¿Quién tiene menos escrúpulos?

rightEste año Manos Unidas lanza una nueva Campaña, centrada en el cuarto Objetivo del Milenio, relativo a reducir la mortalidad infantil. Según estimaciones de varias organizaciones, cada minuto 9 niños mueren por razones relacionadas con la desnutrición, el hambre y la pobreza. Parece que convivimos con una lacra difícil de erradicar. Aunque hace diez años, 189 Estados se comprometieron en la consecución de brillantes Objetivos, que sin embargo parecen más lejanos que nunca.Cuando entramos en una crisis, reducimos gastos, ajustamos presupuesto, y esperamos el tiempo de bonanza. Seguimos la bíblica imagen de años de hambruna y años de prosperidad. Pues bien, ahora han llegado las vacas flacas y las ONG se ven desbordadas ante una realidad catastrófica que no parece disminuir. Sería el momento de ajustar cuentas con aquellos individuos que hacen de la miseria un negocio redondo. Porque parece que nos estamos acostumbrando a poner parches. Y de la miseria de algunos países hay responsables.

Hoy me han rechazado la colaboración de 3 € para una cena benéfica, la cena del hambre que todos los años se celebra a favor de Manos Unidas. Un bocadillo con sal y aceite, más una naranja, son el complemento para sentirnos solidarios con los que menos tienen. Pues bien, la persona que ha rechazado dar ese donativo alega que el dinero no llega a manos de quienes lo necesitan. Así, con un par. De manera que prefiere una cena con amigos de 20 o 30 €, antes que aflojar el bolsillo con un donativo.

Resulta espantosa la valoración moral que se hacen de estos hechos. Cada uno es libre para creer o dejar de creer que el dinero se utiliza para buenos fines; no duden que están las auditorias de las grandes ONG que se ponen a disposición de sus afiliados y colaboradores. Podemos sospechar que hay picaresca, por eso se suele aconsejar que nuestras ayudas se deriven hacia organizaciones que merecen credibilidad. De otras deberemos huir, especialmente si no tienen una ubicación visible. Incluso en el caso de conocer la sede, sospechemos de aquellas organizaciones que no tienen el respaldo de una congregación religiosa o de la propia Iglesia. Y por favor, no estoy excluyendo a esas organizaciones como Cruz Roja que llevan siglos en la frontera de todos los conflictos.

Pero bueno, es obvio que si queremos blindar nuestro corazón justificando la tacañería y la insolidaridad, encontraremos miles de motivos para ello. Los creyentes siempre nos encomendamos a Dios, quien tiene la última palabra para juzgar las causas y las consecuencias de nuestras omisiones. Porque se trata de negar el auxilio a los demás, sospechando de paso de todo y de todos. Tal vez hemos sabido de algún caso, también conocemos como las ayudas de los diferentes Estados al llegar a los países de origen caen en manos de especuladores. Es cierto, lo sabemos, ¿Nos exime eso de dar ayuda a los demás?. Por el contrario, ¿no será necesario que se establezcan filtros desde los respectivos países, para que se repartan las ayudas con equidad?. No lo sé, yo también me indigno con la desfachatez de aquellos que hacen de la caridad un negocio. La consecuencia de sus actos es la muerte de miles de personas. Y está claro que la justicia debe actuar. Pero esa posibilidad no me exime de colaborar a favor de proyectos que tienen rostro y pueden ser supervisados por los propios colaboradores de la ONG. Por favor, no nos olvidemos de los demás, a veces lo único que tienen es la esperanza de recibir ayuda de nosotros. No neguemos nuestra solidaridad. Y seamos justos, hay mucha más gente donando su vida y su tiempo, que ruines especuladores
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Hace cincuenta años Manos Unidas declaró la guerra al hambre y la pobreza. Son miles de proyectos realizados. Que podamos sentir como algo propio cada uno de esos proyectos. Y cuando haciendo turismo visitemos alguno de esos países, no dudemos en acercarnos a las zonas donde Manos Unidas gestiona dispensarios, hospitales, escuelas, construcción de pozos, construcción de viviendas y saneamiento de poblados o proyectos de promoción para la mujer.

En realidad se nos debería caer la cara de vergüenza al saber que somos unos privilegiados que disponemos de sanidad gratuita, de escolarización de nuestros hijos, de becas. Para otros, por el contrario, su futuro está en nuestras manos. Y especialmente en estos momentos de crisis, también en nuestro vecindario hay gente que reclama nuestra ayuda. No dudemos en ofrecerla, enseñemos a nuestros hijos que privarnos de un capricho para ser solidarios, es mucho más noble que negar la ayuda y seguir como si nada pasase, mirando hacia otro lado

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Acerca de Carmen Bellver

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