé entre dos manera de sentir y ser cristianos. Se refleja en la blogosfera, que en un intervalo relativamente corto ha visto nacer una eclosión de blogs con matiz religioso; bien sea de teología, de actualidad de la vida de la Iglesia, o de opinión. El caso es que hay mucho y muy bueno donde elegir. Ya vivimos en este portal la secesión de un grupo que deseaba mantenerse fiel a la Iglesia, ajeno a las veleidades reformistas que algunos teólogos apoyan en este portal. Esa dinámica permanece como una espada de Damocles y el fenómeno se refleja en toda la blogosfera. La Croix.com, portal religioso francés, hace mención de la cantidad de bloggers católicos que están dispuestos a opinar en la red, hasta insinuar que su federación constituye un lobby al que se debe estar atentos.

Constato ese mismo criterio para España, donde incluso los nacionalistas han lanzado una plataforma propia de temática religiosa. En ese sentido Religión en libertad o Infocatólica, representan una tendencia concreta que nada tiene que ver con Religión Digital, cuyo portal admite otros credos e incluso ateos confesos que no tienen otra finalidad que zaherir las religiones con especial saña la católica, tal vez porque les queda más cerca. Si a esto unimos que Protestante Digital se consolida en la blogosfera, y que el Islam tiene su propio espacio en la red, es significativo el interés por lo trascendente en una sociedad cuyo síntoma general es el indiferentismo. Al parecer el velo que ocultaba la fe ha desaparecido. Hoy el peligro consiste en teclear la palabra religión y acceder a cualquier cosa, sin un mínimo criterio de rigor.

Es el precio de la globalización, acceso rápido y bueno, pero con necesidad de seguir algunas señales para no caer despistados en manos de cualquier secta o gurú de moda. Lo que sí se observa es una mayor presencia de laicos comprometidos con los medios de comunicación, dispuestos a dar razón de su fe. Sin embargo, el impacto de la red trae consigo ciertos peligros, la manipulación de opinión hacia un sector determinado. Y así podemos asistir en el gran teatro del mundo, como ha sido entregado un doctorado honoris causa a Hans Kung, quien no tiene reparo en afirmar que no cree en la Iglesia. Si observamos como ha sido reflejada la noticia en los diversos medios, caeremos en la cuenta de esa pulsión entre dos fuerzas opuestas: los renovadores y los conservadores, los heterodoxos y los ortodoxos. Afortunadamente por encima de esas dos tensiones se sitúa la Iglesia en cuyo seno se viven realidades diversas.

Hoy mismo El País publica que Benedicto XVI, en su juventud, solicitó junto a otros teólogos la revisión del celibato. Una no sabe hasta qué punto se distorsionan las noticias para llevar a la opinión pública el sentir general de que la Iglesia está disociada de la realidad social. Pero es constatable el periódico goteo de casos que hacen parecer anacrónica toda la plataforma del Vaticano. Hay grupos concretos con nombres y apellidos que se dedican periódicamente a ensuciar la prensa con las ideas más peregrinas sobre la doctrina católica. Y existe una nutrida representación elevada a la categoría de mitos, venerados por una corte de aduladores, que sólo tienen por objeto desacreditar a la Iglesia y lo que ella representa.

Resulta curioso el deseo de tantos fieles por aniquilar a la Iglesia tal y como se encuentra en la actualidad. Por disolver la doctrina que dicen profesar, a su manera, es decir de modo completamente diferente a como se entiende por el Magisterio de la Iglesia. Cabe añadir que se acusa a los fieles de ser incapaces de pensar por sí mismos. Y se considera brillante a cualquier pluma que fustigue sin piedad a la jerarquía, que es la bestia negra de todo este asunto. Afortunadamente, la realidad de la Iglesia es mucho más sana y fructífera, aunque esté eclipsada por ese pulso que los renovadores mantienen en los medios más anticatólicos de todo el país. Y que por otra parte, los conservadores también parecen acometer, con especial saña por denunciar las herejías que la Iglesia consiente entre sus hijos.

Si esa fuerza fuera encauzada para predicar el Evangelio y no las cuatro ideas que puntualmente se airean en los medios, ganaríamos mucho más. Pero parece que no es posible sustraerse a los enemigos de la Iglesia, dispuestos a pactar la disolución de la misma, afirmando al mismo tiempo amar a Jesucristo. Y es que hay amores que matan

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Acerca de Carmen Bellver

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2 respuestas a Esa Iglesia de mis entrañas

  1. JLSamper dijo:

    Buen resumen de la realidad eclesial. Tal vez Dios quiera con todo ello purificarnos y obligarnos a atender más a su Hijo y a su cuerpo, que es la Iglesia. Es tiempo de oración, de vivir la fe y presentarla con sencillez.Le felicito por su blog.

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