La ideología de género y las mujeres nazarenas

El arzobispo de Sevilla ha marcado un tanto muy positivo. Ha roto la barrera del temor a la ideología de género al conceder que haya mujeres costaleras en Semana Santa. Desconozco en parte cómo funcionan las cofradías, pero es obvio que nada impide a una mujer ser cofrade si su deseo y su piedad son acordes a la Iglesia. Es estúpido mantener segregaciones en base a una tradición que no se corresponde con la idiosincrasia de la sociedad actual. Pero no crean que me hubiera sorprendido que la Iglesia mantuviese una segregación por motivos de género. Afortunadamente ni el anterior arzobispo de Sevilla monseñor Amigo, ni el actual, Juan José Asenjo, han caído en el agujero negro de la llamada razón histórica. Esa que impide acceder a otros puestos a las mujeres dentro de la Iglesia. El sentido común ha sido suficiente para que tras algunas solicitudes se hayan dado los pasos necesarios para que las mujeres puedan ser también nazarenas de aquellas cofradías donde sus estatutos impedían hasta ahora, la participación de la mujer.

La sociedad está muy marcada por los derechos de la mujer, en apenas un siglo de reivindicaciones se ha conseguido una revolución feminista, cambiando drásticamente el papel de la mujer. De procreadora y ama de casa ha dado paso al doblete, sin renunciar a la familia, reivindica su derecho a ejercer un papel en la sociedad que no sea exclusivamente el de la maternidad. Es un derecho noble que había sido sustraído de la realidad social. Porque lo cierto es que mujeres rompedoras siempre las ha habido en la historia, pero se necesitaba el acceso a la educación para que dejasen por fin de vivir supeditadas a un papel de mera comparsa.

Cierto que algunas leyes como el aborto, merecen reprobación por la banalidad con la que se sitúa al ser más débil de la sociedad, incluso sustrayéndole el calificativo de persona, para dejarlo en mero apéndice cuya extracción obedece al carácter arbitrario de la embarazada. El caso de la disminución alarmante de sujetos con disminuciones psíquicas, ha supuesto la eliminación de muchos seres a los que se les ha negado el derecho a existir. Pero salvando esa particularidad, que obedece a una vuelta de tuerca de la sociedad laicista, lo cierto es que el sentir mayoritario de la sociedad admite la participación de la mujer en todos los estamentos de la misma. Y en la medida que no se banalice la sexualidad, la reproducción seguirá siendo la base de la familia.

Queda por tanto anacrónico que sean excluidas de determinadas tareas en la Iglesia, y no me estoy refiriendo precisamente al sacerdocio. Si algunos prelados facilitan el camino de la mujer a puestos que se habían reservado exclusivamente al varón, estamos en la buena dirección. Lo he repetido muchas veces en el siglo XXI la Iglesia puede perder a la mujer, si continúa con la misoginia actual. Basta leer algunos artículos en determinados portales para salir disparada en dirección contraria. Es bastante deleznable que algunos utilicen la Palabra de Dios para someter sus decisiones al mal llamado “cabeza de familia”. Lo cierto es que el matrimonio actual tiene unas características diferentes a las que vivieron nuestras abuelas o bisabuelas. En principio la mujer ya tiene derecho a voto y por tanto derecho a opinión. Algo que se le había negado en base a ideas muy peregrinas.

Cierto que la revolución sexual determinó la utilización de la píldora y el derecho de la mujer a decidir cuándo deseaba ejercer la maternidad. Un tema que sigue siendo tabú en la Iglesia. Pero es que para muchas no hay vuelta atrás, se han impuesto los métodos anticonceptivos artificiales, sobre los naturales. Y mucho me temo que de la misma manera arrolladora se imponga la igualdad de derechos en todos los órdenes de la sociedad. Y ahora algunos dirán que si no estás con la Iglesia estás contra ellas. Y deberíamos añadir que no se trata de comulgar con ruedas de molino, sino de dar paso a una sociedad más fraterna y más humana. Algo que Dios con toda seguridad bendeciría. De manera que sus representantes en la Tierra harían bien en revisar y extraer todo el machismo heredado de una sociedad patriarcal, para reconducirlo hacia una sociedad más humana y fraterna. Algo que nada tiene que ver con la mal llamada ideología de género.

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Acerca de Carmen Bellver

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