La revolución de los pobres

Se ha abierto la caja de Pandora en Túnez y Egipto. Las revueltas continúan y las piezas van moviéndose en el tablero. La esperanza de cambiar las dictaduras o teocracias por democracias es una posibilidad que muchos añoran. Pero el temor de una radicalización del islamismo hacia cortes más fundamentalistas, también es una realidad, mucho más potente por cuanto se ha dado tanto en Irán como en Irak. Y no podemos dejar de lado los intereses en la zona, las balanzas comerciales no están para ajetreos cuando se está inmerso en una crisis mundial. El silencio de los países democráticos es bastante cauteloso y eso aumenta el riesgo de una radicalización. Pero es que cada uno parece ir a lo suyo, incapaz de controlar la crisis económica que se trasmuta en crisis política. Estamos asistiendo de nuevo a una revuelta que tiene visos de cambiar el panorama geopolítico de la zona.

Tal vez debieran tomar nota del peligro de enfrentarse a motines del populacho, harto de corrupciones y francachelas entre la clase política gobernante. Nuestro flamante presidente está protegido de estas algaradas por las apariencias que cubren su gobierno de presunta democracia. Pero la realidad es que con más de cuatro millones de parados y subiendo los precios al mismo tiempo que se congelan los salarios, el país puede explotar en revueltas como las que se están viviendo en Egipto. El contagio global es hoy más posible que nunca debido a la rapidez con la que circulan las noticias. Tenemos al Rey de Jordania cesando a su gobierno y convocando reformas, atemorizado por cómo va desarrollándose el efecto dominó. Si vemos caer gobiernos tras las asonadas del pueblo que se lanza en masa a la calle, podemos estar en el principio de unas revueltas que sólo demuestran el hartazgo ante la corrupción y la miseria que tiene un límite de no retorno.

La gente quiere pan y trabajo, y cuando se le niega, sale a buscarlo en otro lugar; o termina por salir a la calle. El baño de sangre no siempre funciona, especialmente cuando todos los estamentos de la sociedad están afectados por la crisis. Y eso es lo que está sucediendo en Túnez y Egipto, las consecuencias de varias décadas exportando mano de obra mediante la emigración llega a un punto límite que es cuando suceden las revoluciones y los derrocamientos de gobiernos.

Ahora parece que nos toca a nosotros volver a emigran. Alemania ofrece a España puestos de trabajo de mano de obra cualificada. Se nos va la créeme de la investigación y tecnología. ¿Hacia dónde puede ir un país que no es capaz de invertir en mano de obra cualificada?. Especialmente cuando ya sabemos que el mercado asiático está ahora emergiendo como competidor capaz de hundir la balanza comercial de cualquier país. No podemos mantener una balanza económica en el sector de servicios y comercio, cuando nos llegan productos a menor precio. El dumping económico es un crack.

Hemos entrado en el siglo XXI y se están redefiniendo las fuerzas estratégicas dominantes. La única baza que tiene Occidente es mantener la industria cualificada, por eso la formación es tan importante, y no parece que el nivel educativo del país pueda considerarse de primer orden. De manera que los pasos avanzados durante los últimos treinta años parecen ahora desmoronarse como un castillo de naipes. Los felices años veinte de principios del siglo pasado, dejaron paso a la gran depresión. El reflejo de la historia se vuelve a repetir; aunque tal vez estemos condenados a vivir entre cantos de sirena y crisis recurrentes. Tal vez el sistema ha dado de sí todo lo que podía dar y ya no vale. Las medias adoptadas por nuestra calamidad nacional, demuestran una política de privatizaciones y ajustes que sólo sangran las clases medias y que no ayudan a las más necesitadas. Ese estado calamitoso de grandes riquezas personales influyendo con sus políticas a los gobiernos, puede que funcione durante un tiempo, pero se adivina su triste final. La deuda externa de un país no puede ser igual que las riquezas esquilmadas por sus gobernantes.

Naturalmente nadie se inquieta por algo que sucede tan lejos, allá en Oriente las cosas no parece que nos vayan a afectar, pero la realidad es que hoy todo es global, incluso los gobiernos, de manera que podemos estar asistiendo al parto de lo que será un nuevo orden social. A mí sólo se me ocurre pedir a los grandes que dejen de menospreciar a los débiles, esa lección nos la ha enseñado la historia a lo largo de años. Las revoluciones surgen en las épocas de crisis. Y ahora estamos inmersos en una

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Acerca de Carmen Bellver

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