Que no, monseñores, a otro perro con ese hueso

Que no, que nos empeñamos en resolver los problemas del mundo y no es eso. Desde que Dios nos puso en la Tierra hemos estado peleándonos por solucionar todos los problemas. Ya nos dijo que seríamos como dioses y nos lo hemos creído. Las naciones son gobernadas con gruesos trazos. Que si economía, que sí industria, que sí empleo. Total que en el gobierno de un país casi no cuenta todo lo que es importante para Dios. El cariño, el cuidado hacia el otro, la paciencia, el no dar por perdido a nadie. Esas menudencias no son importantes para nuestros políticos. Ellos resuelven su papeleta con medidas POLÍTICAS, así en mayúscula. Y claro caemos en errores de bulto que sólo el paso del tiempo se atreve a solucionar. Por eso desde que la mujer consiguió el voto por vez primera, ha llovido bastante. Y de relegarla en labores de pertrecho durante décadas, ha pasado a liderar trincheras por cuota. Y mira por donde caemos en la discriminación positiva. Y es que seguimos dando bandazos de un lado al otro.

Total que ahora cuando llega el momento de celebrar el día de la mujer, tenemos que recordar que la fecha conmemora una tropelía, guardamos memoria de unas mujeres reivindicativas que fueron encerradas y quemadas vivas. De esa manera tan desordenada parece construirse el futuro. A fuerza de golpes, de tiras y aflojas. Y en eso estamos también en nuestra Santa Iglesia, pidiendo que la mujer tenga pleno derecho. Porque servicio, lo que se dice servicio, lleva con el mismo durante más de dos mil años. No hay parroquia que funcione sin la ayuda de las mujeres. Hacen de todo, desde limpiar la iglesia a dar catequesis, o ser ministras extraordinarias de la comunión, o formar grupos de matrimonios. Lo hacen todo, menos celebrar y perdonar los pecados de manera oficial, porque en retaguardia son ellas las mejores confidentes, por encima de sus párrocos.

Y cuando vamos a conmemorat el día de la mujer, le pedimos a la Iglesia que también sean mujeres las que puedan elegir al Papa y a sus obispos, que haya al menos una voz femenina que equilibre la balanza. No es pedir mucho. Esos santos varones fueron hijos antes que cardenales u obispos. Han recibido la fe desde la cuna. También son conscientes de que la sociedad ha cambiado tanto que las mujeres no pueden quedarse en el furgón de cola. Por mucho que se empeñen en hablar de la ideología de género, lo principal es abrir puertas que han estado cerradas durante siglos en el gobierno de la Iglesia. Aunque ya sabemos que hubo santas capaces de influir en la sociedad de su tiempo. Y todo eso está muy bien, pero la realidad es la que es.

Ellos dirán que no, que no se las discrimina. Sin embargo tienen la llave de sus conciencias, con lo que eso supone. Siglos de sumisión retrógrada, tratándolas como menores de edad. Y no, eso ya no cuela. Se les va a desmontar el tinglado por justicia. Porque Jesús quería tanto a las mujeres que tuvo el detalle de resucitar apareciéndose primero a una mujer. Y bien que han obviado el tema, cargándole el pecado a sus espaldas. Una imagen distorsionada de María Magdalena que la teología feminista está poniendo en su lugar.

¿Y por qué narices necesitamos una teología feminista?. Es lo mismo que hablar de una teología indígena, una manera de reconocer que algo se ha hecho mal durante cierto tiempo. O no, más bien admitir que es la misma evolución de la sociedad la que pone en su lugar cada cosa. Necesitábamos una sociedad del bienestar para que la mujer pudiera reclamar un puesto en la sociedad en igualdad de condiciones. ¿Cómo iba nuestra abuela a pedir semejante cosa, cuando el sólo hecho de llevar la casa le suponía estar todo el día entre fogones?. Tuvieron que llegar la revolución industrial y el acceso a las fábricas y dos guerras mundiales para que la mujer se incorporara al mundo laboral. Se tuvo que luchar por la sociedad del bienestar para que la educación fuera universal y los derechos básicos se convirtieran en moneda común. Así que la Iglesia, tras dos mil años, tendrá que revisar también sus estructuras, porque no tiene sentido que siga fomentando una sociedad patriarcal. Las jóvenes se les escapan y con ellas la educación de los hijos. O se espabilan o Dios no lo quiera, las mujeres serán las más acérrimas anticlericales del mundo. Y con razón.

Lo siento monseñores, no hay más ideología que la del patriarcado a lo largo de miles de años. Es hora de reconocer que Dios quiso libres tanto al hombre como a la mujer. Si van a basarse en la costilla de Adán para reafirmar la sumisión de la mujer al varón, lo tienen espesito. A otro perro con ese hueso

Anuncios

Acerca de Carmen Bellver

Colabora en los medios de comunicación aportando su visión desde el humanismo cristiano
Esta entrada fue publicada en Feminismo. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s