"La pareja de mi mamá se llama Empar"

Quieren ustedes ser crucificados por sus compañeros de trabajo. Sean honestos y admitan que discrepan del pensamiento débil, del relativismo moral que es el signo de nuestro tiempo. Vean un ejemplo: pedagogos que intervienen en la confección de libros con material de ideología progre. “La pareja de mi mamá se llama Empar”. Ahí queda eso, muy moderno, muy característico del lobby gay, hay que hacerles la cama. Por fortuna el editor censuró la frase. Y la pedagoga se indigna porque hay que enseñar a los niños la realidad plural de nuestra sociedad. ¿De verdad que a un niño de tres a doce años le tenemos que explicar que hay parejas que son dos mamás y parejas que son dos papas?. ¿Además, deberemos explicar el componente exótico para gestar con vientre de alquiler en un caso y con inseminación en el otro?. Y ante este fenómeno que se sale de lo lógico, del hilo natural de la propia especie, la gente se blinda. No se puede discrepar, ni tan siquiera razonar. Es decir, siempre, ante todo, el derecho de los gay. No importa el derecho del ser más débil, el niño que tendrá que adaptarse a unas condiciones excepcionales, robándole su derecho a tener una familia con padre y madre. Dos sexos que se complementan y cuya fusión natural permite la conservación de la especie. Le han robado un progenitor y el papel y rol que desempeña en una educación natural.

No sé ustedes pero a mí me produce pavor encender el televisor y asistir al adoctrinamiento de la sociedad, mediante multitud de series televisivas que van presentando como normal un hecho excepcional, una rareza dentro de la especie. El simpático gay tan amigo de sus amigas que desarrollan todo su instinto protector, hace furor. Lo terrible es ver cómo es imposible debatir de manera razonable sobre el tema. Nadie defiende el derecho de los niños. Tampoco se cuestiona que ese niño termine por interrogarse que es un ser especial, algo que se corresponde con un porcentaje de la población minoritario. Nadie se cuestiona que el mismo niño interrogue a su familia preguntándoles con qué derecho hicieron semejante monstruosidad. Si, ustedes me cantarán las bondades de la familia del mismo sexo, que puede llegar a ser mejor familia que muchos otros padres que cumplen los requisitos de toda la vida. Pero no dejan de sorprenderme lo escasos que van de argumentos. Porque seres abyectos los hay en todos los sexos; y padres que no merecen serlo han existido desde los albores de la humanidad. Pero esas cuestiones no invalidan la pregunta que cualquier niño o niña puede hacer a su familia de dos papás o mamás. Y la responsabilidad que tienen los poderes públicos para garantizar ciertos derechos. No precisamente los del colectivo gay, sino los de la infancia.

Y no vayan a creer, entiendo las uniones de un mismo sexo. Nunca me inmiscuyo en algo que se llama amar y que compete a quienes lo viven. No les niego su cuota de felicidad, de plenitud en la convivencia. Pero jamás apoyaré que puedan utilizar la técnica de fecundación artificial para colmar sus deseos de paternidad o maternidad. Me parece un uso amoral de la ciencia. Que nunca debería permitir que una persona soltera se dedique a procrear como familia monoparental. Y no pongan el ejemplo de que existen viudas o divorciadas, forzadas por las circunstancias a criar en soledad a sus hijos, en este último caso no se les roba la paternidad a los niños, porque la figura existe aunque no esté presente. Mientras que en los experimentos con gaseosa que van saliendo al aire, el niño irá por la calle preguntándose que cualquiera puede ser su padre, sin saber a ciencia cierta si lo es. Se impone la cordura en este tema y no la liviandad.

Por cierto, el día que tenga en tutoría de padres a dos mamás o dos papás, procuraré ser lo más amable posible y desde luego al niño no le diré que su situación es anormal. Ya pueden estar tranquilos. El que no piense como la mayoría abducida por el pensamiento gay, no quiere decir que carezca de sensibilidad y tacto. Sólo quiero manifestar mi derecho a discrepar con los experimentos para saciar frustraciones personales.

Tiene usted derecho a ser el mejor tío del mundo, el mejor colega de juegos, el mejor amigo, pero no el padre de ninguna criatura. Es una cuestión que ha dirimido la propia naturaleza y hacer ahora que la ciencia esté a disposición de cualquier capricho es un delito moral del que la sociedad deberá dar cuenta en algún momento. Cuando se pierde el respeto a la propia naturaleza se corre el peligro de caer en un pozo terrorífico. Si hoy permanecemos callados ante estos hechos, mañana careceremos de argumentos para negar la clonación de seres humanos. Es un decir, porque siempre existirá alguien reclamando su derecho por muy peregrino que éste sea.

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Acerca de Carmen Bellver

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