Nuevo manifiesto laicista, y van….

La “performance” en la capilla de la Complutense de Somosaguas y su posterior acto de desagravio han provocado una oleada de repulsas y adhesiones. Una vez más queda patente la manipulación de ciertos grupos. Tras el suceso un total de 157 profesores de distintas universidades han firmado un manifiesto por la laicidad. Hablan de los supuestos privilegios de la Iglesia católica y eluden el tema principal que es la aconfesionalidad del Estado, por tanto equivocan, una vez más, los términos. Deberían promover un debate sobre el derecho a tener lugares de culto allá donde se consideren oportunos. Un repaso por las universidades europeas daría lugar a menos visceralidad. La religión tiene que estar presente en la vida pública y en los lugares donde se estime oportuno por parte de los creyentes. Es deber del Estado garantizar la libertad de culto. De manera que esos profesores hacen de nuevo de portavoces de un radicalismo que no conviene a la sociedad.

Lo lógico en una universidad es propiciar el debate, pero nunca la agresión a nadie. En el caso de la capilla de la Complutense no hay justificación posible. Se irrumpió sin autorización, eso lo deben tener claro los profesores universitarios que quieren utilizar el tema para cargar tintas contra la Iglesia. Por favor, el laicismo agresivo debería saber que la libertad consiste en no avasallar al que piensa de modo diferente, sino en respetar su derecho a esa diferencia. Basta ya del manido laicismo en la Universidad, la religión forma parte de la cultura y querer borrarla es tanto como censurar parte de nuestra historia. Es un hecho inaudito que ningún librepensador se permitiría.

Cierto que la juventud tiene el riesgo de dejarse llevar por un apasionamiento poco razonable. Sin embargo, la condescendencia de sus educadores es peligrosa cuando se cae en la permisividad. Nunca se debe considerar libertad de expresión, escribir en los lavabos y paredes de ningún lugar de estudio por donde se pase. Y esa misma actitud debería ser la norma de todos los estudiantes de cualquier centro. Queda fuera de lugar que para expresarnos tengamos que cargar tintas contra el patrimonio del Estado, convirtiendo sus paredes en la expresión del mal gusto. Pasear por un centro de cultura como es la Universidad debería mostrar la excelencia de la educación y no el vandalismo y la provocación de cuatro exaltados.

Sin embargo todos recordamos en nuestros tiempos de estudiantes, aquellos grupos que polarizaban la opinión general con consignas extremistas. Quede claro que la libertad de expresión no es lo mismo que la irrupción en cualquier parte de la Universidad, sin permiso y de malos modos. Si esto no lo sabe valorar un rector y su profesorado, no puede extrañarnos que todo el recinto Universitario esté dominado por los más extremistas e irracionales. Lo siento, pero el debate no debería ser Universidad sin capillas religiosas. Lo principal sería que el respeto a la libertad de cultos estuviera presente en el diálogo y las conversaciones de cualquier grupo de pensamiento. Enseñar el respeto si forma parte de los deberes del profesorado, ese mismo profesorado que utiliza los hechos de Somosaguas para lanzar sus manifiestos laicistas. Una verdadera vergüenza que convierte en manipuladores a sus firmantes. Porque la laicidad de la Universidad está fuera de cuestión, nadie más que la misma Universidad recoge los proyectos de estudio con total libertad, sin injerencia de ninguna confesión religiosa. Así que menos lobos.

Tampoco es comprensible que acusen a los medios de comunicación de realizar una campaña mediática contra los estudiantes, mucho menos que defiendan las movilizaciones de los universitarios como una tradición democrática y comprometida que no debe perderse. Lo que es un delito jamás se debe justificar, ni minimizar.La educación consiste en hacer responsables de sus actos a los alumnos. En este caso, un grupo de ellos se abalanzó contra un lugar de culto, que es lo mismo que ocupar cualquier recinto privado sin permiso. Actos reivindicativos pueden realizarse todos los que se quieran, pero no de esa manera, y ustedes señores profesores son conscientes de ello y en cambio lo disculpan. Así de mal andamos.

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Acerca de Carmen Bellver

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